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El paradigma del bienestar animal
La respuesta de un reconocido experto: ¿Es el toreo tortura o maltrato animal?
La belleza un tercio de varas, en una imagen de Juan Pelegrin
La respuesta de un reconocido experto: ¿Es el toreo tortura o maltrato animal? Un experto reconocido, Antonio Arenas, catedrático de la Universidad de Córdoba y Académico de la Real de Veterinaria de España, ha realizado un análisis detallado de la cuestión, con el propósito de arrojar alguna luz a aquellas personas que no tienen claro el porqué del toro bravo. Para ello, acude el autor "a argumentos objetivos, ya que los subjetivos, como su propio nombre indica, pertenecen al modo de pensar o de sentir de cada sujeto y me merecen el mayor respeto, los comparta o no. Pero son sólo eso, sentimientos muy personales".
Actualizado 1 febrero 2017  
Antonio Arenas, Catedrático de la Universidad de Córdoba, Académico de la Real Academia de Ciencias Veterinarias de España   

Aprovechando la actualidad de la sentencia del Tribunal Constitucional que anula la ley catalana que prohibía las corridas de toros, ya que considera que la norma invade competencias del Estado en materia de Cultura, me he animado a desgranar algunas consideraciones técnicas al respecto de la tauromaquia y de los toros.

Con ello, en absoluto es mi propósito intentar reafirmar la afición en los incondicionales taurinos ni convencer a aquellos que abominan la fiesta nacional; sé que sería un esfuerzo inútil. Pretendo, más bien, arrojar alguna luz a aquellas personas que no tienen claro el porqué del toro bravo. Para ello, he procurado siempre utilizar argumentos objetivos, ya que los subjetivos, como su propio nombre indica, pertenecen al modo de pensar o de sentir de cada sujeto y me merecen el mayor respeto, los comparta o no. Pero son sólo eso, sentimientos muy personales.

Básicamente, las corrientes antitaurinas basan sus argumentos en que el toreo es tortura y maltrato animal.

Pero, el toreo en sí es una actividad física, tanto del hombre como de la res bovina, aprovechando la agresividad innata de ésta. Se trata, pues, de una actividad parecida a la que se pueda realizar montando a caballo, haciendo trineo con perros o haciendo trabajar a los animales de tiro (caballos, bueyes…). No hay tortura ni maltrato en estas actividades, como tampoco podemos considerar maltratar a una res el hecho de torearla o correrla.

El problema se suscita cuando, durante la lidia, se usan utensilios tendentes a herir físicamente al animal con objeto de estimularlo o para que pierda fuerza y poder así someterlo. No debe escandalizarnos hablar de sometimiento, ya que todos los animales domésticos –y el toro bravo lo es- son sometidos a la voluntad o el interés del hombre: educamos al perro o al gato, domamos al caballo, ordeñamos las vacas u ovejas…

Sentada esta base de que el toreo sin herir a la res no es tortura o maltrato, podríamos preguntarnos ¿es tortura o maltrato el toreo cuando se hiere al animal?

Es necesario aclarar aquí que a la res bovina, durante la lidia, no se le hiere por placer o de manera indiscriminada. Existen dos situaciones en las que se hiere a los animales de lidia: en el tentadero y en la corrida. En el tentadero de eralas (becerras de dos años de edad) se las hace entrar al caballo de picar varias veces hiriéndolas con una pequeña puya que solamente pincha su piel sin alcanzar tejidos más profundos, por lo que apenas sangran. Se trata de una compleja evaluación de su comportamiento en el caballo para poder valorar su bravura y sólo se hace una vez en su vida. El tentadero es la base de la selección genética de la raza bovina de lidia.

La raza de lidia es de las pocas que el hombre ha seleccionado atendiendo a sus características comportamentales y no estéticas o productivas. Precisamente, el comportamiento es uno de los aspectos más difíciles de fijar en la selección genética. Podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que esta raza es todo un prodigio genético conseguido por los ganaderos españoles durante cientos de años para un fin concreto: crear un animal fiero pero capaz de embestir con nobleza para lograr una estética muy particular, que podrá gustar o no, pero que es única.

La otra situación en las que se hiere a los animales de lidia es en la corrida (básicamente toros y utreros), siendo tres las fases de la lidia en las que se usan utensilios para quebrantar al toro. La primera es la suerte o tercio de vara, donde se utiliza la puya, la segunda es la suerte de banderillas y la tercera es la suerte suprema, donde se emplea el estoque para dar muerte al toro.

