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En la revista "Aplausos"
Luis García Campos: "La pintura y el toreo son mis constantes vitales"
"La obra ideal no la conseguiré nunca. Cada vez me pongo un techo más alto para no llegar nunca a él. Eso es lo que me hace avanzar", había declarado García Campos hace unos años al semanario "Aplausos". Y añadió: "Una pintura buena de toros debe tener luz, color y movimiento. Es fácil decirlo pero complicado hacerlo", aseguraba el pintor. Aquella entrevista, realizada por Íñigo Crespo, reflejaba con exactitud la personalidad del pintor desaparecido. Por valor testimonial, reproducimos aquí el texto íntegro de aquel trabajo periodístico.
Actualizado 29 agosto 2011  
Iñigo Crespo, en "Aplausos"   

Toda una vida lleva Luis García Campos imaginando su toreo perfecto a través de sus pinceles. De reconocido prestigio, el artista bilbaíno sueña en cada instante ese momento especial que surge cada tarde de toros. Singular, autodidacta, un caballero. Un formidable pintor y un extraordinario aficionado.

-Dicen de usted, que es un gran pintor y un gran aficionado.

-Por lo menos lo procuro. Los toros y la pintura han sido dos constantes en mi vida, procurando mejorar cada día. Como aficionado recuerdo que empecé viendo toros en 1938 y desde entonces he acudido con regularidad. Eran años en los que si tenía dinero pagaba y si no, me colaba… Ja,ja...

-Son unos cuantos años.

-Y en mi primer festejo ya realicé mis primeros apuntes. Recuerdo que toreaban Madrileñito, Luis Díez y un alemán que no recuerdo su nombre. Al día siguiente me dediqué a reflejar en unas cuartillas mis recuerdos.

-Señal de que la pintura la ha llevado en la sangre.

-Sin duda. Con seis o siete años yo sabía quiénes eran Marcial o Domingo Ortega a través de las pinturas taurinas. De hecho uno de los cuadros más fabulosos que he visto de toros es una verónica de Victoriano de la Serna.

Es ameno. Afable. Habla con el poso que da la veteranía, que en estos casos siempre es sinónimo de sabiduría. El jueves inauguró su exposición en el Hotel Carlton de Bilbao. “Llevo 52 años seguidos exponiendo en la Semana Grande, con obras distintas y tratando de hacerlo cada año mejor. Además desde hace 26 años hago cada día los apuntes taurinos para El Correo y con anterioridad los hice desde el año 1952 para la Gaceta del Norte. Este año expongo pintura taurina y algo no taurino, también. Algún paisaje, pero en general lo que me apasiona es el toro, el campo o algún pasaje concreto de la lidia”, subraya Luis García Campos.

-¿Pintura, apunte o grabado?

-Grabado no he hecho nunca. La pintura me gusta que sea en movimiento, que refleje una figura o un paisaje, no me atrae el cartel al uso, aunque reconozco que ha habido grandes cartelistas como Roberto Domingo o Ruano. El apunte me gusta también, creo que debe hacerse rápido pero debe ser algo expresivo, que plasme la personalidad de ese torero.

-¿Cuál ha sido la base de su pintura taurina?

-El toro, sin ninguna duda. Siempre he querido mostrar la belleza del toro, porque sin toro no hay Fiesta. El toro es el gran protagonista de este espectáculo y me ha motivado poder plasmar su bravura, su manera de comportarse en el campo y también en la plaza.

-De usted se ha destacado su condición de autodidacta.

-Completamente. Estudié tres años el dibujo del yeso, porque me lo recomendaron pero la pintura la he descubierto yo mismo. Una pintura buena de toros debe tener luz, color y movimiento. Es fácil decirlo pero complicado hacerlo, muchas veces he llegado a tirar los pinceles porque no estaba pintando lo que tenía en mi mente…

-Supongo que tendría sus fuentes...

-Roberto Domingo fue mi espejo y  mi maestro, aunque él no tuvo alumnos. Me daba algún consejo, me orientaba, poco más. Es al único pintor de toros que le pongo el “Don” por delante. Le admiré mucho desde niño y con el tiempo le conocí en Madrid. Como cartelista, me ha gustado Ruano.

Nacido en Bilbao el 12 de enero de 1928, García Campos ha vivido y disfrutado de la armonía y personalidad del campo de Salamanca. Una vida entre Bilbao y la localidad de Vecinos. “Para pintar de toros tienes que saber de lo que pintas. He querido conocer de primera mano el campo y lo he logrado gracias a mi amistad con la familia Fraile o con Juan Ignacio Pérez-Tabernero. No se puede hacer una obra a través de fotografías”.

-¿Llegará a pintar su obra ideal?

-Eso no lo conseguiré nunca. Siempre me pongo un techo imaginario que cuando estoy a punto de tocarlo, me lo pongo aún más alto para no llegar nunca a él y es lo que hace que no te duermas y sigas avanzando.

-¿La pintura taurina es cuestión de inspiración?

-La inspiración tienes que ir a buscarla. Yo durante todo el año me levanto y todos los días voy al estudio. Empiezo a ver cosas por allí y enseguida surge algo para pintar… la inspiración no llega si te quedas en la cama.

-Después de tantos años, ¿siente el reconocimiento del público?

-Por supuesto. Recientemente he recibido uno que me ha hecho mucha ilusión: Socio de Honor del Club Cocherito de Bilbao, algo que tienen muy pocos, como Ordóñez, María de las Mercedes -Madre del Rey-, el Athletic Club... Un detalle como ese, compensa todo.

ENTRE CAGANCHO, PAULA Y MORANTE

La sensibilidad, el gusto y la exquisitez que lleva impregnada Luis García Campos se muestra con brillantez en su concepto de la tauromaquia. Amante de la esencia, de esa gota de fragancia capaz de dar sentido a una tarde de toros, el artista muestra predilección “por esos toreros que tienen sello, que son distintos. En mis principios recuerdo haber visto a Cagancho; he disfrutado mucho con Rafael de Paula, de quien me precio ser amigo; en la actualidad, Morante de la Puebla es el que tiene algo distinto a otros”, afirma.

No obstante, García Campos no oculta “mi admiración por los toreros. Amistad no tengo con muchos aunque me consta que muchos sí me conocen. He gozado de la amistad de Pepe Luis Vázquez, de Juan García “Mondeño”’, al que le hice una colección de apuntes, o de Julio Aparicio, padre”.

EL CUADRO DE RAFAEL EL GALLO

Con una carrera tan prolija, pedirle a García Campos que destaque algunas de sus obras puede parecer un atrevimiento por parte del periodista. Sin embargo, surge la duda y se plantea la cuestión. “Hay muchos cuadros que te planteas recuperarlos después de haberlos vendido aunque, como yo digo, el arte come todos los días y al fin y al cabo, nuestro trabajo tiene ese fin. Me acuerdo de muchos cuadros pero yo siempre recuerdo con especial cariño uno que pinté de Rafael “El Gallo”, pegando un muletazo, sentado en una silla. He querido comprarlo y no he podido. También hay otro muy representativo, de un encierro en un pueblo de Castilla y tampoco he podido recuperarlo”, admite el pintor bilbaíno, quien subraya: “económicamente no me puedo quejar. He podido vivir de mis dos pasiones, los toros y la pintura. No es poco”.

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