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Ahora que, al fin, Madrid le rinde homenaje
Gregorio Sánchez, la tarde de los seis toros y las siete orejas, en cinco cuartos de hora
68 minutos necesitó tan sólo Gregorio Sánchez para la lidia y muerte de los seis toros de Barcial en la histórica corrida del Montepío de Toreros de 1960. Se le concedieron 7 orejas y los aficionados lo sacaron a hombros por la puerta grande. De aquella tarde "Barico" realizó una estadística incontestable: 102 lances, 150 pases de muleta, 2 pinchazos, 1 media estocada, 5 estocadas y 4 descabellos. "Pero su mayor triunfo fue el estar en todo momento en su sitio, el dirigir desde el ruedo la lidia con incomparable maestría", según el cronista de ABC. Ahora, después de tanta renuencia demostrada por el equipo anterior, el nuevo Centro de Asuntos Taurinos de Madrid le rendirá el homenaje que merece con un azulejo conmemorativo de su paso por Las Ventas y por el toreo.
Actualizado 13 septiembre 2015  
Redacción. Servicio de Documentación   
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“A las siete y media de la tarde iba Gregorio Sánchez, calle de Alcalá arriba, llevado en volandas por una nutrida legión de enfervorecidos seguidores, que lo paseaban orgullosos como un símbolo de la honradez y el pundonor profesionales, invisibles triunfadores en la corrida del Montepío de Toreros”. Así encabezaba Andrés Travesí su crónica en ABC.

Para a continuación especificar la dimensión del triunfo: “Mereció triunfar Gregorio Sánchez. Y triunfó. Cortó siete orejas. Siete orejas en una tarde. Quizá no haya precedentes. Pero su mayor triunfo fue el estar en todo momento en su sitio, el dirigir desde el ruedo la lidia con incomparable maestría”.

Los accidentados prolegómenos

Aquellas semanas de junio habían resultado muy movidas para la terna anunciada en la Corrida del Montepío de Toreros. El primero en caer fue Fermín Murillo, herido de gravedad en la plaza de Zaragoza, durante una corrida de Beneficencia en la que se había encerrado con seis toros de Galache; el percance sobrevino en el 4º de la tarde. Esto ocurría el 5 de junio.

Para el jueves anterior  a la corrida del Montepío, --que aquel año coincidía con la festividad del Corpus--,  Antonio Bienvenida se anunció en Las Ventas para la lidia y muerte de 12 toros, en sesiones de tarde y noche. Pero sólo pudo llegar al 9º, físicamente agotado y con una lesión. Según narraba el semanario El Ruedo, “el doctor Giménez Guinea le asistió de agarrotamiento de los músculos de las piernas. Se le puso una inyección y se le dieron masajes en busca de un rápido restablecimiento; pero en vista del estado del diestro, pasados los diez minutos que se habían fijado, el doctor Giménez Guinea le prohibió su nueva salida al ruedo. Bienvenida no se hallaba en condiciones de continuar y hubiera sido temeraria su actuación en la Plaza para dar remate a la corrida”.

De esta forma se quedó sólo en el cartel Gregorio Sánchez, por entonces presidente del Montepío de Torero. “Afrontó la prueba matar él solo los seis toros adquridos con tiempo en la ganadería de don Jesús Sánchez Cobaleda. Ha logrado con esta decisión, como torero y como hombre de corazón, un rotundo triunfo, que merece también un rotundo y sincero aplauso y que ha tenido un eco amplísimo de simpatía en la opinión”, según rezaba en el editorial de aquella semana en “El Ruedo”.

