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PAMPLONA: Cuarta de la Feria del Toro
Los banderilleros, casi inéditos; los de Fuente Ymbro, penosos
El Fandi, disposición y poco más en Pamplona
Pamplona también ha sucumbido a la moda del cartel con diestros banderilleros. Dicho directamente: no funcionó. En primer lugar, porque los toros de Fuente Ymbro --con la excepción del noble 3º-- defraudaron por completo; una corrida mansa y sin dar juego alguno; nada que ver con anteriores tardes de éxito. Pero también porque los banderilleros tampoco tuvieron una tarde precisamente excepcional; como mucho, ramplona. Como sería la cosa, que Padilla optó --y optó bien-- por ni intentar coger los palos con el 4º. El "cartel diferente" para dar variedad al abono, se desinfló como un souflé.
Actualizado 11 julio 2017  
Redacción   
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PAMPLONA. Cuarta de la Feria del Toro. Lleno. Toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo), correctos de presentación, los tres primeros cinqueños, de mal juego. Juan José Padilla (de azul cielo y oro con cabos negros), silencio y silencio. David Fandila “El Fandi” (de azul noche y oro), silencio y ovación. Manuel Escribano (de nazareno y azabache), ovación tras un aviso y silencio.

Pamplona no se pudo sustraer a la renovada moda del cartel con tres espadas banderilleros. Aunque añoremos tiempos mejores en esta modalidad  --que la primitiva fórmula todavía no ha sido superada--, la realidad es que este tipo de cartel, con ligeras variantes, va ser como el baúl de la Piquer, siempre de feria en feria. Hasta en Bilbao lo han colocado.

Y lo cierto es que el gran público se divierte, aplaudiendo lo bueno y lo menos bueno, que es lo que suele pasar con la cosa: con tanto palitroque y tanta carrera, al final se van perdiendo los límites entre lo normal y lo mejor; en esta ocasión, hasta se aplaudió el pésimo tercio que desarrollaron con el 2º.  En la versión pamplonesa, lo mejor corrió a cargo de “El Fandi”, como en la especialidad suele ser lo habitual, aunque Escribano siempre se reserve su par en las tablas. En cualquier caso, visto lo visto, nadie se acordó del verso “…tres eran tres en el redondel….”

Sobre todo en días de desacierto, como el de esta tarde, lo que carga un poco --y prolonga la función-- son tantos ceremoniales de abrazos, saludos, cabezadas a la Presidencia y juegos varios. La sobriedad gestual también tiene su elegancia. Y lo que no está resuelto son  los tantísimos capotazos que se dan, las más de las veces inútilmente, para ponerle a cada matador el toro en suerte.

La corrida de Fuente Ymbro cumplió en presencia y destacó por delante, con pitones abiertos y ofensivos, que por cierto viene siendo lo habitual hasta la fecha en esta Feria. Echaron por delante los tres cinqueños, dejando los más voluminosos para los segundos turnos. Pero luego las cosas se alteraron: de salida, un topetazo contra un burladero dejó con un pitón partido por la cepa y hecho unos zorros al 1º, “Soplón” por nombre; en su lugar salió el primer sobrero, del mismo hierro: un castaño con mucho volumen y abierto de pitones. [Como ya resulta hasta un topico, en el decir de los taurinos "Soplón" iba a ser precisamente el de mejores embestidas... Como consuelo, vale].

En su juego, abundó lo malo, esto es: la falta de casta y bravura, cuando no el peligro manifiesto; la excepción fue la nobleza que salió a relucir con el 3º.  Blandeó y ninguneó el 1º bis ante el caballo, para acabar gazapón y a la defensiva. Humilló de salida el muy astifino 2º, irregular con los montados y para luego meterse una barbaridad por los adentros. Blandeó ya de salida el 3º, aunque luego luego sacó nobleza. Sin celo alguno y muy deslucido el 4º. Más o manejable el que hizo 5º, sin angel alguno. Y sin mayores opciones el que cerró la tarde.

Como otros años, a la presencia de Juan José Padilla las peñas respondieron con la multiplicación de las banderas piratas. Bien puede decirse que a estas orillas del Arga el jerezano juega en casa. Se lo ha ganado a pulso. Sin embargo, hoy no pudo ser. En su primer turno, un  sobrero que no regaló precisamente sus embestidas, sólo permitía tirar de oficio y despacharlo con brevedad. Pero no mejoró en condición el 4º, con el que de nuevo tuvo que renunciar al lucimiento. Con lo cual, la tarde se le fue en blanco. Y en Pamplona. Algo completamente inusual.

Con alguna concesión más benevolente y lógica dado el ambiente de la solanera, “El Fandi” dejó bien explicado cómo su manejo del capote cada vez gana más enteros, en variedad y en depuración de las formas. Con el que hizo 2º lo puso de manifiesto, sobre todo en una media excelente; en el 5º brilló sobre todo la variedad. Sin embargo, con la muleta tuvo pocas opciones, ante un toro con malas ideas que buscaba siempre al torero. Hizo lo que tocaba: abrevió y se lo quitó de en medio con eficacia. De nuevo sacó a pasear toda su veteranía con el 5º, para inventarse una faena donde poco había, que conectó bien con los tendidos. Muy Fandi, pero con formas templadas y reunidas.

Se ha escrito más de una vez. Pero ese hábito de Escribano de caminar a la búsqueda de la puerta de toriles, acaba por devaluar la fórmula para iniciar la lidia. Lo que siempre fue un gesto extraordinario, cuando se reitera tanto pierde parte de su aquel y no siempre se valora en todos sus términos debidos. Pero si al de Gerena la va bien esa marcha, pues adelante, como ocurrió en la Monumental pamplonesa, donde aguantó una barbaridad la salida dubitativa del 3º, para luego darle variedad al uso del capote; con el 6º, en cambio, tuvo que practicar el “cuerpo a tierra”, porque el fuenteymbro arrollaba.  Supo aprovechar la nobleza de su primero, en una faena variada y entusiasta, pero no por ello carente de momentos excelentes, especialmente sobre la mano izquierda. Se le atrancó la espada y todo quedó en una ovación. Con el que se decía adiós a la función, voluntad, solo voluntad, en un trasteo que nunca se vino a arriba.

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