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Rafael Ortega: la exigencia de cargar la suerte
"El natural no es puro si no se carga la suerte. Yo lo he dado así siempre que he podido. Ahí está la pureza y el riesgo. Quizá por eso me gusta tanto el natural, por su "sencillez". Al toro que viene humillado hay que llevarlo en el natural largo y metido en la panza de la muleta hasta el remate.. ". (Rafael Ortega, en "El toreo puro")
Actualizado 1 noviembre 2011  
Redacción   

Editado en 1986 por la Diputación de Valencia, “El toreo puro” es uno de los libros de lectura más recomendable. En este pequeño volumen Rafael Ortega explica con detalle su teoría del toreo. Y así, al explicar su concepción del toreo con la muleta, pone por delante de todo la necesidad de cargar la suerte:  El toro tiene que venir humillado, metido en la panza de la muleta y con la suerte cargada. La mayor parte de los toreros lo que hacen es descargar: tú citas por un lado o por otro y, en vez de echar para adelante la pierna contraria, lo que haces es echar la otra para atrás; y eso no es cargar, es descargar. El toreo bueno es aquél en que cargas la suerte y apoyas el peso sobre la pierna contraria; y la última parte del pase ha de permitir que el toro te deje colocarte de nuevo sin modificar el terreno

Y Ortega continuaba explicando: “El otro gran pase con la izquierda es el de pecho. Últimamente he leído que si esto o que si aquello, que si el hombro contrario, que si el círculo...Desde luego, si el toro describe un semicírculo mejor, porque se le lleva más tiempo toreado, pero cuidado, sin descargar la suerte. Lo verdaderamente importante aquí es cargar la suerte con el pecho, echando el peso para adelante, por eso se le llama pase de pecho”. Hay muchos que lo dan tirando del pecho para atrás o que se quedan muy derechos, muy tiesos, y no es así: lo característico, lo puro es echar el cuerpo para adelante dando el pecho. Al iniciar el pase con la mano baja, para que el toro venga humillado, hay que echarle el pecho adelante al toro y luego, cuando le vas marcando el viaje, el animal debe pasar casi rozándotelo; en la salida, el codo del torero tiene que deslizarse por encima del lomo del toro hasta que éste pasa tan largo cual es de cabeza a rabo."

Pero por delante el torero de la Isla ponía una condición fundamental: "Para mí es importante algo previo, citar, o sea, echarle el trapo para adelante al toro. Llamarlo con la muleta quieta no es citar. También es malo llamarlo con el zapatillazo. El torero que lo da no es buen torero porque eso es robar el pase, es la muleta la que tiene que adelantarse y citar. Así que lo que yo veo, para hacer el toreo puro, es esta continuidad: citar, parar, templar y mandar, y a ser posible cargando la suerte"

A la hora de definir como se construye una faena, no era menos explicito: "Con la muleta hay pocos pases clásicos y puros, pero los verdaderamente fundamentales son los que pide el toro. Desde luego, lo primero que tiene que hacer el torero es procurar no cortarle el viaje al toro con la muleta. Como ya he dicho antes, el torero tiene que dominar siempre al toro, pero llevándolo largo; el torero que se va a la oreja del toro, para castigarlo, no torea. La embestida ha de llevarse lo más larga que se pueda, pero con naturalidad, sin la reolinas dándole vueltas al toro. Dar los pases totalmente en redondo, eso no es el toreo; eso les gusta hoy a los públicos pero a mí no: el pase debe darse, cuando más largo mejor, pero con cite y con remate, y quedándose uno colocado para ligar el siguiente."

Pero esta concepción tan pura del toreo no todo lo permite:  “A un toro que lo cites, lo pares, lo mandes y le pegues así veinte pases llevados y arrematados, no te aguanta ni ochenta ni cuarenta porque se te rompe antes. La cuestión es que todos los pases tienen que darse dominando, mandando, y si es así, sea el que sea, el pase quebranta al toro. Los que no quebrantan son los que se dan con la muleta arriba, en donde el toro no echa la cabeza abajo, o los medios pases, y esto referido sólo a la muleta".

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