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Demostrada la vigencia de la Fiesta en el siglo XXI
Ahora toca modernizar el negocio taurino
Una vez demostrada la vigencia de la Tauromaquia –nuestra primera industria cultural-- en el siglo XXI, gracias al reciente trabajo del profesor Medina, que tanto debe tranquilizar al aficionado, habría que pensar si hoy no es el momento más adecuado para proceder a modernizar la globalidad del negocio taurino, que sigue anclado en muchos usos más que pasados de moda. Se trata de actualizar el régimen de gestión y de los dineros, de todos, también de los aficionados; de modernizar los propios sistemas de marketing y promoción, que están lejos de lo óptimo; de dotar de mayor agilidad al espectáculo, suprimiendo tantos tiempos muertos que sólo añaden premiosidad; de dotar, en fin, de unos mínimos de confortabilidad a los recintos taurinos, entre otras parcelas de trabajo.
Actualizado 9 abril 2016  
Antonio Petit Caro   
 Reconducir y racionalizar el negocio taurino, el mejor argumento frente a las prohibiciones
 A la búsqueda de un modelo de negocio y de espectáculo acorde con el siglo XXI
 Hoja de ruta hacia un futuro más cierto
 La feria de Sevilla ha sido una ruina: la inclusión de las figuras sólo aportó 170 nuevos abonados

Una vez que, gracias al buen hacer del profesor Medina, ha quedado sobradamente demostrada la viabilidad y fortaleza económica y social de la Tauromaquia en el siglo que vivimos, no sería ninguna mala cosa que los profesionales estudiaran la forma para llevar a cabo una necesaria actualización, siempre retrasadad, del negocio taurino en su conjunto, que en tantas y tantas cosas sigue anclado en los usos y costumbres del pasado,  uando ya no estamos en la era de don Indalecio Mosquera, que con "Guerrita" discutía hasta si un jamón iba a entrar o no el los emolumentos por torear en Madrid.

Cuando el espectáculo taurino tiene que competir cada día con un sinnúmero de opciones de ocio, muchas de ellas de acceso gratuito y, en cualquier caso, generalizadamente más baratas; cuando en los carteles no aparece hoy esa figura socialmente arrolladora, que suele surgir muy de vez en vez, y que tiene impacto en todos los segmentos sociales; cuando nos movemos en medio de un clima de opinión adverso, por más que sea falsamente fundamentado; cuando, en fin, en demasiadas ocasiones entre el “toro previsible” y el torero que va a lo suyo, hacen de una tarde de toros un hecho sin alicientes nuevos… Cuando todo eso se comprueba en la realidad, parece bastante evidente que algo debería hacerse para remontar la situación, ahora que aún se está a tiempo.

De cara a este año de 2016, aunque la confusión --por no decir, la animadversión, que es término muy fuerte-- siga imperando en materia taurina en demasiadas instituciones, contamos a nuestro favor con dos elementos nuevos y esperanzadores.  De un lado, las figuras han decidido permitir una mayor apertura de los carteles, apartándose de las combinaciones de a 3 en 3; de otro, en simultáneo se cuenta con un plantel de toreros nuevos, que han hecho renacer muchas esperanzas. Las combinaciones entre estos elementos, como se comprueba en la programación para Sevilla o para Madrid, permite que en los abonos haya más tardes con interés, susceptibles de ser bien vendidas.

La cuestión del marketing

Todavía de forma tímida y con unas rentabilidades aún por comprobar, algo se comienza a realizar en materia de marketing. Desde luego, la publicidad convencional se adivina como de pobres resultados. En cambio, todo indica como más oportuna acciones como aquella espectacular promoción de Zaragoza 2015, que realizó José Ramón Lozano y su empresa Teseo, por encargo de Simón Casas, el más imaginativo de los actuales organizadores. En cualquier caso, convendría valorar la realidad de los resultados de estas actuaciones.

