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Las Escuelas la venían reclamando desde los años 80
La propuesta de la Tauromaquia como FP básica, una repuesta social y coherente
El ministerio de Educación tiene elaborado un anteproyecto de decreto por el que las enseñanzas acerca de la Tauromaquia pasarán a tener el rango de Formación Profesional básica. Se trata de un compromiso adquirido con el Plan Nacional de Fomento y Protección de la Tauromaquia (PENTAURO), que la Comisión Nacional de Asuntos Taurinos --comandada por el subsecretario Fernando Benzo-- ha venido trabajando en los últimos meses. Como se trata de una materia que salva perfectamente el tantas veces conflicto asunto de las competencias autonómicas. El decreto no debería tener mayores problemas para ser aprobado, cuando además responde a una necesidad social --reclamada por el Sector-- y resulta coherente tanto con la Ley sobre la Tauromaquia como con la vigente sobre la Educación.
Actualizado 20 octubre 2015  
Redacción   
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Despejemos un tema por lo demás sabido: quienes se muestran críticos con la decisión de promover una FP básica sobre la Tauromaquia son los mismos que se sitúan en frente de todo hecho taurino. Por tanto, que ahora pongan en solfa esta iniciativa ni es nada nuevo, ni puede sorprender. Todos son muy respetables, pero deben reconocer que son los que son. Ni uno más. Por tanto, no debieran impedir que la propuesta, en sí misma muy interesante, siga adelante. Y más cuando nada impide que, como ya ha anunciado la consejera de Educación de Cataluña, una Comunidad autónoma no la ponga en práctica; esto es: no se conculca ninguna competencia de nadie, pero se facilita que otros la desarrollen.

Pero sentado la anterior, para que no se pierda el norte porque tal o cual diga esto o aquello  --en no pocas ocasiones con un escaso conocimiento de causa--, la iniciativa del ministerio de Educación cumple todos los requisitos normativos precisos; en este caso, la regulación sobre la FP básica. Pero, además, responde a la vez a un compromiso y a una necesidad: el compromiso adquirido en el PENTAURO y la necesidad de atender un área de formación.

No vamos a remontarnos aquí a Fernando VI y el conde de la Estrella, cuando dieron a la luz el Real Colegio de Tauromaquia de Sevilla en 1830.  Más en nuestros días, ya en 1983, cuando se constituyó la Federación de Escuelas Taurinas, en el punto 6º de sus Estatutos se reclamaba que a los aspirantes a toreros se les dotara de “la formación humana y cultural de los aspirantes a toreros, de forma que puedan desarrollar una actividad útil a la sociedad”.

Unos años después, en septiembre de 2010, la Confederación Mundial de Escuelas Taurinas, reunida en Albacete, reclamaba de los poderes públicos que las actividades docentes de las Escuelas tuvieran el rango de Formación Profesional. Un compromiso que en nuestros días hizo suyo la Comisión Nacional de Asuntos Taurinos, cuando en el PENTAURO aprobó dotar de los debidos reconocimientos académicos la formación profesional que se imparte en las Escuelas.

Con la vigente Ley sobre la Educación, este paso queda legitimado en nuestro ordenamiento, dentro del capítulo de la FP básica,  de forma que ya es posible dar cuerpo y consistencia a todo eso que desordenadamente  había ido sobreviviendo, por cierto con la eficacia de garantizar la continuidad en la generación de nuestros toreros.  Pero cuando se acomete la construcción de la Fiesta para el siglo XXI para nadie hubo dudas de la conveniencia de incorporar al texto la cuestión de las Escuelas Taurinas.

Hasta ahora, las actividades que desarrollan las Escuelas Taurinas se basan en una preparación física adecuada, un intenso aprendizaje del toreo de salón, el curso teórico sobre los principios básicos del toreo, la asistencia a los tentaderos o clases prácticas y las actuaciones en festejos de promoción. Pero además, y esto es importante de subrayar, las Escuelas se responsabilizan de realizar un seguimiento de los compromisos académicas o laborales de sus alumnos, que son imprescindibles para ser admitidos.

Una respuesta social

Resulta de toda evidencia que estamos ante una actividad, la taurina, que es --como dice el anteproyecto de decreto en preparación--  legal y reconocida como patrimonio cultural  y como tal “es una manifestación artística, desvinculada de ideologías, que forma parte de la cultura tradicional y popular”, que la Ley reconoce “parte esencial del patrimonio histórico, artístico, cultural y etnográfico de España”.

Pero sobre su legalidad, hay que sumar un factor no menos importante: es necesaria como área de formación. Pero llegados a este punto, conviene ir por partes. Y así, un primer dato a tener en cuenta es el hecho de que se incluya en la denominada “FP básica”, esto es: que para acceder a ella no se requiere tener aprobada la ESO. Dada la enorme diversidad social que caracteriza a los jóvenes que se inscriben en las Escuelas Taurinas, constituye todo un logro, en la medida que les permitirá completar ese ciclo formativo que no concluyeron con la ESO. Podría decirse que se está dando respuesta de esa forma al deseo de dar un paso más en “la formación humana y cultural” de los aspirantes.

A este respecto, el anteproyecto de decreto ya hace una previsión importantísima: junto a las enseñanzas propias de la Tauromaquia se incluyen 180 horas lectivas sobre asignaturas como Matemáticas, Biología, Ciencias Sociales, Lengua Castellana y Literatura o Lengua Inglesa, a impartir coordinadamente con el centro educativo que se decida en cada caso.

Semejante previsión viene a cubrir una laguna real. Cuántas ocasiones se ha oído contar a figuras del toreo como ellos dedicaron toda su juventud –habitualmente apostillaban: “la única que se tiene en la vida”!-- al mundo del toreo. Quienes alcanzaron la gloria, lo dieron por bien dedicado. Pero hubo otros muchos que luego no llegaron al éxito, o que ni siquiera continuaron por ese camino taurino. A unos y otros le viene muy bien que, sea cual sea su resultado en la profesión, la juventud no se le escape entre las manos a efectos formativos y académicos, que les permita en su caso abrirse camino en la vida laboral.

Nada diferente, por lo demás, de lo que ocurre en algunas disciplinas deportivas, donde los clubs promotores buscan compaginar y desarrollar la formación deportiva con la académica y humana de sus alumnos.

Una respuesta coherente

Según la definición que sobre la Tauromaquia hace la vigente  Ley 18/2013 –consecuencia final de la ILP--, en ella se incluyen tanto los aspectos relativos al toreo como a la crianza del toro de lidia, entre otras materias. En coherencia con esta definición, el decreto que ahora se prepara incluye un capítulo específico bajo el título ”Actividades Auxiliares Ganaderas”.

Se trata de formar profesionales en esta área, tanto importante, que en la actualidad no contaba con unos estudios específicos, siendo como son materias que tienen una incidencia importante en la crianza y el manejo del ganado bravo.

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