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Memoria del más grande de los toreros
La triunfal tarde madrileña de "Gallito", la de "los siete toros en siete cuartos de hora"
En este 1 de enero arranca el año de la conmemoración de José Gómez "Gallito", el más grande de toreros, herido de muerte en Talavera por el toro Bailaor el 16 de mayo de 1920. Para unirnos a esta efeméride comenzamos a rememorar momentos destacados de la vida del torero de Gelves. Y comenzamos con una tarde histórica, la de Madrid el 3 de julio de 1914, un viernes y laborable, circunstancia que no fue obstáculo para que los tendidos se llenaran. Fue la célebre tarde de "los siete toros en siete cuartos de hora" ; al arrastrarse el último de los toros colmenareños de Vicente Martínez, los aficionados le llevaron a hombros hasta el Hotel Palace.
Actualizado 1 enero 2020  
Redacción   

La crónica que aquel sábado 4 de julio de 1914, publicó el diario ABC concluía con la reproducción de un conocido verso de “Marcha triunfal”  de Rubén Darío:

“¡Ya viene el cortejo!
¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines
La espada se anuncia como vivo reflejo.
¡Ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines”.

Unos versos a los que seguía el siguiente texto:
“Este himno guerrero, de triunfo y de gloria, que escribiste, poeta Rubén Darío, para un presentido caudillo, necesitaba encarnar en un hombre valeroso y joven, despreciativo de la vida, si la vida no era el triunfo.

Tu marcha briosa, de clarines, oro, sangre, luz, victoria; tu marcha al héroe coronado por bellas mujeres que sonríen al vencedor; tu marcha, portea, es Joselito.

El solo, solo, solo, con diecinueve años y dos de alternativa, contrató 106 corridas y mató siete toros en Madrid.

¡Ya viene el cortejo! ¡El cortejo de los paladines! Poeta Rubén Darío, a tu marcha triunfal, para ser triunfal. le falta un estrambote: los siete versos de los siete toros que ha matado Joselito”.

Así lo vio Relance

Pues bien, la crónica de “Relance” sobre aquella tarde  en las páginas de “La Lidia” se  titulaba escuetamente “José Gómez “Gallito” mata siete toros en Madrid”, y se inicia directamente, como sin solución de continuidad con el propio titular. Respetando su propia ortografía y sintaxis, la crónica dice así:

Y los toreó de capa y de muleta, bregó, pareó y los mató sin una duda, sin asomo de vacilaciones, mostrándose artista, valiente, con recursos y facultades, vista, seguridad, dominio y EXPONIENDO.

Y tiró de repertorio y divirtió á la concurrencia, él sólito en siete toros, los cuales, además, no fueron cosa del otro jueves, haciéndoles lucir Joselito. Eso fueron ganando.

Pero vamos por partes.

Hizo ayer un día magnífico y hubo un llenazo tremendo, que valió mucho dinero á la Empresa y á los revendedores. ¡Pero esas autoridades!

Estuvo e! coso abarrotado, en época tan avanzada y en día laborable... ¡Para que ustedes vean!

A José, que vestía rico terno ceniza y oro, se le tributó cariñosa ovación al presentarse al público.

El ganado

Pertenecieron los siete bureles jugados á ia afamada ganadería coimenareña de los Heredera» de don Vicente Martínez.

De tamaño anduvieron desiguales, pues sobre todo el segundo y el sexto, bajaban bastante. En cambio, notábase igualdad en las cabeza y todos cornicortos. Pero eso sí, había peso en los astados, pues no dejaban de tener gordura y morrillo.

Me gustaron más que sus hermanos el primero y el tercero. Tres portaron solo regularmente, resultó peor el quinto y fué manso declarado el séptimo. ¡No se pueden dar propinas, señores de Martínez!

Entre los siete de Colmenar Viejo tomaron dos marronazos, siete varas de refilón y ventiuna á ley, que es muy poco. Como es menos que poquísimo, nada, once caídas y tres jacos arrastrados.

