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El próximo 14 de mayo cumplirá 220 años
Historias de la bicentenaria plaza de Aranjuez
Fue la plaza donde Pepe Luís bordó aquella faena grandiosa conocida como la del "concierto de Aranjuez". Donde Juan Belmonte dejó su sello con "Rosito". Donde compitieron "Lagartijo" y "Guerrita". Hasta donde Paco Camino y "El Cordobés" protagonizaron su célebre discusión por un quite. Y es que la bicentenaria plaza de Aranjuez –que el próximo día14 de mayo cumplirá 220 años-- reúne entre sus muros una larga e intensa historia, casi siempre construida en torno a la festividad de San Fernando. Levantada en tiempos de Carlos IV, siguiendo el modelo de la plaza madrileña de la Puerta de Alcalá, sufrió serios daños por un incendio declarado en 1809, siendo posteriormente remodelada por orden de Fernando VII, para acabar cedida finalmente al Ayuntamiento por Patrimonio Nacional en 1830.
Actualizado 2 mayo 2017  
Carmen de la Mata Arcos   
 Pepe Luís y "La faena de Aranjuez"
 A la vera del Tajo, Morante cuajó una grandiosa faena

El inmediato 14 de mayo cumplirá 220 años el coso de Aranjuez, desfilando por su ruedo los toreros más importantes de cada época. Muchos son los hechos y las anécdotas relevantes que jalonan tan larga historia, desde triunfos clamorosos hasta graves percances. Unos y otros han dado brillo y categoría a la plaza, viviéndose cada jornada de toros como un verdadero acontecimiento.

Las obras sobre el coso levantado en tiempos de Carlos IV comenzaron en 1796, corriendo las mismas por cuenta del Real Sitio durante el gobierno de José de Rojas. Al frente del proyecto se hallaba el arquitecto José de Rivas, quien tomó como modelo la plaza madrileña de la Puerta de Alcalá, inaugurada el 30 de mayo de 1754. La construida en Aranjuez abrió sus puertas por primera vez el 14 de mayo de 1797, dándose cita desde entonces, tanto en los festejos de primavera como en los de las fiestas de septiembre, lo más selecto de la torería.

De Lagartijo a Manolo Bienvenida

El recinto taurino que nos ocupa ha sido escenario de grandiosas faenas, en la mayoría de los casos firmadas por los principales diestros del momento en cuestión. Memorable resultó la actuación de Lagartijo la jornada del 29 de junio de 1886, especialmente frente a los toros tercero y cuarto, “Panadero” y “Buen Mozo”, pertenecientes como los restantes a la ganadería del Duque de Veragua. El mencionado Rafael Molina junto a Guerrita, que ejercía de media espada, compitieron durante toda la función en quites, colocando entre ambos los palitroques en varios de los astados. Los dos últimos bureles fueron lidiados y estoqueados por Rafael Guerra, algo que era habitual entonces.

Juan Belmonte también dejó su sello en Aranjuez. Especialmente recordada es la obra que ejecutó al toro “Rosito”, de José Encinas el 4 de septiembre de 1927. En esas fechas, su toreo había ganado en dominio y temple, por lo que los sobresaltos y las situaciones de peligro de sus comienzos se habían reducido bastante, si bien la esencia de su tauromaquia continuaba siendo la misma. Las dos orejas y el rabo paseó de “Rosito”, idéntico premio que el obtenido en el quinto de la tarde, cerrando con ello una auténtica lección magistral.

Su compañero de cartel en esa corrida, Marcial Lalanda, compareció en un buen número de oportunidades en la plaza ribereña, cosechando rotundos triunfos como el acontecido en la corrida concurso celebrada el 30 de mayo de 1930. El torero madrileño sorteó el ejemplar llamado “Trebuquejo”, de la vacada de Celso Cruz del Castillo, que se alzó como ganador de los trofeos en disputa en dicho festejo. Por su parte, el espada de Vaciamadrid le cortó los máximos trofeos. Repitió éxito en septiembre de ese mismo año, consiguiendo otro rabo, en este caso, de un cornúpeta procedente de Sánchez Rico.