Un ejemplo. ¿Esos miles de jóvenes que han acudido en estos días a la Maestranza sevillana para acercarse al toreo, tendrán alicientes para volver, ya de pago, a un espectáculo? ¿Los autobuses decorados, como el de Morante, que se pasea por las ciudades, en qué medida promueven la compra de localidades? ¿Gracias a sacar el toreo a las calles y plazas, como vienen haciendo no pocas figuras, se consigue una mayor asistencia a los festejos?

Hay quienes piensan que una vía adecuada radica en acercar a las gentes al toro bravo cuando está en la dehesa; lo que ocurre es que con el descubrimiento del llamado “turismo taurino” a eso se ha puesto un precio de asistencia y tal condición frena la participación. En otras ocasiones se ha probado con la fórmula de las “jornadas de puertas abiertas”, en fechas cercanas o coincidentes con un festejo.

Estas y otras actuaciones deberían ser seriamente evaluadas, tanto porque exigen de un esfuerzo económico a quien las promueve, como para saber su impacto real en los tendidos. En ese examen cabría llegar a conclusiones claras acerca de cuáles son las actuaciones de mayor rendimiento final, para que a modo de orientación puedan normalizarse en el mundo del toro. En el fondo, se vendría de esta forma a trazar el mapa de los actuales puntos fuertes y puntos débiles entre los que se mueve la asistencia a los tendido. Ya se sabe --se sabe tanto que casi ha pasado a ser un lugar común-- el efecto pernicioso que aporta ese fenómeno de la destaurinización de la sociedad española. Lamentarnos simplemente que tal ocurra, conduce a bastante poco; mejor habría que pensar qué caminos, entre los que se ha intentado y en otros campos, tenemos para romper con esa realidad.

Digno de estudio resulta, por ejemplo, el caso de Madrid, fuera de las tardes de abono. Se  ofrecen a precios muy asequibles unas decenas de espectáculos, a requerimiento del pliego de arrendamiento, pero que luego son una verdadera ruina. No funcionaron en la medida necesaria las últimas promociones que se hicieron a precios muy bajos en algunas novilladas, probablemente porque los presumibles clientes no llegaron a enterarse. En cambio, cuando hace años se comenzaron a dar las nocturnas del verano --que murieron a la vez que el Plus dejó de emitirlas en directo--, Las Ventas registraron unas grandes entradas. A lo mejor resulta que ambos casos resultaban igualmente pésimos negocios, pero qué duda cabe que la fórmula de las nocturnas llevaba a familias enteras al tendido, acercaba a la Fiesta a gentes que en otras circunstancias no habrían ido. ¿Ese darse a conocer a gentes nuevas compensaba el esfuerzo económico? Es lo que habría que pensar y documentar.

En el Congreso Internacional sobre la Tauromaquia –que tuvo mucho más contenido del que algunos le quisieron dar--, celebrado el pasado año en Albacete, José María O´Kean, catedrático de Economía Aplicada y profesor del Instituto de Empresa, presentó una ponencia novedosa, que conviene releer. Con unos planteamientos que tuvieron gran impacto, vino a explicar la necesidad de que el mundo del toro rompa su histórica trayectoria de sobrevivir, para cambiarla por una estrategia de ir a más, aplicando a las actividades taurinas otras formas de trabajar que ya son usuales en otros sectores. Especial interés contenían sus referencias al “consumidor taurino”, al que definió como  individualista e hiperrealista, que no quiere ser engañado, ante el que no se puede responder, simplemente, con un estallido de oligopolios que lo marginen. Y en otro momento, recomendó que todos se respondieran a una pregunta sencilla: ¿Cómo quiero que la gente vea la Tauromaquia?, porque de esa respuesta pueden nacer muchas ideas creativas.

La fidelización de los que ya son fieles

Junto al campo de esas ideas creativas que proponía el profesor O´Kean, se pasa de forma natural al esfuerzo necesario para incrementar en numero y en asiduidad esos miles de fieles, con los que de antemano se cuenta…, mientras no se les espante. Es lo que podríamos denominarse como “la fidelización de los que ya son fieles”, en la que no es el único camino el pequeño descuento que se ofrece a quien adquiere un paquete de entradas.

