Lunes, 18 de noviembre de 2019
Madrid: tercera de la Feria de Otoño
Un mano a mano que mereció mejor suerte
La bien presentada pero abiertamente mala corrida de Gavira ha frustrado las esperanzas que tantos aficionados –tantos que pusieron el "no hay billetes"— tenían puestas en el mano de Iván Fandiño y David Mora, que sin embargo han dejado claro no sólo que son dos toreros machos, sino que cuentan con un equipaje técnico y artísticos para funcionar y bien por todas las ferias, superando el alistarse como alivio de las empresas para las corridas duras. Merecen mejor trato.
T. Villegas
MADRID. Tercera de Feria. Lleno de “No hay billetes”. Toros de Gavira y uno de Lozano Hermanos, como sobrero, lidiado en primer lugar; en general, seria de presentación pero de mal juego. Iván Fandiño (de verde esperanza y oro), ovación, silencio y oreja. David Mora (de verde agua y oro), ovación, silencio y. vuelta al ruedo. En el Palco Real presenció la corrida la Infanta doña Elena, acompañada de sus dos hijos.
 
Que la corrida había despertado expectación quedó reflejado en el “No hay billetes”, pero sobre todo en el ambiente que se respiraba esta tarde en Las Ventas, que era como en los días grandes. Nada le han regalado los públicos a estos toreros del mano a mano; sus respectivas temporadas se han cimentando a la antigua usanza:  tarde a tarde, contrato a contrato, hasta llegar a este final en primera línea en cuanto al interés de los aficionados. Por eso, más allá del resultado concreto de esta tarde, hay que alabar la apuesta que han hecho para abrirse camino.
 
Sin embargo, sentado lo anterior uno abriga una duda: si el mano a mano hubiera sido entre Ponce y El Juli, ¿la empresa les había ofrecido esta corrida de Gavira? Lo más probable, aplicando la lógica, es que no habría sido esta corrida desde luego. Vale que las respectivas carreras profesionales de Fandiño y Mora se han cimentado en corridas duras y en principio poco agradecidas. Pero ahora que han abierto brecha en el escalafón, y a satisfacción de los aficionados, ¿no habría la ocasión para traerles una corrida de las que son habituales en los carteles de figura?
 
Y es que como en esto de la historia del torero se han visto tantas cosas,  al final el proceder de los taurinos necesariamente le lleva a uno a la duda. Echemos la vista atrás: cuando Víctor Puerto se situó en una posición destacada, en el año de sus triunfos, se le programó una encerrona para la feria de Otoño; también entonces se cuidó bastante poco la cuestión ganadera. Al final, el torero se estrelló y de tener una cartera de contratos apreciable prácticamente lo dejaron parado.  ¿De qué se trataba de consagrar a un nuevo torero o de pararlo en seco?
 
Hoy tanto Fandiño como Mora han resuelto la batalla de Gavira --que taurinamente se asemejaba a la de las Navas de Tolosa--  con enorme dignidad y una hombría a toda prueba. No se puede conseguir más con menos material. Y no ha sido tan sólo el dar la cara, aún a costa de que se la partan a uno; ha sido poner inteligencia, técnica y, cuando se ha podido, arte. Precisamente por eso se justifica ese razonable criterio de que merecieron tener una corrida más seleccionada para su mano a mano.
 
Pero cuando las cosas se hacen por derecho, cuando hay verdad en los planteamientos, no todo lo fía el aficionado al escueto resultado final, sino que valora esos otros elementos al menos tanto como los trofeos. De ahí que el papel de David Mora y de Iván Fandiño no debe cotizar precisamente a la baja después esta frustrada corrida de expectación.