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El 8 de mayo se cumplen dos décadas de su muerte
Luis Miguel Dominguín, el histórico camino del Número 1 en una dinastía que marcó una época
Se cumplen 20 años de su muerte, ocurrida un 8 de mayo. Quien se proclamara "Número 1" había nacido en el seno de una familia muy torera en 1925 y seis años después ya se las vio con una primera becerra. A partir de ahí y hasta su retirada definitiva, que tuvo lugar el 1 de diciembre de 1973 en Quito, fue una vida entregada por completo a la Tauromaquia, en la que lo mismo compartió tardes "Manolete" que, cuatro décadas después, lo iba a hacer con la generación de Manzanares, Robles, Capea… Torero de dinastía, con un profundo conocimiento de la lidia y unas capacidades excepcionales, aprovechó su tirón social para hacer presente el arte del torero en los ambientes más cosmopolita.
Actualizado 5 mayo 2016  
Carmen de la Mata Arcos   
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Veinte años se cumplirán el inmediato  8 de mayo del fallecimiento de uno de los toreros más largos y poderosos de toda la historia: Luis Miguel Dominguín. Esa concepción de dominio y conocimiento de todas las suertes se la supo inculcar perfectamente su progenitor y creador de la dinastía, Domingo González Mateos. En competencia con las máximas figuras de su tiempo, destacó siempre entre ellas por su inteligencia, amor propio y personalidad. Además también contribuyó, gracias a su enorme popularidad, a la difusión de la Fiesta por todo el orbe.

Aunque llevaba cierto tiempo con un frágil estado de salud, la muerte de Luis Miguel Dominguín sobrecogió a la afición. El óbito se produjo sobre las nueve de la mañana del miércoles 8 de mayo de 1996 en la residencia que compartía con su segunda esposa, Rosario Primo de Rivera, dentro de la urbanización de Sotogrande situada en la localidad gaditana de San Roque. Allí acudieron tanto el médico forense como el juez de guardia, Jesús Antonio Romero Fernández, trasladándose con posterioridad el cadáver al tanatorio del mencionado municipio para practicarle la autopsia. Ésta arrojó que la causa final de la defunción del torero madrileño fue una insuficiencia cardíaca.

A la capilla ardiente, instalada en su domicilio, llegaron gran número de familiares, amigos y aficionados, al frente de los cuales se encontraban los tres hijos del diestro, Miguel, Lucía y Paola. Al día siguiente, tuvo lugar una misa en la capilla de la referida zona residencial, procediéndose a continuación a su entierro en el cementerio de San Enrique de Guadiaro, ubicado en las proximidades de Sotogrande. Los compañeros de profesión que asistieron al sepelio, como Pepe Luis Vázquez, Miguel Báez “Litri”, Victoriano Valencia  ó Manuel Benítez “El Cordobés”, resaltaron del menor de los Dominguín su amplio repertorio, así como el afán de ser en todo momento el mejor. Desde finales de 2007, las cenizas de Luis Miguel descansan en el panteón familiar del camposanto madrileño de San Isidro. En ese lugar, también se encuentran los restos de sus padres, de su hermano Pepe y parte de los de su sobrina, Carmen Ordóñez.

A raíz de su defunción se sucedieron los reconocimientos y homenajes hacia su trayectoria y su persona, como el que tuvo lugar en el año 2002 en la feria del toro de Sevilla ó el que se le rindió dos años más tarde en la plaza de Las Ventas con el descubrimiento de un azulejo. Con todo, el más importante aconteció en vísperas del ciclo isidril del año 2013, cuando se inauguró una estatua suya en la explanada del coso de la calle Alcalá. La obra, realizada por el artista Ramón Aymerich, muestra al torero en actitud elegante saludando al público. En el acto estuvieron presentes diversas autoridades políticas tanto de la Comunidad de Madrid como del Ayuntamiento capitalino, al igual que también diferentes personalidades vinculadas al mundo taurino. Con esta escultura, la ciudad manifestó su gratitud hacia uno de sus hijos ilustres, que dejó escritas sobre su ruedo algunas de las páginas más brillantes en su larga historia.