Para Gregorio Sánchez era, además de un reto, una auténtica reivindicación. Después de consumar su gesta, le contaba a Santiago Córdoba sus sentimientos de antes y después: “Estaba disgustado, muy disgustado, por la injusticia manifiesta que cometieron conmigo al prescindir de mi nombre en San Isidro. Estuve a punto de irme a pique. Madrid es el todo para los toreros. El que tiene suerte aquí, torea el resto de la temporada. Quien sale mal, se busca la ruina. Que es lo que estuvieron apunto de buscarme a mí. No sé por qué se portaron así, tan malamente, conmigo. Yo siempre quedé bien y siempre estuve a disposición de la Empresa. Pero, gracias a Dios, me rehice en esta corrida benéfica, en la, que ni mis subalternos ni yo percibimos ni un solo céntimo. Cobró el ganadero. Y cobraron el piso de la plaza”.

Aunque los tendidos no se llenaron, para el Montepío quedó un beneficio limpio de un millón de las antiguas pesetas, una cantidad nada despreciable. Si hacemos una traslación aproximada de lo que supondría en este 2015 aquella cantidad, nos situaríamos en 25 millones de pesetas, en torno a los 170.000 euros [1].

Una corrida del todo singular:
Así lo contó El Ruedo

El torero toledano necesitó, según midió con su reloj “Barico”, 68 minutos exactos, desde que apareció por la puerta de chiqueros el primero de la tarde hasta que las mulillas arrastraron al sexto. Seis toros en algo menos cinco cuartos de hora, para además cortar siete orejas. Un record nunca luego superado.

Precisamente el relato que construyó “Barico” --Benjamin Bentura Sariñera, en la vida civil-- para el semanario “El Ruedo” no sólo constituye una forma muy original de describir lo ocurrido en el ruedo, sino que además aporta con enorme minuciosidad todos los datos. Vale la pena traer a colación el contenido de aquella crónica, que el autor dividió en tres partes que subtituló: “Lo sucedido”, “El ganado” y “Corrida sin par”.

LO SUCEDIDO

No se llenó la Plaza de Toros de las Venas en esta calurosísima tarde del 19 de junio. Organizado el festejo en provecho de la Asociación Benéfica de Auxilios Mutuos de Toreros, con seis reses de “Barcial” para Antonio Bienvenida y Gregorio Sánchez, mano  a mano, fué necesario, por la fuerza mayor de una lesión importante, prescindir del concurso del primero. Por ello, Gregorio Sánchez, actual presidente de la Asociación fue el único matador en este festejo. Y ocurrieron cosas fuera de lo corriente, como verá el lector.

Gregorio Sánchez hizo el paseo seguido de dos sobresalientes. El torero de Santa Olalla cortó las dos orejas del primero, una del segundo, una del tercero, dos del cuarto y una del sexto. El peor toro de los seis, o el menos bueno, para ser más exactos, fue el quinto.

La lidia de los toros cuarto y quinto se llevó a término en ocho y nueve minutos, respectivamente. Desde la salida del primer toro al arrastre del sexto transcurrieron sesenta y ocho minutos.

El tercer toro se cayó una vez, e! segundo volteó a Sánchez al rematar una serie de verónicas, el cuarto desarmó una vez al matador y el sexto derribó en una ocasión. Y no hubo en toda la corrida más caídas, volteretas, desarmes o costaladas. Gregorio Sánchez lanceó de salida, sin dar tiempo a los peones a intervenir, a los cuatro primeros toros.

El espada de esta memorable corrida  brindó la muerte de! primero a la presidencia; la del tercero, a los subalternos actuantes con él en el festejo: la del cuarto, al público y la del sexto,  a Vicente Pastor.

Después de arrastrado el tercero, los banderilleros llevaron a hombros a Gregorio Sánchez; se unieron al grupo los picadores, y todos juntos acabaron aquel triunfal desfile. Después de la lidia del cuarto acompañó al matador en la vuelta al ruedo el mayoral de la ganadería. Arrastrado el sexto, Gregorio Sánchez fue despojado a la fuerza de alamares, machos y caireles, paseado a hombros en la vuelta al ruedo y sacado así por la puerta grande. En el quinto no dio la vuelta, pero tuvo que salir al tercio.