A lo largo de los dos últimos años algo se ha avanzado, como es el caso de los abonos flexibles implantados en Madrid y, desde esta temporada, en Sevilla. Pero queda por recorrer un camino inmenso y rico en oportunidades. Un ejemplo de la vida diaria: cualquier lector que compre algo por internet ya sabe que en fechas posteriores esa rmpresa le va a ir informando de todas las oportunidades que ofrezca, y da lo mismo si se trata de hamburguesas que de maletas o de billetes de transportes. Algunos cliquearan en el recuadrito correspondiente para que no le envíen mas mensajes, pero otros muchos no lo hacen. Y aunque no sea más que por comodidad, la vez siguiente en la que tienen que hacer una compra, vuelven a pinchar en la misma página. Se trata de una iniciativa fácilmente transportable a la Fiesta y de forma directa por las empresas, sin necesidad de intermediarios.

Pero si nos atenemos tan sólo a las grandes ferias, en su conjunto generan una base de abonados que superará con creces los 100.000. Resolviendo las exigencias de la Ley de Protección de Datos, ¿resulta inviable que los distintos empresarios utilicen este fondo común para que todos los aficionados de España estén al tanto de que se le ofrece en cada lugar?, ¿parece una idea completamente descabellada que en tiempo real, el empresario de Zaragoza ofrezca unas condiciones primadas --en precios, en comodidad, en lugar en la plaza-- a quien es abonado en Sevilla o en Málaga?, ¿debe entenderse como irresoluble lo que ya ocurre en el fútbol: como hoy no puedo asistir, negocio que ese día la empresa disponga de mi localidad de abono? Tecnológicamente la cuestión no encierra problema alguno, porque en el mundo de internet todo tiene ya solución; la cuestión radica en si los empresarios están dispuestos a realizar esta acción común, que al final redunda en beneficio de todos.

Modernizar el negocio

Aunque actuaciones como las anteriores suponen una cierta modernización del negocio taurino, todavía queda mucho camino por recorrer en esta materia, comenzando por la cuestión financiera. Por ejemplo: los grandes abonos se compran por adelantado, ingresando en las arcas de su empresa la cantidad correspondiente, que se encuentra así con una masa de dinero importante; pues bien, ¿como se explica que luego los toreros, o los ganaderos, afirmen que hasta muchos meses despues --incluso un año--  no se les liquiden sus honorarios? Prácticamente a ningún empresario se le oye hablar de cuál es su sistema gestión financiera, cuando la gestión de una tesorería como la que se acumula con los abonos constituye un factor estratégicamente importante para cualquier sociedad mercantil.

Otro tanto cabe plantear acerca de la transparencia y la auditoría un estudio real del estado de la Fiesta, e confianza en un negocio que s dirige a la generalidad del pEmpresa la cantidad coresíaía de las gestiones empresariales. Salvo en algunos casos, y por exigencia de contratos de arrendamiento con instituciones públicas, los resultados contrastado del negocio taurino constituyen, hoy como el siglo XIX, el secreto mejor guardado. Sin embargo, como ocurre en todas las actividades económicas, sin transparencia no puede generarse confianza en un gestor y en negocio que se dirige a la generalidad del público.  A parte de impedir que se pueda elaborar un estudio real del estado de la Fiesta, la opacidad en el siglo XXI es siempre mala compañera de viaje.

Pero en esa modernización debe contemplarse, a su vez, la racionalización del uso de los dineros en el mundo del toro. Carece de toda lógica que un ganadero tenga que vender a poco más que a precio de carne, como no tiene sentido que el número de localidades vendidas no tenga efecto, a partir de unos mínimos razonables,  en los honorarios de todos los actuantes. Para todos no debiera ser lo mismo un "No hay billetes" que una "media entrada". No en la fórmula estridentemente liberal, que suele ser injusta como todo lo que se saca de madre, pero al final habrá que ajustarse también en esto a la ley de la oferta y la demanda, que es la que rige en cualquier mercado.