Los primeros pasos en el oficio

Luis Miguel Dominguín ha sido uno de los principales eslabones de la extensa cadena de toreros largos que, desde “Lagartijo”, se han convertido en protagonistas de una de las ramas fundamentales de la Tauromaquia. Nació en la capital de España el 9 de diciembre de 1925. El primer contacto con los animales bravos fue en la ganadería que José Méndez tenía en El Escorial en el año 1931. En aquellas aventuras iniciales iba siempre acompañado de sus dos hermanos, Domingo y Pepe, que también comenzaban su andadura en la profesión.

Aunque cuando Luis Miguel vino al mundo su padre ya se había retirado, el ambiente taurino estuvo muy presente en su vida desde corta edad, puesto que aquél continuó vinculado a ese mundo a través del apoderamiento y también dirigiendo, en solitario ó junto a otros empresarios, los destinos de cosos relevantes.

Los tres incipientes diestros marcharon a México en 1936, si bien al año siguiente regresaron a la península para torear dos tardes en la plaza lisboeta de Campo Pequeño. En 1938 participaron en un total de 22 festivales que se celebraron en la zona nacional. El 25 de julio de 1939 es una fecha señalada en la carrera de Luis Miguel, ya que ese día vistió por primera vez el traje de luces. Fue éste un terno salmón e hilo blanco que lució en el coso de Linares. En la temporada de 1940 empezará a caminar sólo ya que tanto Domingo como Pepe se anunciarán como novilleros. En la mencionada campaña el menor de los Dominguín torea bastantes festejos, gracias, en parte, a la exclusiva que firmó con Pedro Balañá, quien era socio de su padre en la regencia de algunas plazas.

El 23 de marzo cosecha un importante triunfo en Barcelona, presentándose en la monumental de Las Ventas el 11 de agosto. Los críticos que enjuician la actuación del joven espada le auguran un futuro esperanzador, vislumbrando en él “un torero del mañana”, en palabras del corresponsal de Dígame. En octubre de ese año cruzan el Atlántico con la idea de tomar parte en varias funciones en territorio americano, arribando en primer término a La Habana. Su progenitor intentó organizar, nuevamente, corridas en dicha ciudad pero no consiguió su objetivo. Después llegaron a Lima, donde los hijos de Don Domingo hicieron el paseíllo en enero de 1941. Posteriormente, también torearon en Colombia y Venezuela.

La alternativa en España

La temporada española estuvo repleta de éxitos en las 25 novilladas en las que se acarteló. El 23 de noviembre de aquel 1941 tomó la primera de las dos alternativas que recibiría. El acontecimiento tuvo lugar en la Santamaría de Bogotá, figurando como padrino de la ceremonia Domingo Ortega ante reses de Montero. En ese mismo coso de la capital colombiana, Luis Miguel consiguió cortar el rabo del último ejemplar que estoqueó en esa campaña.

El referido doctorado no tenía validez en España, por lo que hubo de torear otra vez como novillero. Como tal hizo el paseíllo el 9 de agosto de 1942 en La Coruña y el 30 del mismo mes en Málaga, recibiendo aquí su bautismo de sangre. En 1943 actuó en 15 novilladas, debutando en la plaza de Las Ventas el 5 de septiembre frente a utreros de Sánchez Cobaleda. El diestro brindó una gran tarde a sus paisanos, saliendo finalmente por la Puerta Grande.

La seguridad que desprende todo lo que ejecuta, así como el dominio ejercido sobre los animales sorprenden tanto al público como a los distintos informadores que se ocupan de narrar lo sucedido. Uno de ellos, K- Hito, realiza el siguiente comentario acerca de la estocada recetada por Luis Miguel al astado que cerró el festejo: “no la superaría ningún torero de la época del volapié perfecto”.

La campaña de 1944 fue clave para su carrera ya que, ahora sí, pasó a engrosar las filas de los matadores de toros. Con anterioridad a ese día tan señalado, logró éxitos destacados en plazas tan importantes como Valencia, Bilbao ó Sevilla. En la Maestranza se despidió de novillero el 9 de julio de ese año, paseando dos orejas. Don Fabricio, cronista del diario ABC de la ciudad hispalense, enumera las principales cualidades que atesoraba el espada madrileño, aventurándose a situarlo en un breve período de tiempo “entre las figuras consagradas”.

