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Cuando el toro se convierte en arte y el torero en artista
"No embiste, acompaña", titula esta imagen su autora
Lores Espinosa es una joven aficionada, nacida en Madrid en el año 1995. En la actualidad es fotógrafa artística, que publica entre otros medios del periódico cultural "RitmosXXI.com", en donde mantiene varias galerías. Suyas son las dos imágenes que ilustran este artículo.
Actualizado 13 julio 2011  
Lores Espinosa   
En el momento en el que las puertas de los toriles se abren y el toro sale a la plaza los ojos expectantes del público ven dos tipos de lidia, la primera y la más frecuente en estas fechas taurinas, es la mirada con la que califican los toros como algo sangriento y cruel; esta forma de ver toros es superficial, ya que esos ojos no son capaces de ver el arte que se esconde tras la sangre del animal. Esta mirada se contradice, ya que no quiere ver a un toro “sufrir” en la plaza y prefiere que muera en un vulgar matadero sin ninguna oportunidad de sobrevivir frente a la única posibilidad de vida que tiene el animal en la arena; si este muriese en un matadero, nos privaría de mostrarnos la belleza y serenidad de la naturaleza hecha morlaco.
 
Estos ojos también ven el toreo como un juego donde hay un ganador y un perdedor; donde el mérito siempre se lo llevará el matador, pero no ven que los dos siempre serán ganadores. Si uno de los dos faltara, sería como bailar un vals sin pareja, y como pareja que son, el mérito será de los dos sin comparar la lidia con un simple juego y confundir compañerismo con rivalidad.
 
Otra forma muy distinta de contemplar el arte taurómaco es aquella mirada que, en la plaza ve arte; esta presencia de arte se demuestra con el “olé ” que se escucha desde los tendidos tras una verónica o a una revolera bien dada. Los aplausos que dominan el aire de la plaza se dirigen hacia el torero, capaz de hacer de un animal bravo, su compañero de baile marcando cada paso con su capote y dejando que en cada pase se desprenda algo de arte; el astado se ha convertido en algo más que un simple animal, en la plaza el toro se convierte en arte y el torero en artista, siendo en conjunto, colaboradores de una obra de arte.
 
Pero no todo lo relacionado con los toros es belleza, por mucha tradición que tengan los toros embolados o el toro ensogado, no podría decir que es arte cuando el toro puede llegar a ser un instrumento de diversión e incluso de risa. Estas fiestas pueblerinas conservan tanta tradición como las novilladas en las Ventas, pero el arte no hace alarde en esos festejos.
 
No siempre es arte, me atrevería a comparar a los toros en una lidia con un cuadro de museo, y por otra parte, a las fiestas populares de nuestros pueblos con una simple pintada callejera, pues tanto los festejos populares, como las pintadas pueden llegar a maltratar su respectivo elemento principal.
 
La igualdad es una palabra muy usada últimamente que se está empleando de la peor forma al comparar la muerte de un animal con la de una persona y atribuyendo al primero unos derechos que nunca existieron y por lo tanto afirmando que nuestros animales tienen nuestros mismos derechos cuando ni siquiera la consciencia los acompaña.
 
Muchas personas, sobre todo por el tiempo que corre, se indignan cuando decimos que el toreo es un arte, pero eso depende de los ojos con lo que lo quieras mirar, si quieres ver crueldad, verás crueldad, si no eres capaz de ver mas allá de la sangre, te perderás algo realmente bello.
 
¿Qué otro animal es capaz de defender algo tan grande como el arte con su vida?
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