Tenían poder los moritos, pero no empujaban.

Las cuadrillas

Y no hay que decir que trataran mal las cuadrillas a los cornúpetos.

A los dos primeros sí: aquello fue infame. Camero y el Chano metieron una atrocidad de palo a Comedido, y el Chano abrió un rajón á Descarado y Camero le dio un puyazo bajísimo al lado contrario y de gran castigo. Ambos burós quedaron destrozados.

Pero á los otros cinco se les mimó de veras y se hizo lo imposible por no molestarles, para que conservasen bravura y facultades. Amén de lo que se les hizo lucir en fuerza de adornos y de arrimarse á ellos.   

Además, la lidia se llevó con orden perfecto, como hacía mucho tiempo que no la veíamos. Nada de barullo. Pocos capotazos y á tiempo.

En esto y en banderillas, fue el mejor Blanquet, como luego se dirá.

También bregaron admirablemente, aunque poco, Cantimplas y Chiquitín, que con los garapullos lo hicieron medianamente, así como sus demás colegas, excepto Almendro, que quedó regularmente el hombre.

Salvo las herejías apuntadas del Chano y Comero y ei irse Pinto á los bajos en el sexto, se picó bien en general, agarrando todos arriba, con Camero y Carriles á la cabeza, y pegándole al tercero bastante, así como poco á los siguientes, por ser ya mas blandos.

A Camero se le ovacionó justamente en el séptimo, por su buen arte. Aunque yo no estoy conforme con lo de tirar al burel sombreros y gorras para hacerle cumplir. Al que es manso se le quema, y el castoreño es para resguardar la cabeza en las caídas,

El Algeteño, que salió de sobresaliente, tiró algún capotazo.

Sacó Joselito su cuadrilla y la de su hermano Rafael, ó sea:

Picadores: Salustiano Fernández Chano, Manuel Aguilar Carriles, Felipe Salsoso. Antonio Chaves Camero, Juan Pinto y un reserva.

Banderíleros: Fernando Gómez Gallo, Enrique Berenguer Blanquet, Francisco González Chiquitín, Manuel Saco Cantimplas, Manuel Alvarez Posturas, Enrique Ortega Cuco y Enrique Ortega Almendro, más el puntillero. 

Los servicios fueron buenos.

Ayer se lamentaban muchos de los destrozos hechos por los picadores a los dos primeros toros. No es culpa de los varilargueros, sino nuestra, que les dejamos salir á picar con esas lanzas. Yo llevo quince años escribiendo acerca del particular, y nadie me hace ocaso. Veremos si ahora se adopta la nueva puya.

Joselito

Estuvo en la brega y en los quites asombroso. Valiente, oportuno, inteligente é incansable,  ovacionándosele repetidamente. Hubo variedad de quites, y medias verónicas, y largas, y adoraos.

¡Y en la dirección! Maravilloso. Estaba en todo, ordenaba á jinetes y peones y aquello daba gusto verlo. Eso era un jefe sabiendo mandar y teniendo disciplinadas sus tropas, y éstas sabiendo obedecer. Y el mejor, bregando, le, con una o dos manos, según convenía.   

PRIMER TORO.- Lo veroniqueó regularmente,  y lo toreó de muleta cerquísima, valiente y mandando, por ayudados y altos, dándole, además, un molinete excelentísimo.

Siguió un bajonazo con vómito y hubo ovación y algunos pitos.

SEGUNDO.- Le instrumentó muy buenas verónicas y cogió, motu proprio, los palillos, que le hizo dejar el público, diciéndole que el bruto estaba medio muerto.

Dióle cuatro pases naturales (de ellos tres superiores} y varios ayudados y de trinchera, para tres pinchazos altos, pasarse una vez sin herir y descabellar al primer golpe, oyendo palmas.

