Miércoles, 21 de agosto de 2019
Falleció en la madrugada del 30 de noviembre
Diego Puerta: el arte del toreo está de luto
En la madrugada de este 30 de noviembre, rodeado de lo que fue siempre su razón de ser: su familia, en su casa del Aljarafe sevillano ha muerto Diego Puerta, uno de los puntales de la torería moderna. Nunca le gusto que le llamaran Diego Valor. Y en efecto, era mucho más que un torero valiente: tenía arte del bueno y una casta fuera de lo común.
Redacción
 Paco Camino y El Viti escriben sobre Diego Puerta

La capilla ardiente del gran torero sevillano se instalará en los salones del Ayuntamiento de Sevilla, para que todos los aficionados puedan darle su último adiós. El jueves 1 de diciembre en la parroquia de San Bernardo se celebrá el funeral por su eterno descanso.

La muerte de Puerta ha causado una gran conmoción entre los aficionados y, en general, en su tierra sevillana, en la que siempre fue uno de los toreros más populares y queridos.

El torero hace unos días tuvo que ser internado en un centro hospitalario, para finalmente ser trasladado a su casa, donde falleció rodeado de su mujer y sus hijos.

Desde todos los puntos de la geografía taurina la familia Puerta-García Carranza están recibiendo numerosísimas muestras de afecto.

Perfil

Nombre: Diego Puerta Diánez

Natural de: Sevilla
Fecha de nacimiento; 28 de mayo de 1941

Debut con picadores: el 7 de octubre de 1956, en el coso de Vista Alegre (Madrid), con Antonio Rúa y Antonio Matesanz, con novillos de Bernaldo Quirós.

Alternativa: Sevilla el 29 de septiembre de 1958. Padrino: Luis Miguel Dominguín; testigo: Gregorio Sánchez. Toros de Arellano-Gamero Cívico.
Confirmación: 20 de mayo de 1960, teniendo como padrino a Manolo González y de testigo a Chamaco, ante toros de Bernabé Fernández .

Después del cornalón de Bilbao, salió lanzado en la Feria de Abril de 1960, con su triunfo ante el miureño “Escobero”, un éxito confirmado unas semanas después con la puerta grande la tarde de su confirmación en Las Ventas. De ahí partió su largo y siempre altos vuelos, que llegaron hasta su retirada, por más que en ese camino los obstáculos, en forma de cornadas, no fueran pocos. De Puerta, claro está, se cantó el valor y el arrojo, unos calificativos con el que el único que parece disconforme es el propio torero, que prefirió siempre que se hablara de su sentido de responsabilidad para con el público. Pero este sevillano fue más, mucho más, que un torero valiente. Manejó siempre el capote con arte y variedad; con la muleta no se quedó precisamente en los florilegios del simple adorno garboso, sino que supo explicar lo que era el temple y la hondura. Que todo eso, además, se hiciera en los terrenos en los que el toro tiene a su alcance las carnes del torero, completa un cuadro que siempre se miró, mejor diría: se admiró, con respeto.