Lunes, 28 de septiembre de 2020
Sevilla: Segunda de feria
Al menos, nos queda la esperanza
Diego Silveti
Sólo esperanzas y el propósito de dar una segunda convocatoria. Más o menos fue el resumen final de una tarde, molesta por el viento y las polvaredas de un ruedo mal preparado, con el aditamento de una corrida sin fondo ni bravura con el hierro de Montealto. Pero la terna dejó de esas cosas que a un aficionado le permite esperar: Oliva Soto porque, pese a lo poco que torea, está más cuajado y mantiene su buen corte; Antonio Nazaré porque ha vuelto a su ser natural, ese que llamó la atención de novillero; Diego Silveti porque, como torero de escuela, permite entrever condiciones dignas de mejor suerte y ganas de sacarlas a pasear.
Tomás Villegas
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SEVILLA. 14 de abril de 2012. Segunda de feria. Media tarde en tarde ventosa. Toros de Montealto, ben presentados y ofensivos, pero deslucidos y sin fondo. Oliva Soto (de marino y oro), vuelta y silencio. Antonio Nazaré (de blanco y oro), un aviso y silencio, Diego Silveti (de nazareno y oro), ovación con un aviso y palmas.  El ruedo presentaba un aspecto lamentable: muy suelta la arena y sin el riego necesario, con las consiguientes polvaredas.

Entre el molestísimo viento y la falta de clase y fondo de la corrida debutante de Montealto, la tarde se nos fue de vacío, entre el tedio y la incomodidad. Y para más señas, el hecho de que fuera sábado no animó un ápice la taquilla con respecto al día anterior: se ve que la crisis ha hecho daño, y serio, en el abono.

Pero los aficionados salimos de la Maestranza con un punto de esperanza: a los tres jóvenes toreros acartelados para este día se le vieron detalles, e incluso más que detalles, que con mejores materiales pueden fructificar. Cada cual en su línea, a los tres se le advierten progresos en el oficio. Lo triste es que el momento actual de la Fiesta no da margen para muchas esperas, por mejores propósitos que se tengan a futuro.

El criador seleccionó para su presentación en el ruedo maestrante un lote parejo, bien hecho, sin excesos de kilos pero con presencia y con cabezas ofensivas. Pero ahí se paró. Con la excepción del tercero, que tuvo más fondo, y mientras duro el primero, el conjunto fue todo él muy desclasado, peleones pero no bravos en el caballo y una mayoría con las fuerzas escasas. Vamos, todos los elementos necesarios para ponérselo cuesta arriba a la terna.

Quien más sorprendió fue el mexicano Diego Silveti, sobre todo por el trecho del camino que ya ha avanzado en los pocos meses que lleva como matador de toros. Y así, supo ver que poniéndose en el sitio, su primero tenía un buen fondo, aunque le costara hacerlo aflorar. El torero consiguió algunas series con ambas manos de muy buena nota, pero luego falló a espadas. Muy firme y con ambición se le vio con el que cerraba plaza, tan deslucido como sus hermanos. Ha dejado el mejor ambiente.

Progresos también se advirtieron en Oliva Soto. Y no es sólo porque se mostrara mucho más desahogado con los toros. Es que, sobre todo, su toreo ha ganado en hondura y en autenticidad. Si su puntillero no da el mitin, le habría cortado una oreja a su primer, después de una faena de muy buen corte. Con el cuarto estuvo como era posible: aseado.

Por más que le correspondiera el lote más deslucido, resulta evidente que Antonio Nazaré ha recuperado ese buen corte de torero que ya dejaba ver como novillero. Fueron destellos sueltos, prácticamente apuntes, que es lo que permitían sus toros. Pero en ambos se mostró muy firme.

Oliva y Nazaré tienen el recurso de estudiantes del “vuelva usted mañana”, porque la próxima semana están de nuevo anunciados en la feria. A Silveti hay que esperarlo hasta la confirmación de alternativa en Madrid.  Pero los tres merecen que se les abra esa nueva convocatoria. Hoy suspender, lo que se dice suspender, no han suspendido; han quedado más bien en expectativa de mejor destino.