TERCERO.- Le dió cuatro ceñidísimos y ovacionados recortes capote al brazo; y solo, le quebró limpiamente una vez sin clavar; le puso un par al quiebro superior; le cuarteó un par algo trasero, alegrando al morito, y uno colosal con los terrenos cambiados, estallando gran ovación.

Y solo y en los medios le obsequió con magnos ayudados altos y bajos, de molinete y trincheras de rodillas para escupir á Barrabas, cogerle los pitones y llevárselo, por tirones á la suerte natural.

Y en ella le metió media estocada ligeramente desprendida y trasera, sonando una ovación.

CUARTO.- Este se le fue del capote cuatro veces, sin querer las verónicas. Lo muleteó José con inteligencia, por ayudados, para hacerse con él en seguida sólo, en los medios, valiente y entre los cuernos.

Le acarició y le atizó media un poco trasera, seguida de enorme ovación y !a oreja.

Se llamaba el bicho Coralino, tenía el número 45 y era negro bragado.

QUINTO.- Se le ovacionaron en justicia las verónicas, un farol y una navarra. Y le colgó tres superiores y ovacionados pares de dentro á fuera.

Solo, dio á Nevadito preciosos pases ayudados, de pecho, de trinchera, altos y de pitón á pitón, y en las tablas una estocada corta (ya saben ustedes que es menos de media), alta y un poco pasada.

Después arreó en la suerte natural una honda, también sin otro defecto, que caer un poco atrás. (Ovación).

SEXTO.- Superiores y ovacionadas fueron las verónicas.

Cogió los rehiletes, salió una vez en falso, por quedarse el de Martínez, y Ie cuarteó dos soberanos y ovacionados pares, á toro parado.

Dio las banderillas á Blanquet, le preparó el toro, y metió el valenciano un par super, habiendo gran ovación para ambos.

Brindó Joselito á todo el público, desde el centro del anillo, y dio en los medios inmejorables ayudados, trincherillas y por alto, para una estocada caída y con derrame, que le valieron ia enésima ovaoión y la segunda oreja de la tarde, habiendo tardado poco más de hora y media en despachar la corrida completa.

Se llamaba el sexto Presumido, número 15 y era berrendo en negro aparejado.

Pero nadie se mueve de su asiento. Pide eI concurso ¡otro toro!, accede el muchacho y aparece un

SÉPTIMO.- De Martínez, y negro.

Le cuarteó un gran par, v hubo de hacer tres salidas falsas por la mansedumbre de Guapetón, al que Je puso un par impecable á la media vuelta.

Solo, le muleteó por altos y ayudados, sacudiéndole tres pinchazos altos, encogiéndosele el animal, y media un si es no es cruzada en sentido contrario.

Marró dos veces á pulso al intentar el descabello con el estoque, y acertó al segundo intento con la puntilla, á las dos horas de comenzar el espectáculo.

Salió en hombros, por la puerta grande, y se le hizo estruendosa ovación, así como fuera de la plaza y durante el trayecto hasta el Hotel Palace, á donde le siguió muchísima gente.

Final

Unos por exceso de castigo, otros pura falta de gas, llegaron los de Martínez quedados á la muerte.

No se les pudo recibir, y hubo que obligarlos para muletearlos y matarlos, todo lo cual lo hizo el Sabio solo y sin necesitar ayudas ni apenas algún capotazo.

El defecto de herir Gallito trasero se debe á que siendo alto, monta la espada demasiado arriba.

El y Blanquet trabajaron como leones y sudaron las taleguillas. Pero al final corrían y saltaban como diciendo:

--Podemos, ahora mismo, con otros siete toros, y con catorce y con una ganadería.

Me acordé mucho de Zaragoza, donde paso el año último exactamente igual, en el Pilar,  con una corrida, por meterse en la enfermería Gaona a la salida del primer toro

Blanquet fue ayer ovacionadísimo.

Cuando les salen bichos tan esaboríos á los matadores, nos solemos aburrir. Ayer nos divertimos. Si resultan bravos los de Martínez, ¿á dónde hubiera llegado Maravilla?

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José María Requena


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