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La base de la Feria de Otoño
La hora de Iván Fandiño: ¿el gesto de Madrid será suficiente para saltar al escalafón principal?
Dos tardes, dos encastes, dos compromisos importantes. Es la feria que ha firmado Iván Fandiño para el otoño madrileño. Llega en un momento muy importante, después de una campaña en la que ha protagonizado muchos de sus momentos estelares. Habrá que esperar a lo que ocurra en el ruedo venteño, que un día de toros encierra siempre muchas sorpresas. Pero si su gesto, importante como es, resulta triunfal, ¿entenderán las empresas que ha llegado el momento de incluirle en ese reducido núcleo de toreros que se anuncian en los carteles de lujo?, ¿aceptarán las figuras que en la mesa de los elegidos hay un comensal más al que hay que tener en cuenta? Estamos ya habituados a que triunfos importantes tengan luego muy pocos réditos. Pero que sea habitual no presupone que, además, sea justo.
Actualizado 7 septiembre 2013  
Redacción. Servicio de Documentación   
 La feria de Otoño marcará un listón importante sobre el estado de los abonos en Madrid

Los carteles de otoño en Madrid, que ya son oficiales, se basan en la apuesta de Iván Fandiño --que le honra-- y la ausencia de las figuras, incluidas las dos que apodera Taurodelta y sus socios, nada menos que Manzanares y Talavante, con los que ni siquiera se ha hecho, que se sepa, un amago de contratación, una realidad que por más que se repita no puede darse por buena o razonable.

La historia de la Tauromaquia nos deja ejemplos clamorosos. Conocido es el caso de “Gallito” la tarde que  mató seis toros de Vicente Martínez , en este caso en el ruedo de Valencia, y como  en pleno triunfo desde una barrera le vinieron a gritar: “Todo eso está muy bien, pero eso mismo con una corrida de Miura”. Al año siguiente el menor de los “Gallo” le brindó al que se lo había gritado uno de los miuras que mató en el mismo ruedo. Ese es el signo inconfundible de quien debe ser reconocido como figura auténtica. Poco tiene que ver esa actitud ante la profesión con ese otra de rehuir Madrid, una vez pasado el trago de mayo.

Pero hay otra nota, igualmente gallista, que viene mucho más a cuento de esta próxima feria de otoño,  la feria de Fandiño. La records se echa tanto en falta.uscar la competencia e lo que hoy en dzaban a despuntar, en ocasiones con Fepcional que eslste que les ó muchas veces don José Flores “Camará”, que la vivió y la sufrió en sus carnes. Ocurrió en la temporada de 1918, el año en el que Belmonte estuvo ausente de los ruedos españoles. De inmediato, narraba el mítico apoderado, “Joselito” buscó que le pusiera en los carteles con los nuevos toreros que empezaban a despuntar, como era el caso de Fortuna, de Saleri y del propio “Camará”.

Alguna vez se ha recordado aquí esta anécdota. Según el relato de “Camará” vino a ocurrir más o menos en los siguientes términos. "Mi  fuerte eran las banderillas y en la tercera corrida que compartí con Gallito, me cogió el toro en este segundo tercio, porque me impuse ponerlas mejor que él y me obligó a dejarme coger”, explicaba. Ante la pregunta lógica de cómo había aceptado aquella competencia, si él mismo aceptaba que se trataba de un duelo tan desigual,  respondía rotundo:  "¿Pero cómo no lo iba a hacer, si cuando íbamos haciendo el paseo, ya me iba ofreciendo las banderillas?". 

Esta forma tan cabal de buscar la competencia por derecho con quien quiere ser alguien, es lo que hoy en día se echa tanto en falta. Y esa forma tan cabal es lo que se echa en falta en el caso de Iván Fandiño. Pocas, poquísimas veces, hemos visto que los que, por sí o por la fuerza de las Casas que los apoderan, mandan en esto, le hayan aceptado en un cartel de lujo. Quizá sea porque hay que preservar el banquete de los selectos y para ello resulta conveniente que no crezca el número de comensales, sobre todo cuando el pretendiente arrea una tarde sí y otra también y además no le hace ascos a  ningún encaste. “Sorpresas las justas”, vienen a decir unos y otros.

Sin necesidad de remontarnos a los tiempos de Juan y de José, más cerca tenemos casos evidentes. Si se estudia la primera y dura temporada como matador de toros de Diego Puerta, por ejemplo, se comprueba que, más o menos, se anunciaba en carteles como todavía hoy se anuncia casi siempre a Fandiño. Bastó el triunfo tremendo con la corrida de Miura en Sevilla en la feria de 1960 para que las cosas cambiaran: en 24 horas el rumbo de su vida taurina fue otro bien distinto. A nadie se le ocurrió preguntarle a quienes entonces mandaban si les gustaba o no coincidir con el torero sevillano: se lo encontraron directamente en la puerta de cuadrillas. Luego sus triunfos, lo hicieron imprescindible.

Pero como éste hubo otros muchos casos. Incluso entre toreros jóvenes que no supieron o no pudieron aguantar el ritmo que ese tren imponía; tras un triunfo rotundo y relevante, cambiaba radicalmente su situación. Si eran capaces de soportar el peso de competir con las figuras, se consagraban; en otro caso, quedaban en el camino. Pero tuvieron su oportunidad, el escalafón se movía al ritmo que marcaban los triunfos.

Hoy nada es lo mismo. Primero, y quizás lo principal, porque los puestos en los carteles de las grandes ferias se los reparten entre unas cuantas Casas, con esa política conservadora de intercambiarse cromos y de evitar la sorpresa de la irrupción de un torero que ponga sobre la mesa sus propias reglas del juego. Por eso en estos tiempos carece de valor salir triunfador en Madrid o en Sevilla, como bien ha sufrido la nueva generación de toreros que busca abrirse camino. Pero no es menor la responsabilidad de los que hoy se consideran figuras, que cierran las puertas a toda sorpresa: prefieren el cotidiano sota, caballo y rey, que tantísima monotonía trae a los ruedos, ante el riesgo de la incomodidad de un compañero que diga una palabra más alta que otra.

Es la batalla que todavía no ha conseguido ganar --mejor dicho: que no le dejan ganar-- Iván Fandiño, aunque ha reunido méritos más que sobrados para hacerlo. Por lo visto, es lo que se dice “un torero incómodo”, al que mejor tener un poco lejos. Como el de Orduña, además, ha sido siempre muy celoso a la hora de mantener su independencia --que ofertas ha tenido por unirse al carro de los que al final concentran el poder--, más difícil se lo ponen. También por eso sus triunfos ganan puntos en autenticidad y en méritos.

Pero en este mundo los certificados de verdad los extiende el toro que sale al ruedo y los firman los aficionados. Por eso, a poco que las corridas le ayuden en la feria de Otoño, para Fandiño nada debiera ser lo mismo en 2014. Y si no ocurre así, al de Orduña siempre le quedará el orgullo de saber que si hubiera nacido un siglo antes, Gallito habría pedido que se lo pusieran de compañero en la puerta de cuadrilla y luego “que Dios reparta suerte”. 

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