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Recomendaciones literarias
"Vida y arte de Conchita Cintrón", por Paco Montero
Fue mucho más que un escritor de toros, un género que cultivó con gran acierto. Paco Montero --Francisco Montero Galvache-- fue un periodista, escritor y poeta andaluz (1917-1999) que alcanzó un notable prestigio. Practicamente no hubo genero literario en el que no se hiciera presente. Su catálogo de obras y de premios lo certifica. En esta ocasión, el historiador mexicano José F. Coello Ugalde trae a nuestras páginas la obra que dedicó a Conchita Cintrón, un libro que es una obra avanzada a su tiempo, una especie de gran reportaje en el que no faltan referencias ni puntos de vista a la trayectoria como rejoneadora de su potagonista, aquella admirada mujer de la que Gregorio Corrochano escribió: "El día que se baje del caballo se tendrán que subir al caballo muchos toreros".
Actualizado 10 marzo 2018  
José F. Coello Ugalde, historiador   
 Toros en París: Conchita Cintrón, Ángel L. Bienvenida y El Vito
 La madre de los Bienvenida
 Por fin podía servir a mi mozo de espadas...

Ser torero es un traje que ciñe el miedo y adorna con sedas el alma del torero…
Es una sonrisa prendida al borde de los labios…
Es un partir plaza partiéndose la vida para navegar entre sueños sin la certeza de regresar
Conchita Cintrón

Bastaron tres libros, La revolución torera de “Frasquito”, “El Litri”, torero atómico y Vida y arte de Conchita Cintrón --escritos y publicados en Sevilla entre 1948 y 1949--, para que la discreta obra de Paco Montero se diera a conocer, y en la que encontramos los lectores a un autor afortunado en su estilo, su pluma y la manera tan peculiar de llevar a cabo el interesante ejercicio de la entrevista.

Toca en esta ocasión, hacer algunos comentarios sobre el libro dedicado a la amazona chilena Conchita Cintrón Verrill. Por aquellos meses con los que finalizaba la primera mitad del siglo XX, la protagonista de esta obra, se encontraba en España, realizando labores en la plaza, pero también en el campo. No tuvo la Cintrón oportunidad de cumplir a cabalidad sus presentaciones pues por esas épocas estaba en vigor una disposición que le impedía torear a pie, públicamente, en las plazas españolas. Se hicieron cuantas gestiones fueron necesarias, pero no hubo resultado favorable, así que, como ella destacaba: “Para mí es un verdadero dolor cada vez que en el instante de sonar los clarines para la muleta, he de quedarme quieta, entre barreras, mirándolo todo sin que a mí me sea posible hacer faenas, entrar a matar, expresar, en una palabra, todo lo que yo siendo hacia esta Fiesta única…”

Y ese habría sido su deseo, lo cual no sucedió en plazas americanas, en las que fue acumulando triunfos y más triunfos, recordando que entre sus primeras actuaciones, se registró la de su presentación en el “El Toreo” de la Ciudad de México, la tarde del 14 de octubre de 1942, alternando aquella ocasión con Luis Procuna, Audomaro Becerril, Jesús Guerra, Ricardo Balderas y “Tacho” Campos, enfrentando una novillada de Saavedra.

Los escenarios donde se desarrolló la entrevista no pudieron ser más propicios y afortunados. Me refiero a la hermosa ciudad de Sevilla, sus alrededores y algunas ganaderías donde sucedieron auténticos milagros del toreo, como “Gómez Cardeña” o “El Esparragal”, finca en la que hubo oportunidad de que Montero la interrogara con objeto de conocer algo más sobre la que para entonces, era una joven de 24 años, y que gracias a la fama construida por sus constantes presentaciones en diversos ruedos, esto se convertía en una auténtica oportunidad.

Y en efecto, poco a poco la más limeña que chilena Conchita Cintrón, poco a poco fue revelando los detalles propios de una mujer que a pasos agigantados se hizo tan célebre como los propios diestros que entonces forjaban sus campañas. Me refiero, entre otros, a Pepe Luis Vázquez o Álvaro Domecq. La entrevista, no un llano trabajo más, sino matizada con los toques perfectos, como los de una faena que se aplaude a cada momento, fue transcurriendo al cabo de varias jornadas.

Destaca, evidentemente la que transcurrió en la famosa finca de Juan Belmonte, “Gómez Cardeña”, donde el trianero demostró sus virtudes como garrochista, pero también en la plaza de tienta, donde con toda la suma del toreo concentrada en ese personaje de leyenda, los invitados pudieron disfrutar de una jornada en la que la presencia de Belmonte era suficiente motivo para reencontrarse con lo añejo del toreo. Y toreó Juan, que como se dice en el libro, fue una maravilla. Sorprendió a propios y extraños que celebraron aquellos momentos en que se libraba esa especie de confrontación entre lo apolíneo y lo dionisíaco. Ya nada más podía pedirse.

Pero a quien querían ver torear también era a Conchita Cintrón, y ya que intervino, y se lució de entrada con verónicas plenas de serenidad, rematando a la manera de Belmonte, fue el propio trianero quien le prodigó una sincera ovación al pie del burladero donde se encontraba, con lo que estaban cumpliéndose a cabalidad los propósitos de que la célebre rejoneadora fuese motivo de un justo reconocimiento, sobre todo por parte de aquellos invitados, la “crema y nata” del ambiente taurino de entonces.

