Viernes, 15 de noviembre de 2019
Madrid: Segunda de la Feria de Otoño
Un bravo frente a la mansedumbre
Entre la mansedumbre y los silencios, así se fue la tarde en esta segunda del abono otoñal. La mala corrida –mansa, desrazada y algunos sin fuerzas-- lidiada por Puerto de San Lorenzo forzó que la tarde se convirtiera en una de tantas, que tan pronto como acaban, se olvidan. Con todo, hubo un gran oasis con el cuarto, un gran toro que precisamente por eso desentonó del conjunto, en el que El Cid se gustó y nos gustó, dentro de lo que ultimamamente gusta. Lo demás, perfectamente prescindible.
Redaccion
 EN OTRAS PLAZAS: la jornada del 30 de septiembre
MADRID. Segunda de Feria. Tres cuartos largos de plaza. Cinco toros de El Puerto de San Lorenzo y uno sobrero de Los Bayones (6º). El Cid (de añil y oro), silencio y ovación. Sebastián Castella (de tabaco y oro), silencio y silencio. Miguel Ángel Perera (de rioja y oro), silencio y palmas.
 
Con posibles para el toreo, tal como hoy se entiende, sólo hubo un toro: el cuarto, que fue importante. El resto de los de Puerto de San Lorenzo formaban un conjunto deslucido; unos porque carecían de raza, otros porque no habían visto la clase ni en pintura, otros, en fin, porque eran la nulidad de la entrega. El cuadro lo completó un mando de Los Bayones. En suma, lo tenía crudo la terna con semejante material.
 
Tiene que guasa que tuera el más basto del sexteto el que luego diera mejor juego, Fue el cuarto, que era uno de esos que los taurinos llaman “toro importante”; esto es, con un punto de alegría y continuidad en sus embestidas, bravo desde que se asomó por primera vez a un capote. Bien es verdad que El Cid supo lucirlo en una faena bien elaborada en la que hubo momentos realmente logrados. Con la izquierda volvió a ser el torero que tantas tardes hemos echado en falta; pero también con la derecha hubo empaque. Sin embargo, cuando todo andaba encarrilado hacia el triunfo la espada vino echarlo todo por tierra. Con el deslucido y escaso de fuerzas que abrió plaza, poco pudo hacer. Por más que el torero se pusiera reiterativo.
 
Ni segundo ni quinto dieron margen de maniobra alguno. Por eso en ambos vimos la versión tesonera de Sebastián Castella. Así como con su primero se le vio expeditivo con la espadas, en ek quinto se cambiaron las tornas.
 
El manso que hizo tercero al menos tenía movilidad y en ocasiones incluso humillaba al coger los engaños. Miguel A. Perera lo intento aquí y allá, intentando siempre que el toro no volviera a encerrarse en las tablas. Pero el trasteo no podía trascender a los tendidos. Con el manso del hierro de Mayalde no pudieron mejorar las cosas.