El 4 de agosto del aludido 1944 tiene lugar la anhelada alternativa en La Coruña, recinto taurino que por aquel entonces regentaba su padre. Domingo Ortega repitió apadrinamiento, siendo el testigo su hermano Domingo. Los toros llevaban el hierro de Samuel Hermanos, atendiendo por “Cuenco” el que abrió plaza. Éste fue saludado en la puerta de chiqueros por Luis Miguel que, a continuación, llevó a cabo una labor vistosa y variada. Saldó la jornada con un balance de tres orejas. En esa primera temporada en el escalafón mayor torea 9 corridas, sobresaliendo sus actuaciones en Toledo y Almería, coso éste donde pasea hasta una pata bajo la atenta mirada de “Manolete”.

La afición de Valladolid también pudo disfrutar de la tauromaquia de Dominguín en aquellos momentos iniciales, puesto que el 20 de mayo de 1945 cortó cuatro orejas y un rabo. El periodista del diario Libertad incide en un aspecto para nada insignificante del toreo ejecutado por Luis Miguel, como es su capacidad lidiadora. Antes de presentarse en la plaza venteña, acude a Cádiz, donde resulta herido, y a Algeciras.

La confirmación se fecha el 14 de junio, cediéndole “Manolete” el burel de nombre “Secretario” de la divisa de Antonio Pérez en presencia de Pepe Luis Vázquez. La suerte no estuvo de su lado aquella tarde, pues el citado “Secretario” desarrolló peligro y su segundo antagonista llegó muy quedado al tercio final. Pocos días después, el 25 de junio, vuelve a pisar el ruedo de Las Ventas en la corrida del Montepío de Toreros, recibiendo los aplausos del respetable. Con destacados triunfos en plazas como Bilbao ó Albacete, llega la temporada al último tramo en el que corta su primera oreja en el circo de la calle Alcalá el 12 de octubre. El festejo, organizado a beneficio de los huérfanos de magisterio, anunciaba inicialmente a Pepe Bienvenida, “Morenito de Talavera” y Pepín Martín Vázquez, siendo sustituido éste por Dominguín. Las reses a lidiar fueron de Rogelio Miguel del Corral. Termina el año con 41 paseíllos, elevándose hasta 62 en 1946.

Su consagración como figura

La referida campaña del año 46 fue trascendental en la trayectoria del torero de dinastía, pues a los dos apéndices obtenidos en la Maestranza el 15 de agosto hay que sumar los tres conquistados en la monumental madrileña el 19 de septiembre en la corrida de Beneficencia. Esta corrida supuso su consagración definitiva en el escalafón superior, afirmando “Clarito” que en esa jornada “el Monstruo había sido él”, en referencia a la competencia existente entre “Manolete” (que había cortado dos orejas) y el torero nacido en la capital de España. Fue tal la dimensión que alcanzó su actuación que los aficionados lo llevaron a hombros hasta su domicilio, situado en la calle del Príncipe.

El 17 de marzo de 1947 resulta herido de consideración en Valencia. Junto a la cruz también vivió la cara de la Fiesta con éxitos tan clamorosos como el conseguido el 22 de junio en Barcelona. Llegado el mes de agosto comparte cartel con Manuel Rodríguez en Vitoria y San Sebastián, antes de encontrarse, nuevamente, la fatídica tarde de Linares.

Una saga histórica

Dominguín hacía doblete ese año en la feria de San Agustín de la localidad jienense, ya que además del encierro de Miura estoquearía al día siguiente el reseñado de Samuel Hermanos, si bien este festejo fue suspendido a causa de la tragedia acontecida en la plaza linarense. Luis Miguel, que lucía aquel 28 de agosto que pasó a la historia un traje verde y oro, había paseado una oreja de su primer oponente tras una completa lidia con capote, banderillas y muleta. Después de conocerse la gravedad de la cornada sufrida por “Manolete”, el matador madrileño ofreció su sangre para las transfusiones que se requerían aunque finalmente ésta no fue válida al padecer de pequeño paludismo. Su médico de confianza, el doctor Tamames, también llegó a Linares para ayudar en lo que fuera necesario, no obstante, lamentablemente, el diestro cordobés fallecía al poco tiempo.

