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Con el capote con el que se retiró "Bombita"
Enrique Ponce: La majesjad de un lance que revive una historia grande
Un lance con mucha historia de Enrique Ponce, en una imagen merecedora de premio de Manu de Alba
Como ocurre tantas veces en la vida, fue pura improvisación. ¡Pero qué improvisación¡ La trenzó hace unos días Enrique Ponce en Bilbao, como para explicar con los suaves movimientos de sus muñecas todo lo que esconde en un gran lance a la verónica. El capote tiene su historia: fue el último que utilizó Ricardo Torres "Bombita" el día de su retirada y que hoy se custodia en las vitrinas del Club Cocheritlo. Pero el lance también enlaza con la mejor historia, porque en el fondo viene a cumplir todos esos requisitos que dejó para la posterioridad Gitanillo de Triana. La imagen de Manu de Alba --que es de premio-- lo dice todo.
Actualizado 17 enero 2018  
Antonio Petit Caro   

El embeleso que conmueve de un gran lance a la verónica resulta difícil de explicar. El que hace unos días cuajó Enrique Ponce toreando de salón, fue de esa categoría. Fue aquel un lance con mucha historia: lo ejecutó con el capote que utilizó Bombita la tarde en la que se despidió de la afición de Madrid, y que hoy se guarda como un tesoro en las vitrinas del Club Cocherito, como un verdadero legado del hijo del cronista “Clarines” --don Antonio Arocena--, a quien se lo regaló su dueño como recuerdo de aquel día.

Un capote histórico en manos de un torero con mucha historia a sus espaldas, que es capaz de improvisar al aire un lance majestuoso, como movidas las telas por unas manos de seda. La imagen lo dice todo.

A mi me recordaba aquel incumplido sueño de Antonio Ordóñez, un maestro colosal capote en mano, cuando decía que aspiraba a  “lidiar un toro exclusivamente con la capa, después de tercio de banderillas, cogerla de nuevo y torear con ella hasta el momento de la muerte. Quisiera comprobar dónde llegaríamos con la capa el toro y yo”. Si lo pudiera haber cumplido habría sido un momento cumbre donde los haya.

Y es que Ponce, sobre el parquet del Cocherito, hizo realidad aquellas palabras tan sabias de Gregorio Corrochano: “la elegancia de Antonio Ordóñez con el capote es como la continuación de la elegancia del capote de Antonio Fuentes, después del ritmo que imprimió al toreo Juan Belmonte”.

A uno y otro lado del Atlántico, se dan ejemplos gloriosos de la fuerza estética, espiritual se diría, del lance a la verónica, que se le vio a Enrique Ponce el otro día. Célebres fueron los lances del mexicano Luís Castro “El Soldado” a un toro de Torrecilla, sobre los que el cronista “El Tío Carlos” dejó éxito en el diario “El Universal”: "Sobre la arena húmeda –olor a tierra mojada, cabrilleo de sol tímido- se abrió el asombro de un capote de torear duro y moreno como el bronce, hondo y suave como una caricia. Rosas de hierro forjado resbalaron al suelo de entre sus pliegues florecidos; rosas de hierro como las de una balconería de palacio virreinal. A fuego vivo labró el artista ante nosotros su milagro; siete lances como rosas de forja dieciochesca. Y la multitud se entregó ante el prodigio; porque había presenciado la resurrección de los viejos, desdeñados prestigios de la verónica”.

Como también ha marcado la historia la concepción que siempre tuvo Francisco Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”, el gran Curro Puya. ”Esa verónica tan personalísima, grácil y con duende --nos recordó muchos años después Luís Nieto-- , en la que como los grandes toreros, esos que cuando ponen el alma se olvidan del cuerpo, se ve a Gitanillo hundirse, abandonarse, metiendo el mentón como si quisiera traspasar su corazón, y bajando las manos lo indecible para conducir la embestida del toro. Pura enjundia. Un lance que era interminable. Este tipo de toreros salta muy de tarde en tarde. Y sus lances son chispazos de arte que traspasan las pupilas para entrar en el corazón. Como los chispazos que saltaban en las fraguas de los Puya, gitanos de Triana que rezuman arte”.

Un joven poeta, excelente aficionado, como Rafael Peralta Revuelta, cantó estos momentos con versos inolvidables:

Qué tienes tú, Curro Puya,
que hasta el corazón se para,
y haces detener al tiempo,
y pones de pie a la Plaza?
¿Qué tienes? Dime, ¿qué tienes?
Dime el secreto que guardas,
que has hecho llorar al río
por seguiriyas gitanas
y soñando con tus lances
se ha dormido la Giralda

Y es que, como decñia Manolo Escdero, un lance a la verñonica en el fondo, es casi como un baile. Si lo pudiéramos al ralentí, no sería distintos a los movimientos de un ballet”. Pero, al final, la sabiduría del recordado Pepe Luís, nos lo dijo de forma mucho más directa: “Es un arte que está por encima de estilos  y de escuelas. La técnica hay que aprenderla;  el temple es cosa de Dios”.

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