Técnicamente es necesario herir al toro con la puya para quebrantarlo y ahormar su embestida, y por supuesto no se hace para hacer daño al toro por el gusto de verlo sufrir como algunos arguyen. El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) define la palabra quebrantar como “Disminuir las fuerzas o el brío; suavizar o templar el exceso de algo”. En este caso el toro es llevado al caballo para que suavice su embestida y pueda ser toreado con más temple, lo que dota al toreo de mayor belleza artística. Un toro sin picar suele ser mucho más bronco en la embestida, cabecea más y lleva la cara más alta, dificultando la lidia. No obstante, esta suerte está muy vigilada y legislada, comprobando la autoridad las dimensiones de la puya, el peso de los caballos, el número de varas a que se somete un toro, etc.

Tal vez esta suerte debería ser revisada a la luz de la genética actual del toro, ya que la bravura alcanzada hoy día hace que los animales se fijen y empleen más profundamente en el caballo (gracias a la selección genética que apuntábamos) entregándose más, lo que va en detrimento de las siguientes suertes. Además, debería regularse el lugar anatómico en el que se coloca la puya, debiendo realizarse preferiblemente sobre el morrillo, que es donde menos daño hace y donde mejor se ahorma la posición del cuello y cara durante la embestida. Estos aspectos deberían ser debatidos técnicamente con mayor profundidad.

Por su parte, las banderillas tenían como función técnica la de excitar la bravura de los toros tras salir del caballo y antes de la faena de muleta, especialmente en los inicios de la fiesta cuando la casta del ganado de lidia era bastante exigua. Hoy día tienen como objetivo el lucimiento artístico por lo que, si la suerte no se hace bien, sería preferible obviarla, evitando un sufrimiento innecesario del animal.

Es recurrente la pregunta de si el toro sufre o no durante la lidia. La respuesta es que sí. En una lidia sin herir, existe un cierto sufrimiento psicológico, como ocurre cuando sometemos o contrariamos a cualquier otra especie animal, incluida la humana. En la lidia del toro con picadores, es innegable que existe dolor, aunque la descarga de adrenalina hace que este alcance unos niveles casi inapreciables para el toro. Algo parecido ocurre al contrario, cuando, en el fragor de la lidia, el torero apenas se duele de una cogida. La gran mayoría de los toros indultados en la plaza se recuperan fácilmente y no se aprecian en ellos secuelas físicas o psicológicas, manteniendo luego comportamientos totalmente normales.

Finalmente, la suerte suprema, la muerte del toro en la plaza, es consustancial a la tradición española desde antes del siglo XII. Este aspecto es uno de los que más molesta a los abolicionistas, que abominan la muerte del animal. Pero es necesario detallar aquí que todos los toros, se lidien o no, son siempre sacrificados. Se habla de que en Portugal no se mata al toro, pero también se hace, apuntillándolo en los corrales.

¿El toreo es tortura?

Debemos echar mano de nuevo del diccionario de la RAE para encontrar la definición de tortura; en él, se la define como el “Grave dolor físico o psicológico infligido a alguien, con métodos y utensilios diversos, con el fin de obtener de él una confesión, o como medio de castigo”. Como vemos, utiliza el pronombre indefinido alguien, que se refiere a personas; no obstante, podríamos aplicarlo también a los animales. Pero deducimos que la lidia no es tortura, ya que no se trata de causar dolor para así dar castigo al animal por algo malo que haya hecho. Bien al contrario, cuando se hiere al animal durante su lidia, o es con fines de selección genética y por tanto zootécnica, o es para conseguir ahormar la embestida de un animal poderoso y poder expresar así un arte apreciado por multitud de personas y personalidades de las artes, de las letras y de las ciencias a través de los tiempos. Otras personas, en cambio, no ven aquí arte. Es cuestión de sensibilidades.

Por su parte, la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, en sus artículos 173 y siguientes que tratan sobre “las torturas y otros delitos contra la integridad moral” tampoco contempla a los animales como objeto de tortura.

Al toro se le hiere durante la lidia, pero no para causarle dolor, sino por motivos que tienen un fin concreto y sujetos a estrictas normas legales. Por estas razones estimamos que el toreo no puede considerarse tortura.

¿Es el toreo maltrato animal?

Recurrimos otra vez al diccionario de la RAE, donde la palabra maltrato aparece definida como “Tratar mal a alguien de palabra u obra”. Una vez más utiliza el pronombre alguien, pero apliquémoslo a los animales.

¿Realmente tratamos mal a las reses de lidia? Definitivamente no, más bien todo lo contrario. La cría de las reses de lidia es una de las más naturales que se efectúan en las especies domésticas, habitualmente en parajes de gran valor medioambiental. Se respetan con pulcritud la etología, la alimentación, la genética, la sanidad y todo el manejo natural que se realiza.