Aunque marcado por la desgracia de Manuel Rodríguez, Dominguín prosiguió su temporada, participando el 6 de septiembre en la inauguración de la plaza de Melilla. El día 29 corta un trofeo en Sevilla y el 4 de octubre hace lo propio en Madrid en la única comparecencia del año en el coso capitalino. En algunas de estas corridas celebradas con posterioridad a la muerte de “Manolete”, el público mostró cierta animadversión hacia su figura, aunque esto era, si cabe, una motivación extra para el matador. Así, trocó las lanzas en cañas el 12 de octubre en Barcelona, logrando un triunfo más en la ciudad condal. Aquella campaña de 1947, Luis Miguel la terminó en lo más alto del escalafón con 63 paseíllos.

Hasta cinco contratos firmó con la empresa de la Maestranza en la Feria de Abril de 1948, siendo en el último de ellos cuando obtuvo el doble trofeo de un ejemplar de Bohórquez. El periodista Filiberto Mira manifiesta que en su toreo esa tarde hubo una conjunción perfecta entre la tauromaquia de Domingo Ortega y la de “Armillita”. El 15 de mayo corta tres orejas en Las Ventas a reses de Antonio Pérez, constatando un dominio total de las suertes, incluidas las practicadas con los garapullos, pues protagoniza junto a su hermano Pepe un soberbio tercio. Durante el trasteo con la pañosa llegó a colocarle un sombrero en el testuz al toro, signo inequívoco de superioridad. En el mes de julio da una vuelta al ruedo en la monumental madrileña frente a cornúpetas de la citada ganadería salmantina. Los hermanos Dominguín se lucen, una vez más, con los palitroques, en esta ocasión en la plaza de Pamplona, logrando que se les equipare con los Gallos.

El 28 de agosto regresa a Linares y cuaja una extraordinaria actuación, haciéndose merecedor al primer trofeo “Manolete”. Por último, el 29 de octubre en Barcelona pasaportó en solitario el sexteto de astados previsto de Guardiola más un sobrero que regaló con el hierro de Montalvo. La tarde fue memorable, destacando su faena al sexto del festejo, de nombre “Brasileño”. A la conclusión de la temporada, había sumado nada más y nada menos que 100 corridas, puntualizando que había contratado 123 pero que en las restantes no pudo comparecer.

El Nº 1

Ese número desciende a 77 en la posterior campaña. Cuatro de ellas fueron en Sevilla, consiguiendo otros tantos apéndices. El 17 de mayo de 1949 es una de esas fechas que está grabada en la historia de la Tauromaquia, si bien es recordada tanto por lo artístico como por un gesto accesorio del diestro madrileño. El encierro preparado al efecto era de la Viuda de Galache, acompañando a Luis Miguel en el paseíllo “Parrita” y Manolo González. La obra ejecutada ante su segundo antagonista fue magnífica, resaltando, sobre todo, la largura y la lentitud de los muletazos, circulando el burel en derredor del torero. Cuando todos los espectadores estaban extasiados por la magnitud alcanzada por la faena, Dominguín indicó que él era el Nº 1. Sin darle mayor importancia al hecho, lo verdaderamente trascendental fue el concepto exhibido aquel día en escenario tan relevante.

En la jornada siguiente continuó dictando cátedra en Las Ventas, pues le cortó las dos orejas a un manso ejemplar de Antonio Pérez. El 23 de junio vuelve a triunfar de manera rotunda en el recinto taurino de la calle Alcalá, desorejando a “Peregrino”, nº 37, cárdeno bragado, un cornúpeta de Juan Antonio Álvarez. En los medios periodísticos se subraya, nuevamente, el toreo en redondo de Luis Miguel, con alguno de los pases “de circunferencia y media”, sostiene K-Hito. El 5 de julio se anunció como único espada en la Corrida de la Prensa de Madrid frente a animales de Villagodio, logrando un trofeo. Otro más conquistó en la corrida del 29 de septiembre.

Tras esta destacada temporada, el nombre del matador nacido en la capital de España no aparece en los carteles de la Feria de Abril ni tampoco en los de San Isidro de 1950. Dominguín, como en otras ocasiones, jugó la baza del coso de Vistalegre (propiedad de la familia) para recuperar, en parte, la atención de los aficionados.

