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El nuevo diseño que encargó Joselito
Los trajes de luces y el sentido de la estética en los toreros
75.000 libras (88.500 euros) pide Parade Antique por este vestido de Gallito
Cuenta José Díaz de Quijano Garciabriz --"Don Quijote en la crónica taurina-- que en el último invierno de su vida Joselito el Gallo encargo a su sastre que diseñara un vestido de torear que resultara menos pesado. Pensaba el torero en utilizarlos especialmente en sus frecuentes corridas en solitario con seis toros. En medio se cruzó la tarde de Talavera y no pudo llegar a estrenar los nuevos diseños. Sin embargo, se fueron abriendo paso entre los coletudos. En opinión de "Don Quijote", la elección entre el viejo y el nuevo diseño tuvo mucho que ver el propio temperamento artístico de cada espada.
Actualizado 25 febrero 2017  
Don Quijote   

Joselito el Gallo, en el ultimo invierno de su vida, dícese que indicó a Uriarte, el sastre de toreros, la conveniencia de lanzar un nuevo modelo bordadas de trajes de luces, que aminorase su peso. Joselito se encerraba a menudo con seis toros para él solo, y en estas corridas pensaba utilizar el nuevo modelo de "peso ligero", diríamos. E l toro "Bailador", cortando estúpidamente la existencia del gran lidiador, le impidió́ llegar a estrenar el nuevo traje ideado por él. El primer torero que hubo de vestirlo fué Magritas, a quien siguieron casi todos los coletudos, hasta el punto de que años atrás, casi había desaparecido el modelo antiguo, con caireles, alamares, golpes, muletillas, o como quiera llamárseles. Fué una plaga de chaquetillas lisas, bordadas, pero sin el realce airoso de los alamares. (Tanto es así que yo, que siempre anoto en mis revistas el traje que saca a la plaza cada matador, porque creo que es un detalle que ayuda luego a recordar más viva e imperecederamente las faenas, al menos a mí me sucede así́; vengo desde entonces haciendo la distinción especificando si el traje verde y oro, por ejemplo, que luce Fulano en la corrida, es con alamares o sin ellos). Poco a poco han resurgido y vuelto a predominar las chaquetillas con caireles sobre las simplemente bordadas, si bien las muletillas son más menudas y menos colgantes, más cosidas a la seda, que las de antaño.

Y vengo observando un detalle curioso, casi misterioso, que revela de modo posiblemente subconsciente, toda una teoría de la estética según el temperamento artístico de cada torero. La mayor parte de los actuales matadores lucen indistintamente las chaquetillas bordadas y las de caireles; algunos, sin embargo, casi siempre visten éstas; hay dos o tres que prefieren las otras. Y hay uno, que jamás saca un terno con alamares en la chaquetilla. Y –aquí de lo misterioso y subconsciente de las relaciones estéticas según los distintos temperamento--: he advertido, no sin gran sorpresa al observarlo, que ese torero que sólo usa chaquetillas bordadas, lisas, lamidas, es un torero con cuyo estilo de torear yo jamás podré estar conforme; y que. en cambio, mis toreros predilectos suelen lucir en todos o en la mayor parte de sus ternos, los antiguos alamares.

De donde --según mi punto de vista de la estética taurina-- podría sentar la siguiente premisa, a primera vista caprichosa, pero cuyo fundamento abona y demuestra la realidad: Torero artista, torero de la buena escuela: viste traje con cairelas. Torero antiestético: viste chaquetillas bordadas.

Ni a Rafael el Gallo --el artista con un sentido más depurado del arte de vestirse de torero--, ni a Belmonte --el revolucionador de la estética del toreo-- los he visto nunca vestir chaquetillas sin alamares...

Hay toreros artistas, como Chicuelo y Márquez, que alguna vez las sacan. Son las menos. Gitanillo y Cagancho casi nunca; no estoy seguro de habérselas visto.

En cambio hay otros ases, cuyo prestigio es innegable, cuya categoría no se discute, pero que no se distinguen precisamente por su estilo depuradamente estético, que se encargan con preferencia los ternos bordados sin muletillas. Y hay uno –repito-- que jamás las luce. Y es, prescindiendo ya de su estilo de torear, quien precisamente por su físico, por su figura, más necesitaría ese adorno. El traje bordado adelgaza y estira la figura, le quita aire, y los caireles prestan garbo, ensanchan al menos aparentemente el torso del torero. Pues este torero, poco proporcionado de cuerpo, alto, desgalichado, es precisamente el que prescinde de esos graciosos aditamentos del indumento toreril, y adopta exclusivamente el terno liso, lamido, sin el reborde de las chaquetillas de caireles, lo que acentúa el defecto físico, desde el punto de vista torero, de su figura. Si a algún torero le sienta peor el traje sin alamares que el otro es a él. Y yo me pregunto: ¿qué misteriosa relación subconsciente puede haber entre ese nimio detalle de usar o no usar alamares en las chaquetillas y la estética taurina en el arte de torear ? Porque la experiencia y mi observación me confirman a diario que debe haberla...

Si preguntásemos al torero aludido: “¿Por qué usa usted siempre sus chaquetillas sin alamares?", seguramenite respondería: "¡Qué sé yo!, Porque gustan más". Y ni él ni los otros los que las usan con caireles sospecharán, al contestar, la misteriosa relación que sin duda existe entre su gusto y su capricho, referente a semejante nimiedad indumentaria, y la estética de sus estilos respectivos.

© La Fiesta Brava, nº 187, 13 de junio de 1930

El autor:
José  Díaz de Quijano Garciabriz (Madrid,1890-1943), con la fluencia de sus años en Santander está considerado destacó como escritor destacado de carácter costumbrista, incorporando en sus escritos varios elementos de folclore. En 1907, se iniciaría en la crítica taurina, trasladándose a trabajar a Barcelona donde fue corresponsal de “Fiesta Brava”, el mejor semanario especializado que ha tenido la Ciudad Condal. De regreso a Madrid, fue crítico taurino del diario ABC, empleando el seudónimo de Don Quijote.
Según se indica en la monumental enciclopedia de José María Cossío, tenía “un estilo casi coloquial y familiar” y “fue belmontista a machamartillo”. (Fuente: www.escritorescántabros.com)

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