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En la temporada de 1947
Aquellos mano a mano de Manolete y Pepe Luís que nunca se celebraron
Manolete y Pepe Luís, en una imagen de "El Ruedo"
Era la primavera de 1947 cuando Pepe Luís respondió a unas declaraciones que había hecho en México "Manolete". Había dicho el torero cordobés que los asuntos taurinos se resuelven en las Plazas de Toros y no los despacho". Compartiendo tal criterio, Pepe Luís se ofreció a torear unos cuantos mano a mano con Manolete, en plaza relevantes y con ganaderías renombre. Nunca se llegarían a celebrar. Este año de 1947 no coincidieron ambos toreros ni una sola tarde, cuando en su historia habían compartido hasta entonces 140 paseíllos, entre ellos un mano a mano en Bilbao en 1945 con toros del conde de la Corte. Pero en 1947 Manolete no pisó la Maestranza, a Madrid sólo fue a la Beneficencia y en agosto llegó la tarde de Linares. El Ruedo recogió la propuesta de Pepe Luís.
Actualizado 12 marzo 2016  
A. de M.   

La temporada, como dlrían los clásicos, se pone pero que muy buena. Ciertas cosas que ocurren en el mundillo taurino han elevado al máximo el interés. Con todo esto, los aficionados, los simples aficionados, salen ganando. Parece que vuelven las mejores competencias. Aquellas competencias que tanto brillo dieron a la Fiesta. Ahora parece que vuelven aquellos tiempos clásicos, por los que el aficionado clamaba desde su tertulia y desde su tendido.

Estas divagaciones vienen a cuento de...

Pero es mejor que diga antes que las competencias sólo las pueden establecer las grandes figuras del toreo. Hace muy poco tiempo, Manolete, con motivo de la ruptura del Convenio taurino hispano-mejicano, envió un telegrama que decía así: "Los asuntos taurinos se resuelven en las Plazas de Toros y no detrás de las mesas de los despacho".

Pepe Luis Vázquez, figura del toreo como el que más, se sonrió al leer esto, y, arrastrando un poco las eses, dijo con gran sencillez:

--Yo estoy dispuesto a torear mano a mano con Manolete en Madrid o Sevilla.

Esta declaración de Pepe Luis revolucionó e! ambiente taurino. Las palabras del diestro  de San Bernardo se publicaron en la Prensa sevllana..., y el periodista, para servir a sus lectores, no tuvo más remedio que llamarle a Sevilla, por conferencia telefónica.

Nuestra conversación, a través del hilo, fué la siguiente:

--He leído una cosa tuya...
--Efectivamente, es mía.

--Lo sé. pero yo quiero que me digas algunas cosas más para el periódico.
--Pues nada..., pregunta lo que quieras.

--¿Por qué razón has contestado al telegrama de Manolete? ´
--Porque comparto la opinión de Manolete. ¡Que en los ruedos es donde se resuelven los asuntos taurinos?... Efectivamente, creo que  es así. Las grandes figuras de la Fiesta  hicieron lo mismo. Para darla esplendor con su competencia, con su honrada competencia. Y si esto creo, lo justo es que lo diga y no me lo calle... ¿No te parece?

--Tu posición, Pepo Luis, es noble...
--Perdona que te interrumpa; pero es que te tengo que decir que en este sentido, consciente de mi responsabilidad en el toreo, por el puesto que en él ocupo, para mí sería un honor el que sus palabras fueran una realidad, y recogiendo su argumento, quiero hacer público que estoy dispuesto a torear con él dos, cuatro o seis corridas en cada una de las Plazas de Madrid o Sevilla, en los próximos meses de mayó y junio.

--Con toros…
—Los toros, caso de aceptar Manolete, podrían ser de prestigiosas ganaderías, tales como Miura y Pablo Romero, entre otras.

--Con lo que el público….
—Se mentiría satisfecho. Es indudable que estas Plazas que te señalo son las cátedras del toreo del mundo, y volverían a ser escenario de las más nobles y honradas competencias. Así tendríamos, como escenario, la Plaza; como juez, la afición en los tendidos, que en realidad debe ser la que mande en la Fiesta. Y en el ruedo tendríamos el toro, el auténtico toro, como testigo de excepción.

--¿Alguna cosa más, Pepe Luis?
--Creo que ha llegado el momento de abandonar la comodidad de los que somos figuras y hay que volver, como siempre hicieron los toreros de otras épocas, a torear en Madrid los meses en que los toros, tienen toda su pujanza —abril, mayo, junio— y no esperar a las cómodas corridas benéficas de julio y septiembre.

Hace falta «que los públicos juaguen nuestras actuaciones con un conocimiento exacto de nuestra valía, por la prodigalidad de nuestras actuaciones en Madrid, principalmente, y en las ferias de importancia, como Sevilla, Valencia, San Sebastián, Bilbao y otras.

Yo pienso torear en Madrid; pero condicionaré mi actuación en las corridas primaverales, si todos acuden a la cita, y si "éstos" no vienen, pediré el privilegio de tener mejores derechos que nadie con relación a las corridas de "tronío".

Si la Empresa de Madrid no impone la defensa Je ]a Fiesta y de la afición, me vería obligado a adoptar la actitud que adopten los demás. Es decir; reservaré mis actuaciones para las corridas benéficas. ¡A nadie le amarga un dulce!

Y cuando Pepe Luis Vázquez terminaba de hablar, la señorita anunció:

—Doce minutos...
—Corte, corte, señorita —dije--, porque la conferencia la había puesto yo.

En unas cuartillas tenía las declaraciones que me acababa de hacer Pepe Luis Vázquez. Las revisé con cuidado, y con mayor cuidad> las mandé luego al taller, con una grave recomendación al regente del taller:

--Cuídelas..., que no se pierdan.

--Tan importantes son?
--Sí. Tratan de Pepe Luis Vázquez, y en ellas dice el torero de San Bernardo que está dispuesto a torean seis corridas mano a mano con Manolete.

Y el buen hombre, que es un gran aficionado a los toros, se frotó las manos y exclamó entusiasmado:

--¡Es maravilloso!
--Pues nada, amigo mío, si esto se realiza, usted y todos los aficionados se lo tendrán que agradecer a ese portento que se llama Pepe Luis Vázquez.

--Que es mi torero...—me contestó el buen hombre.

El Ruedo, 6 de marzo de 1947

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