Por ejemplo, en una explotación de vacas de leche, estas son inseminadas artificialmente en el celo y ordeñadas hasta unos dos meses antes del parto; los terneritos suelen separarse de la madre nada más nacer y son criados con leche en polvo adecuada. Tras tres a seis meses (depende del tipo de destete), pasa a los corrales de transición y cebo hasta que alcanzan el peso de venta con unos 14 meses. Durante todo este tiempo, madre y ternero son tratados con todo mimo y cuidado, cumpliendo todas las normas de bienestar y sanidad animal.

Lo mismo ocurre con las reses de lidia, sólo que los lotes de vacas son apartadas con un semental durante el periodo de cría y los becerros se destetan de sus madres de manera natural a los 7 u 8 meses de vida. Luego pasan a los cerrados con animales de su mismo sexo y edad. Las hembras son tentadas con unos dos años y si no demuestran nobleza y bravura son cebadas y sacrificadas humanitariamente en un matadero; en caso contrario son dejadas como vacas nodrizas hasta que mueren de viejas. Mientras, los machos son separados en corridas con unos 3 años de edad (utreros) y suelen ser toreados con 4 o 5 años (toros). Creemos interesante reseñar que sólo mueren en la plaza alrededor de un 10 por ciento de la ganadería; el resto o mueren en el campo de manera natural o son sacrificados en el matadero.

La cría y manejo del toro de lidia, desde que nace hasta que sale por los chiqueros de la plaza, puede ser considerada como el paradigma del bienestar animal.

Pero es que en un encierro o en una capea donde los animales corren libremente en un circuito campando por sus respetos y dando rienda suelta a sus instintos y donde en absoluto son heridos, tampoco hay maltrato.

Además, durante el traslado, los camiones y las condiciones del viaje y alojamiento deben cumplir la estricta normativa europea de bienestar animal, siendo esto comprobado y vigilado por los servicios veterinarios autorizados y por la autoridad gubernativa y policial. Todo está absolutamente legislado en materia de bienestar y sanidad animal hasta la muerte del toro.

No debe escandalizarnos la matanza o sacrificio de los animales. El Homo sapiens, como especie, tiene todo el derecho del mundo a matar otras especies para su interés, como lo hacen el gato, el león, el lince o el águila. Nosotros, en vez de matar, empleamos el eufemismo sacrificio, porque se hace de la manera más humanitaria posible. La matanza de animales está enormemente reglamentada en todos los países civilizados, cumpliendo todos los estándares que garanticen una muerte digna.

Teniendo todo esto en cuenta, podríamos considerar maltrato no la lidia o el toreo en sí, sino cuando se hiere al animal durante la lidia, siendo especialmente desagradable para algunas personas cuando el toro muere en la plaza. Pero es que la otra opción es morir humanitariamente apuntillado.

Aquí me permito una licencia subjetiva… ¿es una muerte digna para un toro bravo morir apuntillado en un matadero? Precisamente creemos que la muerte en la plaza es lo que más se merece (lo más digno) un animal que ha sido altamente seleccionado y criado expresamente para pelear y defender su vida en una plaza de toros ante un torero, creando así un profundo sentimiento (para muchos, artístico, aunque para otros no lo sea). La muerte de un imponente toro bravo apuntillado en un corral o en un matadero sí que nos resulta una muerte indigna para él, ya que cercenamos su razón de ser. A otras personas, por el contrario, les resulta abominable la muerte del toro en la plaza. Como ya hemos comentado es cuestión de sensibilidades.

Como también es cuestión de sensibilidades el aborto o ‘sacrificio’ de embriones humanos; o la eutanasia o ‘sacrificio’ de personas terminales. A unas personas su sensibilidad les lleva a tomar una posición y a otras les lleva a la contraria.

Dice Francis Wolff(1), catedrático de Filosofía en la Universidad de París: “Sólo hay un argumento contra las corridas de toros y no es verdaderamente un argumento. Se llama sensibilidad… La sensibilidad no es un argumento y sin embargo es la razón más fuerte que se puede oponer contra las corridas de toros… pero ¿la sensibilidad de unos puede bastar para condenar la sensibilidad de otros?”.

 (1) Francis Wolff . 2010. 50 razones para defender la corrida de toros. Ed.: Campo Bravo SL. Madrid. pp 9-10.

Fuente: http://www.portaltaurino.net/enciclopedia/doku.php/veterinarios



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