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A propósito del centenario del Club Cocherito
El ejemplo del club más antiguo del mundo
Cuando en la década de los años 50 se produjo la crisis económica de la Junta Administrativa de la Plaza de Vista Alegre, de Bilbao, los cocheristas se hicieron cargo en 1952 de la organización de las Corridas Generales. ►Su experiencia resultó modélica pero, tras dos años como responsables del abono, la Junta Administrativa prefirió entregar la gestión de la Plaza a los empresarios del coso de Madrid.
Actualizado 10 agosto 2010  
Tomas Villegas   
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Ellos eran la representación más genuina de la afición bilbaina, conocidos en toda la geografía taurina. Sus nombres constituyen una parte insustituible de la historia taurina de Bilbao.
 
En el recuerdo queda el nombre entrañable de Esteban Macazaga ‑‑que firma "Desteñido" en sus crónicas taurinas‑‑, de Carmelo Sánchez Pando, de Silvino de Diego, de Dionisio Alvarez, de Juan Meaza, a los que hay unir los de Pedro Villarejo, Gregorio Martínez Casado, Julio Ruiz de Velasco, Rodolfo y José María Cardenal, José Luis Larrabeiti, Mariano San Martín, Enrique Bartolomé, José Tapiz del Castillo, José Luis Tejada, José Orizaola, Víctor Bilbao y Gregorio LLadó.
 
En total, 18 cocheristas que se hicieron cargo de organizar el abono bilbaino cuando nuestras Corridas Generales hicieron aguas en sus cuentas y la Junta de Administrativa de entonces temió por los números rojos.
 
El final de la década de los años 40 y el comienzo de los 50 no fueron ejercicios económicamente buenos para la Plaza de Toros. Especialmente el de 1951, cuando la Junta Administrativa se hizo responsable de la organización del abono de agosto. El riesgo de entrar en perdidas, dependiendo como dependían entonces de dos instituciones benéficas privadas, les llevo a ceder en arriendo la Plaza de Vista Alegre.
 
En este momento de crisis dieron su paso al frente los 18 bilbaínos que quisieron denominarse "Grupo Club Cochero", que aun manteniendo las señas de identidad del decano de los Clubes taurinos del mundo, se constituyeron en sociedad independiente para ser ellos personalmente, y no su Club, los que corrieron con los riesgos económicos de la aventura taurina.
 
La aventura no pudo ser más brillante. Ni más rentable para las instituciones benéficas, porque los cocheristas, al acabar su etapa empresarial, les hicieron entrega hasta de la ultima peseta que habían conseguido como beneficio de los dos abonos de agosto que organizaron. En total, 1.370.660 pesetas de las de entonces.
 
Esa es la hazaña. Cogieron una plaza en perdidas, la pusieron en beneficios y, además, donaron el beneficio concedido. Quizás eso fue, precisamente, lo que alguno de los integrantes de la Junta Administrativa de Vista Alegre no terminaron de asimilar. De hecho, cuando correspondía renovar la concesión, prefirieron entregar los destinos de Vista Alegre a la empresa de la Plaza de Madrid, que la experiencia demostró posteriormente que era una de las peores soluciones posibles.
 
Pero el milagro económico no era fruto de la casualidad. Los hombres del Cocherito supieron, ante todo, constituir una empresa taurina con visión moderna, con capacidad para atraer espectadores a Vista Alegre.
En esta línea de innovación, tuvo un gran eco la implantación de los abonos de pago fraccionado, merced al cual muchos aficionados podían adquirir sus localidades pagando de duro en duro a lo largo de todo el año. Y todo ello, además, con una amplia red de puntos de venta, mediante el acuerdo con establecimientos comerciales y sociedades. Fue una novedad de enorme éxito, que ya al año siguiente copiaron no pocas empresas taurinas del resto de España.
 
Pero el Grupo Club Cocherito se preocupo también de acicalar la Plaza, rodeo de mayor lujo el propio espectáculo con la incorporación de los timbales y clarines, la confección de banderillas y divisas de lujo, la convocatoria de premios ganaderos y taurinos y la preparación de una carteleria de gran formato y colorido.
 
En lo propiamente taurino, ya en su primer año de gestión ‑‑el de 1952‑‑ aumentaron en una las corridas del abono, pasando a ser cinco los festejos del ciclo.
 
En cuanto a resultados, el abono del 52 registro los triunfos de Antonio Ordoñez y Rafael Ortega; el del 53, los éxitos mayores correspondieron a Pedrés, Rafael Ortega, Antonio Ordoñez y el mejicano Juan Silveti.
 
Documentación
 
EL DECANO DE LOS CLUB TAURINOS DEL MUNDO
 
Fundado en Bilbao el 20 de noviembre de 1910, bajo el impulso de Andrés Santos ‑‑el adelantado de Castor Jaureguibeitia en Bilbao‑‑ y Mariano Vicente ‑‑conserje de la Escuela de Ingenieros‑‑, el Club Cocherito es en la actualidad, con el Club Taurino de Murcia, el decano entre todas las entidades taurinas del mundo.
 
Nacido como consecuencia del entusiasmo que el torero bilbaino levantaba entre sus paisanos, su primera sede social estuvo en la calle del Arenal, encima del Café del Comercio y al iniciar sus actividades contaba ya con 500 socios. Tuvo que superar no pocas vicisitudes económicas, entre ellas las suspensiones de pago de El Crédito de la Unión Minera y del Banco Vasco, hasta el punto de que necesito 34 años para saldar sus cuentas. Pero los cocheristas sostuvieron a su club con entusiasmo frente a la adversidad.
 
LOS BILBAINITOS
 
El cariñoso apelativo fue obra del critico Antonio Díaz Cañabate, celebrado escritor costumbrista. "Los bilbainitos" eran Esteban Macazaga, Sabino Inchaurza y Carmelo Sánchez Pando, a los que también se unían Silvino de Diego y Dionisio Alvarez. Un grupo personalisimo de amigos que, como dejo escrito Germán Azumendi, "tenían el talismán de abrir las puertas más infranqueables".
 
Pero también se les habría podido denominar los embajadores del taurinismo bilbaino y del propio Bilbao, porque allá por donde iban ‑‑y rara era la feria taurina en la que no estuvieran presentes‑‑ daban fe de tres cosas: de una caballerosidad ejemplar, de un bilbainismo del mejor cuño y de una afición acrisolada.
 
En este grupo, podríamos decir que don Esteban Macazaga era la comprensión y la serenidad; don Sabino Inchaurza, la pasión y el entusiasmo; don Carmelo Sánchez Pando, la ecuanimidad y el criterio objetivo. Tres personalidades muy diferentes, unidas por una amistad entrañable.
 
El grupo de "los bilbainitos" se completaba con otro trío no menos singular: junto a Díaz Cañabate figuraban también el torero Domingo Ortega y el escultor Sebastián Miranda.

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