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La saltillera de Fermín Espinosa "Armillita"
Invención del Fermín Espinosa, el iniciador de la larga dinastía de los "Armillita" que llega hasta nuestros días, la saltillera es un pase con el capote en el que su inventor se situaba de perfil de frente, con el capote a la espalda, para vaciar la embestida con un movimiento bastante similar a lo que luego fue la manoletina. La comenzó a instrumentar al final de su carrera profesional y de forma habitual solía darla por el pitón derecho, para acabar el quite con una revolera.
Actualizado 7 agosto 2012  
Redacción   

Fermín Espinosa “Armillita”, creador de toda una dinastía torera que llega a nuestros días, su saltillera bien podría definirse como una manoletina con el capote a la espalda.  Según el maestro mexicano, para su ejecución el torero debe colocarse  de frente, con el capote a la espalda como para realizar una gaonera. Cita con los pies juntos y cuando el toro llegaba a su jurisdicción hacía un movimiento de los brazos para arriba para torearlo dándole salida. El capote pasa por el lomo del toro mientras el torero gira sobre sí mismo para quedar bien colocado y poder ejecutar la siguiente.  Habitualmente, su creador las daba siempre por el mismo pitón. Como quite, la saltillera es una suerte relativamente encilla de ejecutar, pero muy vistosa.

Su hijo Miguel le contaba a José Luis Román, para su libro ”Todas las suertes por sus maestros”, que “la saltillera la inventó mi padre ya al final de su carrera. Es una suerte sencilla de ejecutar. El remate lógico de esta surte es la revolera, aunque en ocasiones también lo hacía con una caleserina. Para ejecutar esta suerte, mi padre no se echaba el capote  la espalda con un medio farol, sino que habitualmente ya iba hacia el toro con el capote cogido por detrás. Normalmente, lo solía hacer por el pitón derecho”.

Como es bien conocido, el torero de Saltillo –de ahí el nombre que dio a la suerte de su invención--, que pasó a la historia como el torero que más joven alcanzó la alternativa en su tierra, ha sido uno de los espadas mexicanos que mayor cartel consiguió en los ruedos españoles. Coetáneo de Marcial Lalanda, con compitió muchas tardes, de este torero siempre se recuerda por lo insólito una tarde de julio de 1932 cuando en la antigua plaza de Madrid, la situada en la carretera de Aragón, le cortó una oreja a un toro de Aleas después de haber pinchado hasta siete veces, después de una faena toa ella sobre la mano izquierda que aún se canta.

Considerado sucesor de Rodolfo Gaona, en la etapa en la que el toreo mexicano estaba capitaneado por Lorenzo Garza, Silverio Pérez y Luis Castro “El Soldado”, a lo largo de 25 años “Armillita” toreó un total de 838 corridas de las cuales 338 las realiza en España, pese que en un momento se rompió el acuerdo hispano-meixcano y tuvo que regresar a su país..

Sus partidarios contaban que en sus tardes memorables de Armillita parecía que flotaba en la arena y que aquel espectáculo era como una danza artística, pausada y poética, llena de misticismo, que iba del derroche de habilidades, al éxtasis que se desbordaba en una apasionada admiración por el arrojo de su valentía.

Pero sin duda alcanzó la categoría de torero universal, dominador de la lidia y de todas sus suertes, que tan sólo sufrió una sola cornada en toda su carrera. Dicen que toreaba con la cabeza fría y el corazón caliente, y la verdad es que se mostraba especialmente hábil tanto con  el capote y la muleta, pero también dominaba el tercio de banderillas, en el que todo lo hacía con tanta naturalidad  que daba la impresión de que cualquiera podía realizarlo de la misma forma.

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