No fue eso lo único sobresaliente de aquella corrida, pues Manolo Bienvenida deslumbró a todos los asistentes con su gracia y desparpajo manejando los trastos y Domingo Ortega, que aún era novillero y ejercía como sobresaliente, realizó un sensacional quite, de tal calidad que a raíz del mismo cambió radicalmente el rumbo de la carrera del diestro toledano. Tanto fue así, que transcurridos doce meses regresó al ruedo de Aranjuez, estoqueando en compañía de Manuel Mejías Jiménez un encierro de Concha y Sierra, demostrando una vez más su clásico concepto del toreo y sus enormes avances en la profesión.

Por su parte, el mayor de los hijos del Papa Negro ratificó totalmente la grata sensación que había dejado en su anterior compromiso, logrando cotas todavía más elevadas. Fue, en palabras de Alfonso, crítico de El Liberal, “la obra cumbre del artista genial”. La inspiración brotó, a raudales, de las muñecas de Victoriano de la Serna el día de San Fernando de 1933, cuajando con capote y muleta a los animales que enlotó, exhibiendo unas formas exclusivas y únicas que le llevaron a convertirse en un torero de culto. Los animales de Argimiro Pérez Tabernero  colaboraron no solamente con el matador segoviano sino que también disfrutó de sus embestidas Fermín Espinosa “Armillita”, formando un alboroto monumental.

Un dominio absoluto de todas las suertes, dentro de un concepto de tauromaquia total que le había sido inculcado desde temprana edad por su progenitor, fue lo que evidenció Pepe Bienvenida en la corrida del 18 de junio de 1939. Una innata facilidad de la que hicieron gala todos los miembros de esa dinastía de toreros. Pese a que las inclemencias meteorológicas impidieron la celebración completa del espectáculo, los tres espadas anunciados el 4 de septiembre de 1946 más la rejoneadora Conchita Cintrón, ofrecieron cada uno lo mejor de su repertorio, ayudados, claro está, por las buenas condiciones de las reses de Atanasio Fernández.

Pepe Luís y su “Concierto de Aranjuez”

 Un trasteo de altura, lleno de gusto y de torería, ejecutó Pepe Luis Vázquez al astado que abrió la función, sufriendo, a causa del mal estado en el que se hallaba el piso de plaza, una fuerte voltereta que trajo consigo un puntazo corrido en el bajo vientre para el matador sevillano. “Cigarrito” fue el segundo burel de la corrida, luciéndose frente a él Antonio Bienvenida, que introdujo una pequeña variación en su tradicional cambio a muleta plegada. En la mano izquierda portaba la pañosa y la espada cruzadas mientras que en la derecha llevaba un pañuelo. Antonio representaba la medida, la armonía, era “el crisol de donde sale el arte purísimo”, en palabras de K-Hito, informador de Dígame. Luis Miguel Dominguín no se quedó atrás, arriesgando al máximo para terminar paseando las dos orejas de su oponente. Al arrastre de este toro, y debido a la constante lluvia, se suspendió el festejo.

No fue la de esta jornada de comienzo del otoño, la faena más recordada de Pepe Luis Vázquez en Aranjuez puesto que la que realizó a “Manchonero”, ejemplar de la vacada de Carlos Núñez el 30 de mayo de 1949 la superó con creces. Se trató de una obra en la que resplandecieron con especial intensidad las numerosas virtudes de la tauromaquia del torero nacido en el sevillano barrio de San Bernardo: temple, gusto, naturalidad, cabeza privilegiada…, rematando la misma de un formidable espadazo. Le fueron concedidas, sin discusión, las dos orejas, recorriendo el anillo por dos veces ante las incesantes aclamaciones de los espectadores. Fue de tal dimensión que aquella faena pasó a ser conocida comola del “Concierto de Aranjuez”.

Cinco imágenes del "concierto de Aranjuez" que protagonizó Pepe Luís.  ("El Ruedo")



















Manolete
y Carlos Arruza también triunfaron a lo grande en el coso ribereño, rivalizando directamente en alguna oportunidad. Un total de cuatro orejas, dos rabos y una pata cortó el diestro cordobés en la corrida del 4 de septiembre de 1942, trofeos que se sumaron a los logrados por sus compañeros de terna, Domingo Ortega y Morenito de Talavera.