Una de sus actuaciones en México.(Foto: Luis Reynoso)

De todo eso nos da “santo y seña” Montero en un libro que se lee con gozo y disfrute y del que pronto nos damos cuenta que, como un suspiro está a punto de terminarse entre también las últimas confesiones que su entrevistada iba proporcionando en términos no solo de su vida pública, sino algunos otros aspectos de absoluta confidencia, pero que supo manejar con gran sutileza, sin que aquello terminara en vanalidades, sino en el fino trato que ambos personajes fueron construyendo en un pequeño volumen que ahora ha tocado la suerte de leer y más aún, de compartir con los lectores.

Fueron importantes los datos que deslizó su entonces apoderado, Marcial Lalanda, para conocer la parte en la que Conchita Cintrón se puede entender como una auténtica figura del toreo, gracias a informes donde se sabe sobre diversas actuaciones, en las que la propia rejoneadora llegó a rematar diciendo que habría enfrentado por aquellos tiempos 600 toros muertos a espada.

 Asimismo, los gestos de convencimiento que mostraron personajes que se declararon “istas” de la extraordinaria amazona debido a lo excepcional en el manejo de los caballos, de la escuela que aprendió gracias a tener a su vera a uno de los mejores maestros en el arte del rejoneo. Me refiero a Ruy da Cámara.

Y como Paco Montero se dio a escribir poesía, dedicó, no podía ser la excepción, un par de décimas a la “musa peruana” que solo dejan, como las grandes faenas, un aroma de gracia que ahora se extiende si me permiten traer hasta aquí esas dos delicadas piezas, que van así:

¡Qué transparente sonrisa
cubre de gloria la plaza!
¡Qué esbelta delicia traza
tu azul caballo en la brisa!
Tú, en el centro: ¡qué precisa
tu agilidad en la suerte!
La luz, en ti se convierte.
Que si Dios te da los dones,
en un jardín de rejones
¡cambias en vida la muerte!

¿Qué es un rejón? Un lucero
perdido en la noche oscura,
que renace en la montura
de tu cabello torero.
Tus ojos miran su acero,
bruñido de resplandores;
brota un milagro de flores,
sobre tus manos de oro;
y por el cielo del toro
¡lo clavan los ruiseñores!

La obra
Francisco Montero Galvache, “Paco Montero”:
Vida y arte de Conchita Cintrón.
Sevilla, Ed. Católica Española, 1948.
127 pág.s y 6 fotos en b/n
Distintas distribuidoras ofrecen este volumen en su venta online

El autor:
Francisco Montero Galvache (Paco Montero)
Nacido en San Fernando (Cádiz) en 1917, hijo, nieto y biznieto de marinos. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla. Persona prolífica en su obra, de enorme categoría humana, que siempre llevó a su ciudad natal, por donde quiera que fuese.

Falleció en Sevilla el día 29 de Septiembre de 1999. A su fallecimiento, se constituyó una Fundación Literaria que lleva su nombre, con sede en Alcalá de Guadaira, tierra que le hizo Hijo Adoptivo, y que él eligió para su descanso eterno, a los pies de Nuestra Señora del Aguila.

Fue finalista de los Premios Nacionales de Novela "Nadal " y "Planeta" con sus obras "El mar está sólo" y "Las manos también lloran" respectivamente. De su prosa dijo Marañón que "nos hace olvidarnos de la tierra y soñar". Fue Premio Nacional de Prensa, Premio de Poesía "Sánchez Bedoya" por su "Cadena de Sonetos a la Purísima",  entre otros muchos

Académico de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras; de Medicina y Cirugía de Sevilla, de la Real Hispanoamericana de Córdoba, de San Dionisio de Jerez de la Frontera, de San Romualdo de San Fernando, entre otras españolas. Académico también entre las extranjeras, de la de Ciencias y Letras de Buenos Aires, del Instituto Brasileiro de Sao Paulo, de la Academia de Ansaldi de Paris y de la Unesco en Trieste. Estaba en posesión de la "Medaille Civile" de Francia, perteneciendo a la "Columbus Association".

Durante más de veinte años, su continua palabra en Radio Nacional de España exaltó los valores andaluces de todo orden, contribuyendo bellamente a la renacida andalucidad con sus programas "Andalucía Nuestra" y "Nosotros los Andaluces". En su tarea periodística, son innumerables los artículos conocidos, con colaboraciones en ABC, Diario de Córdoba, Diario de Jerez, El Correo de Andalucía, Diario Lucha --de Teruel--, Revista Ruedo, Revista Gala, Revista Cauces.

Fruto de esta dedicación fueron tres de sus títulos taurinos: “La revolución torera de Frasquito”, “El Litri, torero atómico” y “Vida y arte de Conchita Cintrón”.

Mantenedor de Juegos Florales y pregonero en diversas ocasiones, dominaba el género, creando un estilo personalísimo en el que la prosa y el verso se hermanan a gran altura. Destacamos el inolvidable Pregón de la Semana Santa de Sevilla de 1959 y el de Antequera en 1982.  

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