En la misma línea habría que plantearse que no todos los días en una misma plaza tienen que establecerse los mismos precios a las localidades. Hace años, cuando la contabilidad dependía del las anotaciones a lápiz del administrador, era posible diferenciar precios; en nuestros días con la contabilidad informática no queda problema alguno por resolver. Pero, pese a esa ventaja tecnológica, la fórmula hoy prácticamente ha caído en desuso; como mucho se diferencia entre corrida de toros y novillada. Y esto carece de lógica económica: a mejor producto, mayor precio y viceversa.

El problema, la gran cuestión, de esta fórmula suele darse con los abonos: si se utilizara el sistema de a cada corrida ponerle el precio justo que le corresponde según su categoría, la actual rebaja que ofrecen las empresas al abonado se quedaría pequeña. Pero el empresario podría aducir, con lógica, que la mayor ganancia que obtiene por cada euro invertido en las tardes de carteles low cost --cuando media entrada deja ya beneficios, nada digamos si son tres cuartos-- viene a compensar el menor rendimiento --incluso la pérdidas-- de los días first class, incluso con “No hay billetes”, o permiten financiar los festejos ajenos al abono. Hará falta una varita mágica para cohonestar ambas cuestiones. Pero toda modernización exige de acuerdos de conveniencias.

La revisión del espectáculo y la plaza

Algunos buenos aficionados unen a esta modernización la actualización del propio espectáculo. La propuesta alarma un poco, o un bastante, cuando se hace bajo criterios de “suavizar” la integridad del espectáculo, por el falaz propósito de contentar a los proteccionistas, unos criterios que al final vienen a dar la razón en parte a las proposiciones de los que se consideran en exclusiva defensores de los animales. En el toreo hay elementos con son consustanciales con la Fiesta y para los que cualquier edulcoración no trae más que perjuicios.

Pero sin atentar contra la integridad esencial del arte del toreo, es evidente que caben medidas que agilicen el desarrollo del espectáculo --hoy con demasiados tiempos muertos--, que intensifiquen la plasticidad y la policromía de lo que se ve en el ruedo, incluso que acerquen la realidad taurina de cada momento al espectador no informado, mediante los recursos que hoy ofrecen las nuevas tecnologías.

Por otro lado, mucho queda por hacer, en la mayoría de la geografía, para que un espectáculo de lujo, a tenor de sus precios, se desarrolle en recintos con mínimo de confort para los espectadores.  Lo mismo que a nadie en su sano juicio se le ocurre hoy vender el colchón de su cama para adquirir una entrada, como ocurría a finales del XIX,  a nadie se le puede exigir que se haga asiduo de una plaza cuando tiene que estar tres horas sentado en la piedra mientras le llueve encima y con las rodillas del vecino de arriba clavadas en los riñones.

Ahora, como es momento de ciertas "vacas flacas", la remodelación en busca del confort en los tendidos es posible. Por lo pronto, porque hoy reducir en unos cientos de asientos el aforo de una plaza no causa un problema irresoluble. Al final, lo más complicado pasaría a ser que quien está abonado en la fila 5 del tendido 1, tuviera que pasar a estarlo en la fila 4 del tendido 2. Cuestión de negociarlo. En Bilbao hicieron hace unos años esta experiencia y todo resultó a satisfacción de ambas partes, con el resultado final de unos tendidos en los que da gusto estar.

Cuando las “ciencias han avanzado una barbaridad”, tanto que nuestros abuelos no podrían ni imaginarlo –creerían que son cosas de la mente disparada y mágica de Julio Verne--, no se sostiene que las tecnologías disponibles no permitan aportar su granito de arena para paliar los inconvenientes de un espectáculo que se celebra al aire libre. Ni estamos ya en tiempos de “sol y moscas”, ni para ir a los toros se exige hoy camisa de cuello almidonado, el “cuello de duro” de otras épocas.

Y como sustrato de todo esto, la gran carencia no resuelta: la cuestión mediática. Pero ese es tema de trascendencia, que mejor lo dejamos para otra nueva ocasión.

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