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Frente a su acusado declive
Las corridas de rejones necesitan de un cambio
De los 400 festejos que se daban de media en la primera década del siglo XXI, en la actualidad estos espectáculos se han reducido a menos de la mitad. En concreto, en 2019 han superado ligeramente los 150. Aunque resulta más complejo establecer cifras contrastadas de asistencia, todo lleva a pensar que su atractivo para los aficionados se ha reducido al mismo ritmo que el número de festejos que se organizan. Sin embargo, el actual nivel artístico de la mayoría de los rejoneadores no sólo se ha mantenido con respecto al pasado, sino que en muchos casos ha subido. Cuando se dan datos tan contradictorios, cabe pensar que ha llegado la hora de repensar en profundidad la razón de ser de estos festejos, que son indispensables para la globalidad de la Tauromaquia.
Actualizado 21 octubre 2019  
Redacción. Servicio de Documentación   

A partir de 1971, cuando Ángel Peralta alumbra la idea de “Los Jinetes de la Apoteósis”,  en unión de su hermano Rafael, José Samuel Lupi y Álvaro Domecq, las corridas exclusivamente de rejoneadores comienzan a alcanzar un especial relevancia, llegando a estar en prácticamente todas las ferias. Hasta en 111 ocasiones se llegaron a anunciar en una sola temporada. Como bien recuerdan los aficionados, e etapas anteriores históricamente lo usual era que un rejoneador encabezara un cartel convencional, con la lidia de un sólo toro. Y a partir con el correr de las temporadas asistimos al boom generalizado de este tipo de festejos.

 

Ahora, casi medio siglo después, ha llegado el momento de que este tipo de espectáculos vuelvan a repensarse. La estadística parece que obliga a ellos: el número de festejos mantiene una continuada decadencia. Si al inicio del siglo XXI sólo en España se celebraban más 400 espectáculos, en la actualidad ligeramente superan los 150, de los cuales poco más de 40 lo son en plazas de 1ª y 2ª categoría, esto es: en las ferias principales que componen una temporada.


 

Cuando además se comprueba que ya no cumplen el benéfico papel de salvar las taquillas de una feria --prácticamente, sólo en Madrid las figuras de ese sector consiguen poner el “No hay billetes”--, resulta lógica la tendencia a la baja de su inclusión en ferias importantes.

 

Sin embargo, este expresión del arte del toreo resulta muy relevante en la historia de la Tauromaquia. De hecho, en los últimos 50 años hemos asistidos a momentos que crearon un enorme ambiente. Aquellos toros en puntas que lidiaba Moreno Pidal, las ilusiones que levantó Josechu Pérez de Mendoza, la enorme sorpresa que produjo en la afición Joao Moura --el “niño Moura” del que hablaba la crítica por su corta edad--, la madurez y la hondura profesional de Manuel Vidrié… La relación sería amplia, pero con un denominador común: todos ellos forman parte por derecho propio de los Anales generales del toreo.

 



Ya en el actual siglo, dos nombres han hecho revivir este arte: Pablo Hermoso de Mendoza y Diego Ventura, que con unas trayectorias muy firmes han llevado al rejoneo hasta límites que nadie se imaginaba hace medio siglo. De hecho, al conjuro de estos nombres la nómina de rejoneadores no se ha multiplicado precisamente. En 1999, al concluir el siglo XX, en España se anunciaron un total de 91 profesionales. Pero, sin embargo,  en la pasada temporada los que han podido pisar un ruedo suman tan sólo 57, y de ellos nada más que 18 han pasado de las 10 actuaciones.

 







Uno de los cambios apreciables que se ha producido ha sido la importancia que para las figuras a caballo ahora reviste la temporada americana. Siempre hubo rejoneadores que viajaron al otro lado del Atlántico. Y con mucho éxito.  Por ejemplo, apoteósica resultó la presentación de Álvaro Domecq Romero en la monumental plaza “México” en los años 1963 y 1964. Hoy México para los Hermoso de Mendoza es como una segunda patria y Diego Ventura resulta irremplazable en aquellas ferias. Las plazas americanas se han hecho necesarias aunque  tan sólo sea para ampliar la nómina de festejos.

 

Pero también en aquellos años, se hacían gestas en esta profesión. Y así, cabe recordar como Álvaro Domecq, consagrado ya como figura en lo suyo, se encerró son seis toros --y además, el sobrero-- en 1971 en la plaza de Jerez. Y en la etapa en la que lo apoderó “Camará”, en momentos cruciales también lidiaba toros en puntas. Ahora esos gestos resultan menos frecuentes; de hecho, el último que se puede recordar son los seis toros en Madrid de Diego Ventura, hace un par de temporadas. Y muy poco más. De hecho, por más que se ha pedido un mano a mano Hermoso de Mendoza-Diego Ventura, nunca ha sido posible por el veto del navarro, que nadie comprende.

 

Por otro lado, aunque desde 1960, como ocurre en Portugal, se van instaurando las alternativas --una idea que importo don Álvaro Domecq y Díez--, de los toreros de caballo, y respetaba el acenso de grado a la hora de actuar, en la actualidad en cambio se produce una anómala mescolanza, en virtud de la cual con tal de sumar festejos profesionales con alternativa se anuncian indistintamente con cuatreños y con utreros. De paso, a lo mejor habría que pensar que tanto abandono de la monta vaquera, en beneficio de la alta escuela --que es doma mariavillosa, pero no necesariamente torera--, al final deja en el ruedo mchas habilidades, cabriolas incluidas, pero menos toreo y menos lidia, que a la postre es sobre lo que se construye la Tauromaquia.

 

Con una cosa y con otra, es lo cierto que los festejos de rejones van estadísticamente a menos; bastante en intensidad, pero sobre todo en números. Como corresponde a tiempos de retroceso en la asistencia a las plazas, también los festejos de rejones atraen a menos público. Entre otras causas, porque no ofrece novedades suficientes.

 

Parece lógico que algo tiene que cambiar. Si los rumores que circulan se confirmaran --que eso está por ver--, si es verdad que Diego Ventura   suma su apoderamiento al binomio Chopera-Bailleres --que dirigiendo a los Hermoso de Mendoza, llevan años vetándolo en la puerta de cuadrillas--, podría constituir la gran novedad de la temporada que viene. Pero una competencia real entre los dos, esa podría el aliciente superlativo que hoy falta.

 

Desde luego, con más de lo mismo no se resuelve la situación actual, que además no resulta fácil. Al inicio del año taurino de 2019 Guillermo Hermoso de Mendoza proclamó a los cuatro vientos que iba a separarse artísticamente de su padre y que quería entrar a competir en solitario, incluido Diego Ventura. La proclama duró nada: tal como anda la cosa, para sumar festejos tuvo que seguir anunciándose como siempre; a la intemperie hace mucho frío. Puede ser un buen ejemplo de lo duro que resulta abrirse hoy camino en el mundo del rejonea.

 

Y una vez comprobado que el cartel llamado mixto --un rejoneador, dos matadores-- no es más que una simple componenda, a lo mejor es buen momentos para volver a los orígenes: abrir cartel en las corridas convencionales, como hace años se hacía. La fórmula, además de ser mas asumible para gran parte del público, permite muchas variantes para darles aliciente.

 Cuadros y gráficos de elaboración propia, con estadísticas de la base de dato de Mundotoro.com

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