Al primer toro le dio Sánchez veintidós lances con el capote; al segundo, catorce; al tercero, dieciocho; al cuarto, veinte; al quinto, trece, y al sexto, quince. Total, ciento dos. Con la muleta dio al primero veinticinco pases; al segando, treinta; al tercero, veintiuno; al cuarto, veintitrés; al quinto, veinticuatro, y al sexto, veintisiete. Total, ciento cincuenta.

Mató al primero de una estocada; al segundo, de un pinchazo, una estocada y el descabello al primer intento; al tercero, de una estocada y el descabello al primer golpe; al cuarto, de un pinchazo, una estocada y el descabello al primer intento; al quinto, de una estocada, y al sexto, de media y el descabello al primer golpe. Total, dos pinchazos, media estocada, cinco estocadas y cuatro descabellos.

EL GANADO

Las reses, de don Jesús Sánchez Cobalada, aceptablemente presentadas, dieron en bruto los pesos siguientes: 465, 467, 476. 485, 512 y 506 kilos.

El primero tomó regularmente la primera vara, recargó en la segunda; llegó dócil y bravo al último tercio; el segundo salió venciéndose bastante por el lado derecho, recargó muchísimo en el primer puyazo, tomó bien el segundo y punteó durante la faena de muleta; el tercero, muy abierto de cuerna, tomó bien la primera vara, se dolió al castigo en la segunda y fue blando y de cortas embestidas para los toreros; el cuarto se portó mal en el primer encuentro con el picador de turno, bien en el segundo, regular en el tercero y fue muy dócil y manejable; el quinto frenaba y punteaba de salida, y si bien recargó en una vara, no embistió franco, y el sexto recargó y derribó en una vara, cumplió en otra y llegó suave a la muleta. En conjunto, el lote de toros fué bueno.

Gregorio Sánchez, visto por Antonio Casero (El Ruedo)

CORRIDA SIN PAR

Yo me posesiono de esta tribuna taurina y digo:

Usted y yo estuvimos en los toros y no volveremos a ver corrida como esta del 19 de junio ni triunfo como el de Gregorio Sánchez. Y a quien no estuvo en los toros el domingo no le digo nada; bastante tiene; con su disgusto y su remordimiento.

Dicho esto, a usted, si estuvo en los toros, sólo me resta felicitarle; pero si se quedó en casa y no asistió a la corrida, le diré algo de lo visto por mí en esta monumental corrida de toros. Parte nada más; todo, no; a contarlo todo no alcanzo. En fin... Pongo en obra mi deseo de informar a usted; pero antes de hacerlo he de decirle algo importante. Esto: desde el domingo último, los aficionados madrileños se dividen en dos clases: los del 19 de junio de 1960, y la masa. Yo soy de los del 19 de junio, y puedo presumir. Sigo:

Gregorio Sánchez toreó con el capote bien, muy bien, inmejorablemente. Toreó el toledano cargando la suerte, recreándose, superándose en cada lance; toreó como sólo pueden hacerlo los toreros buenos cuando tienen empeño en convencerse ellos mismos de la aútenticidad de sus méritos. El lector me entiende; el lector, Gregorio Sánchez y cuantos toreros sienten la propia estimación artística. Para torear bien  por verónica es preciso asentar firmemente los pies en toda su extensión en la arena, adelantar la pierna contraria, acompasar el ritmo del movimiento del capote al de la embestida de la res... En fin, Gregorio Sánchez toreó perfecta, gallarda y finamente por verónicas y derrochando valor por chicuelinas. El capote del toledano mereció Ios honores del romance y las delicias de la seguidilla gitana. El capote de Gregorio Sánchez pidió y logró un puesto privilegiado entre los primeros del toreo de nuestro tiempo.

