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Valencia: Séptima de la feria de Fallas
Los elementos no pudieron ni con El Juli ni con Miguel A. Perera
El Juli y Miguel A. Perera, camino de la Puerta Grande (Rullot-TdM)
La tarde prácticamente invernal, con mucho viento además, invitaba a todos menos a sentarse en la piedra de los tendido. Y desde luego, recomendaba todo menos irse a los medios a verle la cara al toro de turno. Sin embargo para los espectadores resultó la tarde más redonda en lo que se lleva del abono de Fallas, pendiente aún de las dos novilladas finales. Lo de menos casi son las seis orejas que se cortaron; lo sobresaliente fue la tarde de toros que, cada cual con su sello, ofrecieron Julián López "El Juli" y Miguel A. Perera, en una sana y complicada competencia que pone en valor el futuro cartel de la Corrida de Beneficencia. Los dos salieron por la puerta de los mayores honores; los dos le ganaron toreramente la batalla al vendaval.
Actualizado 19 marzo 2015  
Redacción   
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VALENCIA. Séptima el abono de Fallas y última de las corridas de toros. Más de media plaza. Tarde de mucho frio y viento. Toros de Garcigrande (1º y 6º) y de Domingo Hernández, de pobre presentación, pero de buen juego en general.  Juan Serrano “Finito de Córdoba” (de marino y oro), ovación tras aviso y silencio. Julián López “El Juli” (de marino y oro) dos orejas y dos orejas. Miguel Ángel Perera, oreja tras dos avisos y oreja tras dos avisos. “El Juli” y Perera salieron a hombros por la Puerta Grande.

No era precisamente una tarde de toros, sino de camilla y copita de coñac, viendo correr el vendaval detrás de los cristales.  Pero fue una muy buena tarde de toros, casi incomprensiblemente, porque resultaba hasta paradójico que los toreros pudieran desafiar al riesgo en medio de aquellos vientos que los dejaban al descubierto cada dos por tres. Tanto que bien se podría trasponer a este escenario el viejo dicho: “más cornás da el viento”. Por fortuna, hoy todo el mundo salió intacto de la plaza. Incluso dos salieron a hombros por la puerta de los honores.

Bueno no todos: todos menos una buena señora que se llevó una pedrada en la cabeza --que requirió asistencia médica en la propia Enfermería--,  fruto de los “razonamientos” de un pequeño grupo de antitaurinos apostados ilegalmente a las puertas de la plaza para protestar contra el maltrato animal. ¿Seguirán siendo los aficionados los bárbaros e intransigentes de toda esta película? Vamos echarle a este asunto un poquito de porfavor, Sr. Delegado del Gobierno. Y a ser posible, no lo deje para después del 24 de mayo, que eso queda muy lejos, tanto que da lugar a ver media maratón de la feria de San Isidro.

Pero volviendo al relato de los hechos, de la plaza se salió con una duda preocupante: la entrada floja en comparación con el cartel, ¿se debió sólo a que el hombre del tiempo le jugó al personal una mala pasada? Vaya usted a saber, pero era el día grande de Fallas, en las calles hacía el mismo frío que dentro de la plaza y sin embargo estaban atiborradas. ¿Será que el personal prefirió quedarse celebrando eso del Día del Padre y se le distrajo el reloj? A lo mejor fue así, que entre una cosa y otra se prolongó la paella festejando al cabeza de familia. Omitamos la tercera posibilidad, que esa debe darse por sobreentendida en los autos del asunto.

Para tan intempestiva tarde, con personal abrigándose con mantas en los tendidos desde el paseíllo hasta el final, Justo Hernández aportó, con los dos hierros de su Casa, una corrida en ocasiones demasiado anovillada; con hechuras de verdadero toro hubo tan sólo uno y sin pecar de ofensivo por delante. Luego, entre lo que se pudo ver y lo que el viento solo permitió intuir, resultó la versión encastadita del “toro predecible”, aunque los hubo que no estaban sobrados de fuerza y raza. Los taurinos dirán, que en su derecho están, que fue una gran corrida de toros; si nos fijamos en lo de las 6 orejas cortadas y obviamos ese detallitito intrascendente del trapío o de la raza,  pues bueno, que digan lo que quieran. Pero vamos que con más cuajo y más remate tampoco los seis de Hernández habrían competido con el dichoso toro de Guisando.

Si se pasa a lo que ocurrió en el ruedo, una premisa inicial: magnífico estuvo “El Juli”, incluso arrollando a la razón. Y a los elementos, que ya quedaron descritos. Tales eran que con el poder que tiene este torero, hasta se quedó por completo al descubierto con el capote por un golpe de viento. Menos mal que está fuerte y ágil, que en otro caso se lo lleva por delante. Que el de Velilla de San Antonio venía para protestar contra ekl mal trato animals. iñ golpe de viento.,el poder que tiene este torero, hasta se qued hubo tan sres,.eí a reventar  incontestablemente la feria quedó claro desde el primer momento: sin dudarlo, ya lidió a su primero en los terrenos de las afueras. Aquí es de estricta aplicación el viejo dicho: “contra viento y marea”, que hasta remolinos de arena había en algunas zonas del ruedo. Hay que tener muchas dosis de convicción y de técnica para irse hasta los medios y dejar las zapatillas en su sitio. Cuando, además, luego se lleva a los toros por abajo, templados y largo, hilvanando las series con una notoria unidad, ya pasa al grado de convertirse en palabras mayores. Y cuando todo eso no se hace sólo una vez, sino que se repite de nuevo, con el triunfo ya en el esportón y la puerta grande asegurada, hay que quitarse respetuosamente el sombrero. ¡Chapó, torero! No hay quien le pueda toser. ¡Y  pensar que todo esto no se verá en Sevilla…! Eso no hay comunicado que lo explique.

Otro ejemplo de torería buena dejó Miguel A. Perera, que es hombre acostumbrado a que nadie le “pise el poncho”, en el sentido que en Latinoamérica se da a tal expresión coloquial. Estuvo hecho lo que se dice un tío. Con el tercero de la tarde, de poco recorrido, había que ir casi directamente a las cercanías, a uno de esos arrimones tan de Perera. Será más o menos ortodoxo, pero qué merito tiene empalmar sin mover las zapatillas una veintena de muletazos de todas las clases y colores. No es sólo la dosis de valor que se exige, es el sitio que se pisa, el sentido del temple, el conocimiento de cómo embarcar y dar salida al toro en escasamente un metro…. Ahí es nada todo eso. Frente al 6º, ante de que se rajara el “garcigrande”, dejó además series sobre ambas manos de un excelente corte. Si de algo pecó fue de construir trasteos interminables, tanto que en ambos recibió dos recados de la Presidencia, en el 6º además cuando aún no había montado la espada. Las demoras y los pinchazos redujeron su retribución orejil, aunque su Puerta Grande resultara proporcional con su esfuerzo.

“Finito de Córdoba” conoce bien su oficio. Tanto que, por cefas o por nefas, su balance se circunscribió estrictamente a la tradición más taurina: ser un buen “primero”.

La matinal de rejones

VALENCIA. Festejo matinal de rejones. Media entrada. Toros de Fermín Bohórquez, correctos de presentación y juego. Fermín Bohórquez, ovación. Andy Cartagena, una oreja. Manuel Manzanares, silencio. Andrés Romero, una oreja. Luis Valdenebro, una oreja. Lea Vicens, vuelta al ruedo. 

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