El valeroso Manuel Jiménez “Chicuelo II” cosechó un éxito destacado el día del patrón de 1954, paseando los dos apéndices del toro “Clavijero” de Atanasio Fernández, que fue premiado con la vuelta al ruedo. El mismo galardón logró el 12 de octubre de 1969 “Tabaquero”, astado de la vacada de Domingo Ortega que, además, alcanzó el primer premio de la corrida concurso celebrada en la fecha indicada.

Triunfo de las figuras de la época

El fabuloso y variado elenco de toreros que se hallaban por aquel entonces en la cúspide del escalafón: Antonio Ordóñez, Paco Camino, Diego Puerta, El Viti, El Cordobés… junto a otros matadores más veteranos, como Antonio Bienvenida, brindaron magníficas tardes de toros a la afición, que acudía al recinto taurino de Aranjuez con la disposición y el ánimo de degustar el Toreo con mayúsculas. En otra corrida concurso, consiguió vencer otra res perteneciente a la ganadería del diestro de Borox, como fue “Pillento”, lidiado el 7 de marzo de 1971, obteniendo por ello la Fresa de Oro. La de Plata fue para “Sombrillita”, ejemplar de la divisa de Victorino Martín.

Tras permanecer apartado de la profesión un largo período de tiempo, Luis Miguel Dominguín eligió la plaza de Aranjuez como una de las pocas que pisó en la temporada de 1971 después de haber reaparecido en Las Palmas de Gran Canaria el 10 de junio. En aquella ocasión, 5 de septiembre, se anunció en compañía de Antonio Bienvenida y José Luis Galloso frente a cornúpetas de Juan Mari Pérez-Tabernero y Conde de Mayalde, saliendo en hombros al lado del espada portuense.

El concepto poderoso y dominador de la tauromaquia que tenía Francisco Rivera “Paquirri” se hizo patente plenamente en la jornada del 5 de septiembre de 1978, ejecutando una extraordinaria faena a un toro de Carlos Núñez distinguido con el honor de la vuelta al anillo. El de Barbate, por su parte, obtuvo las dos orejas y el rabo.

La de 1983 fue, posiblemente, la temporada en la que se pudo ver al mejor Yiyo, figurando como una de las obras destacadas de ese año, la instrumentada en el coso de Aranjuez a un burel de Lorenzo y Alejandro García Martín, de nombre “Minguito”. A pesar de que acababa de tomar la alternativa, las formas clásicas y puras que ya plasmaba sobre el ruedo Joselito le hicieron granjearse enseguida el beneplácito de los públicos, entre ellos el del Real Sitio. Las dos orejas le cortó a su primer antagonista del hierro de Gavira en septiembre de 1986, acompañándole en hombros José Ortega Cano, quien había llevado a cabo el 30 de mayo un superior trasteo a un ejemplar de la ganadería de Hernández Plá.

A la espléndida actuación ya mencionada de José Miguel Arroyo, se añadieron varias más a lo largo de las dos décadas siguientes, dando verdaderos recitales de toreo que le llevaron a contar, desde un primer momento, con un gran cartel en la plaza madrileña. Paco Ojeda y Espartaco, dos de los toreros que marcaron el paso de los ochenta, protagonizaron, igualmente, grandes tardes de toros.

El 7 de octubre de 1994 tuvo lugar en la plaza de Aranjuez un espectáculo que traspasó las fronteras de lo taurino para llegar, a través de los medios de comunicación, a otros sectores sociales más alejados de la Fiesta. Jesulín de Ubrique se enfrentó en solitario a siete astados de Peralta delante de los ojos de miles de mujeres que eran, según rezaba el lema del festejo, la única concurrencia que podía asistir al evento. Nueve orejas y un rabo cortó el matador gaditano, mostrando, sobre todo, recursos y capacidad para resolver con suficiencia el compromiso.

El bicentenario

Su Majestad el Rey Juan Carlos y su augusta Madre, la Condesa de Barcelona, honraron con su presencia la corrida conmemorativa del bicentenario del coso, en la que pese a que tan sólo se paseó una oreja, por parte de Rivera Ordóñez, tanto Curro Romero como Rafael de Paula salpicaron de detalles sus faenas, llenando el escenario con su arrebatadora personalidad. Enrique Ponce, José Tomás, Morante de la Puebla o El Juli son algunos de los nombres propios que en los últimos años han firmado obras excelsas en Aranjuez, inspirados posiblemente por el marco incomparable de su ruedo y su prolija historia.

