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Escaso eco de unos carteles con figuras
Los insondables misterios del abono de Sevilla
Es lo cierto que las cuentas reales no pueden ser absolutamente ruinosas, porque no hay empresario que un año tras otro trabaje a pérdidas. Pero, pese a todo, quedan pocas dudas: el sistema actual de los abonos en Sevilla presenta demasiadas disfunciones como para que pueda mantenerse por mucho tiempo. Ni con las figuras ni sin ellas, el numero de abonos vendidos crece de una forma apreciable: en el último año, tan solo 129; cuando antaño había hasta 6.500, hoy no pasan de los 2.500. Deben fallar los precios, pero también algunos elementos mas estructurales para que esta dinámica se mantenga.
Actualizado 27 junio 2017  
Antonio Petit Caro   
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Con todas las figuras en los carteles y sin ellas, demostrado ha quedado que el abono de Sevilla no funciona de unos años a esta parte. Ni con la feria más cara, ni con la más baratas, el número de los abonados termina de cuadrar. La lógica lleva a pensar que, cuando se dan tales circunstancias, es porque algo mucho más estructural está fallando.

Parece evidente que los precios no acompañan. El informe que hizo Ignacio Sánchez-Mejías, que además de gran aficionado es un acreditado auditor de cuentas, ya nos decía allá por el mes de marzo que la oferta económica no resultaba suficientemente atractiva como pasar de adquirir las entradas sueltas al conjunto del abono.

Aunque las cuentas del mundo del toro siempre andan como escondidas en el arca perdida, no hay que ser demasiado espabilado para advertir que algo falla para que ocurran estas cosas. Es lo cierto que las cuentas reales no pueden ser absolutamente ruinosas, porque no hay empresario que un año tras otro trabaje a pérdidas. Pero, pese a todo, quedan pocas dudas: el sistema actual presenta demasiadas disfunciones como para que pueda mantenerse por mucho tiempo.

En el caso de Sevilla, con un número apreciable de espectadores que son foráneos, cabe pensar en que adquirir el abono no compensa, porque con la feria de abril, que es la que verdad interesa, se tiene uno que llevar además las entradas para todas las novilladas incluidas en el abono y para la feria de San Miguel, cuando lo seguro, o al menos lo más probable, es que no se vaya a volver a montar en el AVE tan sólo para regresar junto al Guadalquivir fuera del ciclo feriado. ¿Qué se hace entonces con las localidades que nos e van a utilizar? Pues, o se dejan de recuerdo como si fueran una reliquia de museo, o se las regala uno al conserje del hotel, para que él las coloque, si es que puede. Pero el desembolso se ha hecho.

En Madrid esta cuestión se trata de resolver creando, además de dos abonos diferenciados: San Isidro y Otoño, diversas fórmulas para que no sea condición indispensable adquirir todas las localidades para el mes completo de toros. Con una cosa y otra, se dan casi una docena de opciones diferentes, porque aunque el cuerpo aguante tan metraje, a lo mejor la cartera no lo permite.

Que se sepa, en Sevilla una cosa de este tipo no se ha intentado. A lo mejor resulta que es así porque el cambio empeoraría aún más cuentas: con las entradas adquiridas y no utilizadas por sus propietarios se pueden compensar pérdidas. Pero desde luego, algo debe ocurrir para que en un año --ojo: con la feria más cara de la historia--  con las figuras tan sólo crezca en 129 el número de los nuevos abonados.

En todo esto se entremezcla, además, que el uso de las nuevas tecnologías permiten adquirir a distancia y de forma selectiva las entradas para aquellos festejos que más interesan. Lo cuál facilita a la hora de elegir en un ésta sí, aquella no. O lo que es lo misma: hace aún mas prescindible el abono completo.

Cuando se habla de que el mundo del toro tiene que reinventarse, entre otras cosas se está pensando en este tipo de desajustes. Los ciclos feriados, salvo en Madrid, ya no necesariamente sirven para asegurar los números. Ahí están muchas ferias recientes en otras capitales menores, en las que de tres o cuatro festejos, tan sólo en uno se llegó a los tres cuartas partes del aforo cubierto.

En esta línea, parece ineludible que Ramón Valencia tiene que reinventar sus fórmulas de construir y de vender los abonos de Sevilla, salvo que Ramón Valencia aspire a pasar a la historia como el primer filántropo del toreo.

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