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Un ensayo del profesor Marcos García Ortiz
Amadeo de Saboya y la Fiesta de los toros
"Amadeo de Saboya y los toros" es un ensayo escrito por Marcos García Ortiz, profesor de lenguas clásicas, excelente aficionado y documentado estudioso de la Tauromaquia española del siglo XIX. Es un exhaustivo estudio sobre la Tauromaquia hispana y la monarquía en uno de esos peculiares periodos de nuestra historia, en el que, destronada Isabel II, reina un italiano: Amadeo I y gobierna un republicano: Manuel Ruíz Zorrilla. Se trata de una temática que el autor aborda con una amplia documentación y que compone en su conjunto una aportación muy interesante para una etapa de la Fiesta que ha sido poco divulgada.
Actualizado 13 julio 2013  
Redacción   
 ENSAYO: Amadeo de Saboya y los toros (Tamano: 1,7 Mb.)

El primer contacto de Amadeo de Saboya con la Fiesta de los toros  tuvo lugar en 1865, en Portugal, donde se encontraba con ocasión del bautizo de su sobrino Alfonso Enrique, nacido el 31 de julio, hijo de su hermana María Pía, reina de Portugal, llegó a Lisboa el 13 de agosto. Además de atender a compromisos familiares y oficiales, aprovechó la ocasión para acudir a la Exposición Universal que se celebraba en Oporto y asistir a una corrida de toros.

Unos días después, en su paso por España de regreso a Italia, el domingo 3 de septiembre. Es mismo día por la tarde  el príncipe Amadeo, que estuvo acompañado en el palco número 29 por el marqués de Tagliacarne y otros miembros de la embajada italiana, pudo contemplar una corrida de toros en toda su integridad: caballos sin protección –murieron ocho–, quites, la preparación del toro con la muleta, la muerte del toro y el posterior arrastre de caballos y toros. Toreaban aquella tarde Cayetano Sanz, Antonio Sánchez (Tato) y Gonzalo Mora. El séptimo lo mató el sobresaliente Mariano Antón.

Seis años más tarde, el 27 de diciembre de 1870, Amadeo de Saboya  llegaba al puerto de Cartagena, para trasladarse a Madrid y ser promulgado rey, en virtud del acuerdo aprobado un mes antes por las Cortes constituyentes de 1868.

Con motivo de la coronación del joven rey en 1871 no se dieron corridas reales. Los anteriores reyes de España habían celebrado tan importante acto con todo tipo de festejos, entre los que no podían faltar corridas de toros organizadas de la manera más ampulosamente posible.

Memorables fueron las celebradas en la plaza Mayor de Madrid los días 22, 23 y 24 de septiembre de 1789, en las que con motivo de la exaltación al trono de Carlos IV fueron reunidos los tres toreros más famosos del siglo XVIII: Pedro Romero, Costillares y Pepe-Illo. Años más tarde se festejó con corridas reales la entrada de Fernando VII en 1808, la vuelta a Madrid de los reyes José I y Julia Clary en 1811, el regreso del Deseado en 1814 y la declaración de mayoría de edad de Isabel II en 1843.

En el caso de Amadeo I no es excusa que su coronación se produjera en un mes tan poco propicio para corridas de toros como enero. Las corridas reales celebradas por la boda de Alfonso XII con su prima hermana María de las Mercedes de Orleans, se celebraron el 25 y 26 de enero de 1878 y la segunda boda de dicho monarca el 1 y 2 de diciembre de 1879.

Este dato nos proporciona un primer indicio de la frialdad y el comedimiento con que se recibió el nuevo reinado. Pasado el invierno, especialmente duro aquel año, llegó el domingo de Resurrección y comenzó la temporada taurina de la plaza de Madrid. Este festejo, que tuvo carácter extraordinario, fue el primero al que asistió; se corrieron seis toros colmenareños de D. Antonio Hernández que estoquearon Lagartijo, Currito y Frascuelo, los espadas contratados para la temporada taurina de Madrid.

El rey fue aplaudido al presentarse en su palco, acompañado a su derecha por el duque de Tetuán y a su izquierda por el general Rossell. Para instruir al monarca y explicarle las incidencias de la lidia se dispuso que un empleado estuviera a su lado durante el festejo. A las cuatro y media las cuadrillas hicieron el paseo y, tras cumplimentar a la presidencia, los tres espadas fueron al palco real para saludar en persona al rey.

El primer toro de esta histórica tarde se llamaba Ventanero, berrendo en negro, botinero y corniabierto. Tenía mucho poder e hizo una buena pelea en las once varas que recibió. Una de ellas la brindó al rey el picador José Marqueti. Lagartijo, de turquí y oro. La corrida fue desarrollándose con agrado del público madrileño y, según parece, también del monarca, quien se retiró del palco cuando tocaron a muerte en el sexto toro.

Por su parte, la Reina  contempló por primera vez un espectáculo taurino el 16 de abril de 1871, en la segunda de abono, poco más de un mes después de que llegara a España.

A la última corrida que asistió siendo rey de España se celebró en Madrid el 7 de julio de 1872, que era la última anunciada en el primer bono de esa temporada. La historia cuenta que el festejo en conjunto fue bueno, sobresaliendo el primero y el sexto toro. El viejo Cayetano Sanz, que últimamente había tenido actuaciones no muy lucidas, estuvo más acertado que otros días. Lagartijo toreó de muleta muy parado, se mostró activo en los quites y muy bien con la espada. Frascuelo gustó mucho al matar en la suerte de recibir al sexto toro, último que vio el Rey vio lidiar en su corto reinado.

Una muestra del diferente agrado que marido y esposa sentían por las corridas de toros nos lo da el número de festejos a los que asistieron: durante el tiempo que duró su reinado --que concluye con la renuncia presentada en febrero de 1873-- Amadeo I presenció quince, mientras que la Reina María Victoria sólo cinco.

De cuanto taurinamente se produjo durante todo este periodo trata el documentado ensayo del profesor Marcos García Ortiz, suyo texto íntegro puede consultarse en el adjunto archivo, que se presenta en formato PDF para una más cómoda lectura.

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