 Después de ausentarse un par de años de las Fallas, regresa a la plaza valenciana en 1951 para estoquear tres corridas, compitiendo con los dos toreros del momento: “Litri” y Aparicio. Igualmente retorna a la Maestranza, paseando tan sólo un trofeo de un toro de Vázquez. Por lo que respecta a la monumental venteña, Luis Miguel no pisó su ruedo hasta el año 1957, después de estar apartado de la profesión durante varias campañas. Por tanto, el planteamiento de esa campaña fue idéntico al de la anterior, es decir, hacer el paseíllo en el recinto taurino carabanchelero.

En 1952 tampoco actuó en la Feria de Abril, aunque sí estuvo presente en el festejo de la Prensa. En el mismo se jugaron toros de Saltillo, obteniendo Dominguín un grandioso triunfo. Capítulo aparte merece la corrida del 1 de octubre en Vistalegre, en la que acartelado con su hermano Pepe y Rafael Ortega finiquitó astados de Carlos Núñez. Luis Miguel, que regaló el sobrero, cortó cinco orejas y un rabo, sobresaliendo la lidia ejecutada al postrero ejemplar de la tarde, “Canastillo”, que incluso fue picado por el matador. El día 12 regresó al coso del Baratillo en la Corrida de la Cruz Roja, paseando tres orejas. Una vez terminada la temporada española marchó a América, donde se anunció en Lima y la Monumental de México, siendo ésta última la función de su confirmación de alternativa en el país azteca.

La cornada de Caracas y  un descanso

El 4 de enero de 1953 recibe una grave cornada en el coso de Caracas. Tras torear el 15 de febrero en Bogotá, decide volver a Madrid para recuperarse totalmente de la herida, y apartarse durante un tiempo de la actividad profesional. Aunque hasta 1957 no torea en ninguna plaza del territorio nacional, a finales de 1955 sí que lo hace en Venezuela. Posteriormente, actuó en Panamá, México y Guatemala.

En estos años en los que está alejado de los ruedos, contrajo matrimonio con la actriz Lucía Bosé. Por otro lado, adquiere la ganadería de Piedad Figueroa Bermejillo, reses que acabó vendiendo a Miguel de Castro.

La corrida del regreso en España de Luis Miguel tiene lugar en El Puerto de Santa María el 4 de agosto del aludido 1957. En aquella ocasión sus compañeros de cartel fueron Rafael Ortega y Antonio Bienvenida. El 29 de septiembre se anunció, nuevamente, en Las Ventas junto a Jesús Córdoba y Joaquín Bernadó ante astados de Sánchez Cobaleda. Su balance fue bastante positivo, oreja y vuelta al ruedo.

La campaña de 1958 fue de contrastes para el torero capitalino, puesto que aunó triunfos incontestables como el de la Feria de Julio de Valencia, con los toros de Samuel Flores, a trances más amargos como el percance sufrido en Santander el 16 de agosto ó el fallecimiento de su padre apenas cuatro días después. Desde la prensa se le alaba una virtud fundamental que atesoraba su tauromaquia, como era la dirección de la lidia, plasmada perfectamente sobre la arena de la plaza de Aranjuez en el festejo del 5 de septiembre.

El 28 de dicho mes se celebra la corrida conmemorativa del cincuentenario del estreno de “La Chata”, en la que Luis Miguel cortó el rabo a un ejemplar de Arellano. Además, en ese último tramo de la temporada ejerce de padrino en dos ceremonias de alternativa, la de “Miguelín” en Murcia y la de Diego Puerta en Sevilla. Acerca de ésta, Gregorio Corrochano asemeja, en parte, el poderío del diestro de Madrid con el de Joselito el Gallo.

El verano sangriento

Que duda cabe que el año 1959 fue especial para el hijo de Don Domingo, merced a la competencia surgida con su cuñado Antonio Ordóñez. La primera vez que alternaron juntos esa campaña fue el 27 de junio en Zaragoza, solicitando Luis Miguel el sobrero y cortándole los máximos trofeos. El 30 de julio se enfrentan mano a mano en Valencia con animales de Sepúlveda y Baltasar Ibán. La corrida termina con Luis Miguel en la enfermería, con una herida considerable en el vientre. La reaparición se produce el 14 de agosto en Málaga, rivalizando, una vez más, con el torero de Ronda, quien volvía también en dicha jornada de la cornada que le había infringido un burel del Conde de la Corte en Palma de Mallorca. Las cornadas eran el síntoma más evidente de la intensidad con la que se estaba afrontando cada tarde. En el referido festejo celebrado en la capital de la Costa del Sol, Dominguín recibió una voltereta por la que se le abrieron los puntos de la herida de Valencia. A pesar de ello, siguió toreando con normalidad, salvo un breve descanso de unos días tras actuar en Ciudad Real.

