Sábado, 24 de agosto de 2019
Un minuto de silencio:
A Miguel Ángel Montañés, in memoriam
A los 54 años de edad, ha fallecido Miguel Ángel Montañés, secretario general adjunto del Tribunal Constitucional. Hombre entregado a su labor jurídica, en el campo del derecho taurino los aficionados tienen contraída con él una deuda de gratitud: gracias su empeño y a su finura jurídica fue posible que en el vigente Reglamento se reconociera el papel de los aficionados en la Fiesta. En su recuerdo y homenaje, traemos hoy a estas páginas un artículo de José Luis Moreno-Manzanaro, presidente de la Unión Taurina de Abonados y Aficionados de España.

José Luis Moreno-Manzanaro y Rodríguez de Tembleque
Abogado
Presidente de la Unión Taurina de Abonados y Aficionados de España.

“Vivir en los corazones de los que dejamos detrás de nosotros no es ciertamente morir” (Campbell).

Difícil resulta metabolizar la muerte súbita a la temprana edad de cincuenta y tres años, de un ser querido. Más aún cuando el que se va fue excelente, útil, necesario para la comunidad en la que, en cambio, permanece un sin número de mediocridades innecesarias. ¿Por qué casi siempre se van antes los mejores?. ¿Un divorcio entre razón y fe?.

Todavía no he asimilado la muerte de mi compañero y paisano Miguel Angel Montañés Pardo, excelencia como aficionado-servidor de la Fiesta, como persona humana y también como egregio jurista. El perfil de Miguel Ángel era el de una especie de híbrido humano con cuerpo de jurista y alma de aficionado taurino.

Fue necesario y decisivo desde su cargo como Secretario General Técnico en el Ministerio del Interior, para cerebrar la parte positiva de la cobertura constitucional de una obsoleta normativa taurina, haciendo posible en el seno de la Comisión Consultiva Nacional de Asuntos Taurinos, la participación, el diálogo y la concertación de sectores taurinos con intereses diversos, cuando no enfrentados. Tuve el privilegio de colaborar con él en ese empeño.

En este mi recuerdo emocionado, me importa dejar especial testimonio, de pública gratitud a quién –con incienso en su sarga- esculpió en el pórtico de la desafortunada “Ley Corcuera”, el reconocimiento institucional del asociacionismo de abonados y aficionados. Con su fino y templado esfuerzo disuasorio, ante o frente a unos y otros, consiguió que en una ley se nos reivindicara a los olvidados de siempre, a quienes veníamos siendo los convidados de piedra en el concierto taurino, a los que se recocía únicamente el derecho a pagar “sin rechistar”. La Ley establece claramente la obligación de los poderes públicos de fomentar nuestras entidades asociativas y correlativamente nuestra obligación de proteger los valores de la Fiesta sin olvidar la defensa de nuestros intereses como aficionados, abonados, espectadores o simples consumidores. Igualmente fue autor moral –contra viento y marea de los mas poderosos- del derecho de participación de nuestras asociaciones en el acto del reconocimiento de las reses (Art. 33/8).

Finalmente, convencido de nuestra causa y para predicar con el ejemplo, aportó como socio, el brillo y esplendor en frecuentes colaboraciones a la Unión de Abonados y Aficionados Taurinos de Madrid. Si al comienzo afirmo que en un ayer fue útil t necesario para nuestra Fiesta, yo soñé que lo debía ser para le necesaria y nueva política taurina.

¡Que pena!.

Ahí te va, compañero, este minuto de silencio emocionado, seguido de la cerrada ovación de diez Uniones de Abonados y Aficionados Taurinos de España, con mi fraternal abrazo.