Notable jornada fue, en este sentido, la del 30 de mayo de 2012 en la que Julián López, Sebastián Castella y José María Manzanares se repartieron ocho orejas y dos rabos. Unos meses antes, el 4 de septiembre de 2011, David Mora consiguió uno de los grandes hitos del circo ribereño, como fue el indulto de “Sucesor”, nº 290, con 550 kilos de peso, de pelo melocotón y con el hierro de Alcurrucén. El perdón de la vida de un toro bravo y una completa y variada faena a la altura del mismo, fue la imagen final de aquella corrida del Motín. Al año siguiente, se unieron, nuevamente, David Mora y la divisa de Alcurrucén, proporcionando ambos actores un fenomenal espectáculo, con el mérito añadido para el diestro de asumir la responsabilidad de estoquear las seis reses anunciadas y el hacerlo además como homenaje y ayuda de Vicente Yangüez “El Chano”, quien ese mismo verano había sufrido una gravísima lesión que terminó por apartarlo de su profesión.

 “Ventero”, animal de la vacada de Domingo Hernández, se ganó el privilegio de la vuelta al ruedo el día de San Fernando de 2013, posibilitando al Juli realizar una soberbia faena tras la que cortó las dos orejas. Dos cornúpetas más han sido paseados por el redondel en los últimos festejos celebrados en recinto de tanta historia, “Festival” y “Descorchador”. El primero lucía el hierro de Jandilla, estaba marcado con el nº 103 y dio en la báscula 452 kilos. Alberto López Simón le cuajó a placer, logrando una labor llena de gusto, torería y variedad, coronada con una estocada en el hoyo de las agujas en la suerte de recibir. Le fueron concedidos los máximos trofeos. “Descorchador” saltó a la arena el pasado mes de mayo, permitiendo a Morante de la Puebla abandonarse toreando. De su muleta brotaron series por ambas manos al ralentí, rítmicas, ejecutadas con el marchamo indudable de la personalidad. Los dos apéndices auriculares del ejemplar de Victoriano del Río, que llevaba el nº 59 en los costillares y pesaba 528 kilos, fueron a las manos del diestro sevillano.

Percances y hechos curiosos

Percances, hechos curiosos, alternativas… han contribuido, de igual forma, a enriquecer y dar argumentos a la historia del coso de Aranjuez, circunstancias como la acontecida el 12 de junio de 1831 cuando un burel de la ganadería de Vázquez, “Arisco”, irrumpió en el tendido, provocando la lógica situación de pánico entre los presentes. El susto no llegó a mayores gracias a la rápida intervención de Roque Miranda, que junto al banderillero El Tiñoso, se hicieron cargo del toro, pasaportándolo el matador de Madrid de un eficaz espadazo.

Un escándalo sin precedentes se formó en la novillada del 10 de agosto de 1923. El público protestó durante la lidia del primero de los animales por la escasa seriedad del mismo, procediendo seguidamente a invadir el ruedo. A causa de lo sucedido, el usía se vio obligado a suspender el festejo, si bien algunos abrieron sin autorización la puerta de los toriles, siendo toreadas el resto de las reses enchiqueradas por ellos mismos en una verdadera capea.

También se halla en esta otra historia de la plaza de Aranjuez la corrida del 1 de mayo de 1965, función en la que ascendió al grado de Doctor en Tauromaquia Vicente Punzón. Al término de la misma, apenas se hablaba de lo estrictamente taurino, sino de un lamentable incidente que protagonizaron dos de los diestros actuantes: Paco Camino y El Cordobés. Todo ocurrió en el primer astado del lote de Manuel Benítez tras instrumentar el torero de Camas un garboso quite por chicuelinas. Finiquitado el toro, se retiró el de Palma del Río hacia el callejón, produciéndose en ese instante un cruce de palabras entre los dos espadas. A raíz de ello, los puñetazos, la pelea y un tumulto de allegados y miembros de las Fuerzas de Orden Público, en una imagen poco gratificante de la Fiesta.