En esas condiciones acudió a Bilbao el 19 y 20 de agosto. A causa, priobablemente, del quebranto en su estado físico, Luis Miguel fue corneado otra vez en la misma zona, viéndose obligado a parar para recuperarse totalmente. Como dato curioso reseñar que participó como picador en el festival homenaje a Vicente Pastor que tuvo lugar el 21 de noviembre en Las Ventas.

La temporada de 1960 no la inició el matador madrileño hasta el 29 de junio en Alicante frente a cornúpetas de Samuel. Posteriormente, torea cinco tardes en la feria de Málaga, anunciándose en doble compromiso en el mes de septiembre en la monumental capitalina. En el primero, acontecido el 15 de septiembre, paseó dos orejas de ejemplares de la familia Flores y en el segundo, el día 22, dio dos vueltas al ruedo en la lidia de toros de Palha. El broche a esa campaña lo pone estoqueando seis reses de distintas ganaderías en El Puerto de Santa María, consiguiendo un balance de cuatro orejas y un rabo. Fue, en palabras del crítico Antonio Díaz-Cañabate, “una lección completa dividida en seis capítulos”. Además señalar que, incitado por la voz de un espectador, finiquitó al cuarto animal de la función de una gran estocada ejecutada con la mano izquierda, síntoma de la seguridad y superioridad con la que lo realizaba todo.

Después de esta corrida, decidió, nuevamente, tomarse un descanso y alejarse de los ruedos. A pesar de ello, Luis Miguel continuó toreando en el campo y también algunos festivales, como el celebrado en Vallauris en octubre de 1961 organizado para conmemorar el ochenta cumpleaños de Picasso. En la preparación que estaba efectuando de cara a una futura vuelta a los cosos, resultó corneado de cierta gravedad en el muslo izquierdo en la finca de Miguel Báez “Litri”. El 10 de octubre de ese año, 1970, hizo el paseíllo en Las Ventas en otro festival dispuesto para paliar la situación de los afectados por los terremotos del Perú. Tras las buenas sensaciones de ese día, resolvió vestir otra vez el traje de luces.

El último retorno

La plaza que acogió el retorno de Dominguín fue la recientemente inaugurada de Las Palmas de Gran Canaria. El acontecimiento se fechó el 10 de junio de 1971, completando la terna Antonio Bienvenida, que había reaparecido hacía pocos días en el ciclo isidril, y Miguel Márquez. El primer toro del lote de Luis Miguel atendía por “Pasacalles”, perteneciente, como el resto de los enchiquerados, a la vacada de Samuel Flores. Finalmente, obtuvo un apéndice. Unos días después, el 24 de junio, doctora a José María Manzanares en Alicante ante la atenta mirada de “El Viti” y astados de Atanasio Fernández.

En la última parte de aquella campaña, 2 y 3 de octubre, participó en dos festejos singulares que tuvieron por escenario el estadio Tasmajdan de Belgrado. Para la ocasión se jugaron animales de Carlos Núñez y Guardiola, actuando también el rejoneador portugués Alfredo Conde y el diestro francés Roberto Piles. En la segunda de estas corridas, sobrevino un accidente fortuito con el arpón de una banderilla, que le produjo al torero nacido en la capital de España un profundo corte en la palma de la mano izquierda. El infortunio no acabó aquí para Luis Miguel, pues el 28 de noviembre toreando en el histórico coso limeño de Acho se rompió tres dedos de la mano derecha.

El 9 de julio de 1972 se anunció en una de sus plazas talismán, la capitalina de Vistalegre, junto a Curro Romero y Eloy Cavazos. Terminó paseando una oreja del segundo de sus oponentes. Durante el mes de agosto subrayar, especialmente, las tardes de Vitoria y Bayona. Si en la aludida corrida había vivido la miel del triunfo en la ciudad francesa, el 3 de septiembre le tocó probar el amargo sabor de la cornada, afortunadamente, en este caso, no demasiado grave.