En las faenas con la franela, el torero castellano vivió en el mundo aparte de los buenos muleteros auténticamente valerosos. Empleó una y otra mano con soltura, justeza y garbo; dio pases de pecho, en redondo, por bajo, naturales, trincherazos, cambiados por bajo y muletazos por alto de gran belleza, y salió de un peligroso momento en el sexto con un farolillo obligado, oportuno y gracioso. Como estoqueador, ya se ha hecho el resumen de su labor, resumen harto significativo.

Y…, ahí queda eso, amigos.

El torero, el maestro, el azulejo

Gregorio Lozano Sánchez nació en Santa Olalla (Toledo)  el 8 de mayo de 1930. Cuando protagonizó esta Corrida del Montepío tenía, pues, 30 años casi recién cumplidos. Después del duro aprendizaje de las capeas castellanas, el 15 de octubre de 1952 hizo su primer paseíllo acompañado por los del castoreño; fue en la plaza de Guadalajara, acompañado por Manuel Sevilla y Morenito de Córdoba, con novillos de Luciano Cobaleda. En agosto de 1953 acudió a la madrileña plaza de Carabanchel y un año después, el 8 de agosto de 1954, hizo su debut en Las Ventas, con Luis Díaz y José Rivas, ante novillos de Ignacio Rodríguez Santana.

Adquirió el grado de matador de toros el 1 de abril de 1956 en el ruedo de la Maestranza sevillana, de manos de Antonio Bienvenida y en presencia de Joselito Huerta, con toros de Joaquín Buendía. Tres meses después –un 14 de junio—confirmó el doctorado en Madrid, de manos de Cesar Girón y con Alfonso Merino como testigo. Los toros pertenecían a la ganadería de don Antonio Pérez. Aquel invierno, el 2 de diciembre, refrendó su nuevo grado en la Monumental de México, de manos de Manuel Capetillo y con Humberto Moro como tercer espada, ante toros de La Laguna. En el escaso periodo de ocho meses cumplió, pues, con los tres compromisos.

Fruto de este tirón inicial, durante las emporadas de 1957 y 1958 encabezó el escalafón superior, contabilizando en ambas ocasiones un total de 87 festejos. Se retiró del toreo activo en Madrid, el 30 de septiembre de 1973.

En la plaza de toros de Las Ventas hizo el paseíllo como matador de toros en 50 ocasiones, cortando un total de 39 orejas y salió a hombros por la Puerta Grande en nueve ocasiones como matador y una como novillero, lo que le hace ser el cuarto torero en lograr este hito, superado solamente por Santiago Martín “El Viti”, Paco Camino y Antonio Bienvenida.

En el año de su adiós a los ruedos se le concedió la Gran Cruz de Beneficencia, por su desinteresada participación en numerosas ocasiones en festejos benéficos y por sus gestiones en pro del Montepío de Toreros.

Desde su retirada y hasta que le llegó el momento de la jubilación  en 2011, ha sido director artístico de la Escuela de Tauromaquia de Madrid, en una de las etapas más brillantes del Centro que lleva el de nombre de Marcial Lalanda.

Distintas organizaciones de aficionados han reclamado en los años pasados que Gregorio Sánchez contara con un azulejo conmemorativo en la plaza de Las Ventas, junto a los demás toreros con historia. Por recelos poco comprensibles de quienes en ese tiempo gobernaban el Centro de Asuntos Taurinos, no quisieron atender estas peticiones. Ha tenido que ser ahora, cuando la nueva presidenta de la Comunidad ha hecho “tabla rasa” con los componentes del CAT, cuando una de sus primeras decisiones ha sido, justamente, llevar a cabo la colocación de este azulejo, para el que el torero toledano tantas méritos ha reunido dentro y fuera de los ruedos.
____________________

 [1] No resulta posible estimar la cantidad exacta, dado que la serie histórica de la inflación en España se inicia en 1965, esto es:  cinco años después de haberse celebrado esta corrida.

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