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En el fondo, responde a los patrones históricos de la Fiesta
José Tomas, el misterio épico del toreo
2 de mayo José Tomás ha vuelto a pisar el ruedo de Aguascalientes, donde "Navegante" puso en riesgo cierto e incluso inminente su vida. De todos los lugares de la geografía taurina han peregrinado hasta allí una legión de aficionados. Sin embargo, bajo nuestro punto de vista carece de todo interés ese natural morbo de regresar al lugar de hechos tan dramáticos; en todo caso, eso son valores colaterales a la realidad. Lo relevante es José Tomas personifica al último torero que verdaderamente responde a ese misterio de los valores míticos y épicos de quien es capaz de crear arte ante un toro bravo. Si hoy en la Fiesta circularan tres o cuatro toreros con esa capacidad de sostener el misterio del toreo, desaparecerían en buena medida los actuales desapegos sociales hacia la Tauromaquia.
Actualizado 1 mayo 2015  
Antonio Petit Caro   
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Me molesta bastante no recordar ahora mismo quien fue, en las ultimas fechas, el que definió a José Tomás como el torero verdaderamente mediático, para citarle aquí con su  nombre y medio. Y es que aparte de ser un grandioso torero, que ya es mucho, el de Galapagar viene siendo en esta última etapa, de actuaciones contadas y medidas, el torero que mayor expectación levanta en la generalidad de los medios informativos. Es España y fuera de España. Y ocurre así no por causa ajenas a los ruedos, sino como respuesta adecuada a la dimensión del torero.

Por eso resulta completamente lógico, y muy de agradecer por los aficionados, que todos los principales medios españoles ahora se hayan desplazado a Aguascalientes (México), donde el torero se reencuentra en este 2 de mayo con la plaza y la afición ante la que estuvo en trance cierto y muy próximo de morir, del que le sacaron las manos eficaces de los médicos de la plaza.

No se trata aquí de entrar a ponderar la trayectoria que viene siguiendo José Tomas desde que se encontró con “Navegante”. Incluso desde antes, porque cuando, va ya para cuatro años, en su camino se cruzó “Navegante” ya era un realidad. Si resulta innecesario realizar semejante ponderación de su camino torero lo es por su propia trayectoria y porque la mejor explicación que puede uno encontrar está en letra impresa, en ese testimonio excepcional que se titula, precisamente, “Diálogo con Navegante”, que para un aficionado debiera ser uno de sus libros de cabecera.

Pero hay un tema específico que nos resulta muy llamativo.  José Tomás, incluso más allá de lo mediático, se ha constituido por sí solo en un verdadero fenómeno de masas, que además no conoce de fronteras. Dicho en otras palabras: ha tenido la capacidad de convertirse en auténtico icono de lo que es y debe ser siempre un torero. Desde sus componentes digamos románticos hasta en los aspectos épicos de este oficio.

Cuando ahora nos quejamos, y con toda razón, de la pérdida de los valores míticos de los toreros, que más que “artistas” se han convertido en las valoraciones sociales en ese concepto tan neutro de “profesionales”, José Tomás viene a demostrar que cuando se cumplen determinadas condiciones también en el siglo XXI un torero puede ser un hombre mítico y un héroe. Incluso cuando tan sólo torea tres o cuatro tardes por año, si las torea.

Alguna vez he contado como hace ya muchos años, ya en el ocaso de su vida, le oí comentar a don  José Flores “Camará” --que opiniones al margen, ha sido uno de los profesionales que mejor ha conocido  los secretos de la fiesta de los toros--, que uno de los riesgos que no calculaban los toreros modernos era, precisamente, que estaban destruyendo el misterio que siempre les envolvió. Se refería, en concreto, a esa moda, que hoy ha llegado a límites todavía más innecesarios, de algunos toreros por airear sus vidas privadas, en razón de lo cual pasaba a la esfera de lo público hasta el número de zapatillas que calzaban; pero también se refería “Camará” a cómo banalizaban algunos las cuestiones internas de la Tauromaquia.

No oculto que me apena cuando he visto a más de un torero de los actuales dar rienda suelta a tanta palabrería inútil. En esa carrera alocada de despropósitos, perdían, desde luego, buena parte de esa aureola de casi superhombres, que lo son. Con ese hacerse gente tan corriente, a lo mejor habría que decir que tan vulgares, luego difuminan los perfiles de quien, sea como fuere su papel en el ruedo, está llamado a responder a la mitología de los héroes. La experiencia nos dice que destruido todo eso, incluso aquello más anecdótico, adiós misterio.

Por eso, el primer valor que, al menos en mi opinión, destaca en la figura de José Tomás es precisamente que, de forma absolutamente natural, ha sabido vivir rodeado de esa ola de misterio. De misterio épico, a mejor decir. Pero es que su misterio es completamente verdadero, no es una ficción, ni una operación diseñada de imagen.

Con “Navegante” y sin él, el torero de Galapagar personifica la dura y autentica dimensión del torero: en el arte del toreo quien lo crea pone en riesgo verdadero su propia vida. Por eso, a José Tomás se le idéntifica solo y únicamente como torero, sin más adornos colaterales. A un aficionado nada le importa sobre su vida privada, lo que le apasiona es su concepción del toreo y de sus valores épicos, lo que de verdad le importa es saber cuál es el día y la plaza en lo que podrá volver a verle. Esto explica que haya tantos y de tantos lugares diferentes que peregrinan --que es la palabra más propia-- detrás suya, cada vez que su nombre aparece en un cartel. Nada de eso tiene su origen en valores mediáticos, ni mucho menos en las revistas del corazón. Todo eso se fragua cuando, en el centro de un ruedo, José Tomás establece su propio diálogo mano a mano con el toro, tenga el nombre que tenga, con la verdad por delante, donde recita su misterio, donde vive su riesgo.

Es posible que esta forma de entender la trascendencia de José Tomás pueda resultar para alguno incluso exagerada, como le he oído a decir a más de un taurino. Respeto esa opinión en contrario. Pero engañaría al lector si no le escribiera mi convicción profunda:  con tres o cuatro José Tomas en los ruedos, con su capacidad para explicar ese inmenso misterio del toreo, se acababan los problemas actuales de la imagen pública, del reconocimiento por la sociedad de la auténtica naturaleza de este Arte único y de la singularidad de quienes son capaces de materializarlo.

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