La Maestranza de Sevilla disfrutó en la siguiente temporada --que sería la última en activo-- de la tauromaquia de Dominguín. El 29 de abril concedió la alternativa a José Antonio Campuzano, figurando como testigo “Paquirri”. Su labor con los astados de Carlos Núñez tuvo el sello de la elegancia y la torería, no cuantificándose en trofeos a causa del deficiente manejo del estoque. Aún le restaba un paseíllo más en el coso del barrio del Arenal, el que efectuó el 31 de mayo en la Corrida de la Prensa.

En un principio, tenía dos compromisos contratados en la feria de San Isidro, si bien sólo pudo torear uno de ellos al suspenderse por lluvia el segundo. El 25 de mayo, vestido de rosa picassiano y oro, compareció en la plaza de la calle Alcalá para pasaportar ejemplares de Atanasio Fernández alternando con Paco Camino y Palomo Linares. Fue ésta la despedida de Luis Miguel de uno de los recintos taurinos fundamentales en su carrera, como en la de toda gran figura que se precie, que paladeó en bastantes oportunidades su concepción de lidia total.

El adiós definitivo

Tras restablecerse de un cierto agotamiento físico que venía padeciendo, se incorporó, de nuevo, a la actividad en agosto. Desde ese momento hasta finales de septiembre logró triunfos destacados en Barcelona, Huelva, Jerez, Linares ó Almería, entre otras plazas.

La última corrida en la que participó en suelo español fue el 23 de septiembre en la plaza Monumental de la ciudad condal. En aquella jornada de tanta carga emotiva para él, estuvo acompañado por Ruiz Miguel y Julio Robles, lidiándose cornúpetas de Sepúlveda. El punto y final a su trayectoria profesional fue el 1 de diciembre de aquel 1973 en Quito. En dicha función convirtió en matador de toros al espada local Edgar Peñaherrera, provocándole el primer burel de su lote una fractura abierta del peroné derecho.

Las virtudes que poseía Luis Miguel tales como inteligencia, valor, personalidad, amor propio…, hicieron de él un torero difícilmente superable en el ruedo, puesto que además era tremendamente poderoso y magnífico lidiador, con un inmenso conocimiento de las reacciones de las reses, así como de las distintas suertes tanto de capote, banderillas y muleta. Con el matador de Madrid el espacio reservado a la suerte, que siempre existe en el toreo, era muy reducido, casi todas las variables estaban bajo control. En definitiva, fue en palabras de su ahijado, José María Manzanares, “el diestro que más figura del toreo ha sido”.

BIBLIOGRAFÍA.

Abella, Carlos: “Luis Miguel Dominguín”. Prólogo Jorge Semprún. Espasa Calpe. Madrid, 1995.

Amorós, Andrés: “Luis Miguel Dominguín. El Número Uno”. La Esfera de los Libros. Madrid, 2008.

Cossío, José María de: “Los Toros. Inventario biográfico”. Tomo 14. Editorial Espasa Calpe. Madrid, 2007.

Cossío, José María de: “Los Toros. Crónicas. 1948-1980”. Tomo 29. Editorial Espasa Calpe. Madrid, 2007.

HEMEROGRAFÍA.

Revista Aplausos, Año XX, nº 972, 13-05-1996.

Revista 6 Toros 6, nº 98, 14-05-1996.

PÁGINAS WEB.

www.bibliotecadigital.jcyl.es

www.hemeroteca.abc.es

© Carmen de la Mata Arcos/2016

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Medio siglo después la conferencia sigue teniendo vigencia


Marcial Lalanda: "Cincuenta años viendo toros"


En todos sus pasajes fundamentales, la conferencia parece premonitoria de las circunstancias que hoy vivimos. Pero están dichos ahora va ya para medio siglo. Se trata de la conferencia que en marzo de 1967 pronunció Marcial Lalanda en la Peña "Los de José y Juan", bajo el título "Cincuenta años viendo toros". Traemos a nuestras páginas el texto íntegro de aquella disertación, en la que Lalanda se sincera de una forma directa, sin andarse con rodeos. Naturalmente, como corresponde a una conferencia, no estamos ante un tratado histórico; más bien habría que hablar de un relato de sus memorias, en las que no elude ningún aspecto. Llama poderosamente la atención como en aquel 1967, Marcial ya adelanta los riesgos por los que hoy atraviesa la Tauromaquia.


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