Años después, Paco Camino volvió a ser noticia en el circo ribereño aunque ahora por un motivo bien distinto, como fue la gravísima cornada que le infirió en el cuello un ejemplar de Baltasar Ibán. Paquirri y Luis Francisco Esplá acompañaban al sevillano aquel 30 de mayo de 1980. La sangre le manaba al diestro por la pantorilla, el pecho y el cuello cuando, en brazos de las asistencias, fue trasladado hasta la enfermería. 25 centímetros de extensión tenía la herida del cuello, penetrando en la cavidad torácica y fracturando tres costillas, además de desgarrar la arteria mamaria interna. Conseguida la estabilización del paciente, se le llevó a la capital de España donde lo intervinieron por segunda vez. Otro percance importante fue el que sufrió el 9 de junio de 1989 Curro Romero, que fue empitonado al torear de capote al toro “Mamarracho” de José Luis Marca.

En estos 220 años de vida, han sido varios los diestros que han elegido la plaza de Aranjuez para tomar la alternativa. Al ya mencionado Vicente Punzón se unen espadas como el mexicano Lorenzo Garza que renovó el doctorado adquirido con anterioridad en Santander, Pedro Fernández “Niño de Aranjuez”, José Luis Seseña, Paco Machado o Regino Agudo, entre otros.

Las plazas anteriores

No fue ésta la primera plaza de fábrica con la que contó Aranjuez sino que años antes tuvo otra que fue demolida por orden expresa del Rey Carlos III. La actual consta de dos pisos, once puertas de entrada y nueve escaleras, alcanzando las 9.596 localidades. Se construyó inicialmente con ladrillo y bóvedas de argamasa, completándose el edificio con una estructura de madera. Tenía un total de 99 balcones, distinguiéndose el principal por un frontis en el que figuraban las armas reales.

Un pavoroso incendio acabó en 1809 con la estructura de madera y las galerías, quedando en pie únicamente el muro exterior y la bóveda que sostenía a los tendidos. Por iniciativa de Fernando VII, en 1829 se remodeló el coso, restableciéndose la arcada del balconaje, las gradas, barreras y tendidos. De igual forma, se colocaron distintos adornos en el palco real, destacando en la parte superior un balcón corrido con balaustres de madera.

El Real Patrimonio le cedió al Ayuntamiento dicho recinto, inaugurándose en abril de 1830. El político y financiero José de Salamanca fue un hombre clave en la restauración que se acometió en la plaza en 1851. La conclusión de las obras se festejó con una corrida en la que tomaron parte Juan León, Julián Casas y Antonio Luque frente a astados de Justo Hernández y Diego Barbero. Nuevas reformas se efectuaron en 1881, programándose una función mayor para el estreno de las mismas en la que trenzaron el paseíllo Chicorro, Ángel Pastor y Lagartijo.

Cuando llegue el próximo día 30, Aranjuez volverá a vestirse de gala, acogiendo a multitud de visitantes que acuden, desde antiguo, a su plaza de toros, conocedores de que, de forma casi habitual, se puede presenciar un grandioso espectáculo.

BIBLIOGRAFÍA.
Cossío, José María de: “Los Toros. Tratado técnico e histórico”. Tomo I. Espasa-Calpe. Madrid, 1984.
Cossío, José María de: “Los Toros. El Toro Bravo II”. Tomo 3. Editorial Espasa Calpe. Madrid, 2007.
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Cossío, José María de: “Los Toros. Inventario biográfico”. Tomos 11-20. Editorial Espasa Calpe. Madrid, 2007.
Cossío, José María de: “Los Toros. Crónicas”. Tomos 23, 26, 27, 28, 29 y 30. Editorial Espasa Calpe. Madrid, 2007.
Lahera, Emilio: “Plazas de toros”. Tomo I. Ediciones Rueda. Madrid, 1994.

HEMEROGRAFÍA.
Revista Aplausos
Revista 6 Toros 6

PÁGINAS WEB.
www.bibliotecadigital.jcyl.es
www.bne.es/es/Catalogos/HemerotecaDigital
www.hemeroteca.abc.es
www.prensahistorica.mcu.es

© Carmen de la Mata Arcos/2017

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