Sábado, 24 de agosto de 2019
Sevilla: Quinta de feria
Un corridón con poco contenido
Los hijos de don Celestino Cuadri trajeron a Sevilla un corridón: con gran presencia pero guapos de lámina, largos y altos. Alguno había con estampa como para hacerse un dije. Pero la magnífica fachada no respondía al contenido: los interiores estaban plagados de goteras, entre la mansedumbre y la poca raza. Como para que el criador no se sienta satisfecho. Frente a ellos la terna mató los seis sin mayores agobios, pero con escaso lucimiento. Lo más meritorio, por sentido de lidia y por valor, corrió a cargo del salmantino Javier Castaño. Pero, de todas formas, con lo que salía por chiqueros, tampoco es como para meterse en juicios más severos.
Redacción
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SEVILLA, 17 de abril de 2012. Quinta de Feria. Menos de media plaza. Toros de Hijos de D. Celestino Cuadri, de gran presencia, pero con dificultades. Antonio Barrera (de azul turquesa y oro con cabos negros), silencio tras aviso y silencio.  Javier Castaño (de celeste y oro) ovación tras aviso y silencio. Alberto Aguilar (de azul eléctrico y oro), ovación tras aviso y palmas.

Por quinto día la taquilla sigue sin tirar. Desanima un poco ver corridas de feria, y además en Sevilla,  con entradas casi peores que en las novilladas veraniegas. Sólo se entiende porque la renovación del abono haya tenido demasiadas goteras. Entre la crisis  y lo que no es la crisis, si no cunde la preocupación entre los taurinos, será por pura inconsciencia.

En los corrales había un corridón de Cuadri, casi un exceso. Seis toros de gran presencia, bien hechos,  guapos de lámina… Luego resultó que el resultado no fue el esperable: el que no tenía peligro, mantenía unas embestidas cortas y en todos los casos sin entrega ante los engaños. Parecía, en especial, con el capote, que éste o aquel podía romper, pero pronto se esfumaba la esperanza. ¿Exceso de kilos? Por altura y largura para repartir la más de media tonelada que pesaba cada uno, no sería: había esqueleto para repartir tanto peso. Probablemente es más sencillo: no tenían suficientes dosis de bravura y, desde luego, de nobleza. Con todo, hubo un par de toros  --como tercero y cuarto-- que apuntaron algunas mejores opciones. En cualquier caso, una corrida no fácil para los toreros.

Antonio Barrera cumplió a secas en sus dos toros. Más explicable en el caso del primero –que echaba siempre la cara arriba—que en el cuarto, que tenía más recorrido pero pedía lo que no se le dio: cruzarse más y basarse en especial en la mano izquierda. Sus momentos más lucidos fueron en los lances de recibo.

Javier Castaño confirmó en Sevilla que le anda bien a los toros, además de insistir en sus tesis de los arrimones en las cercanías. A que fue sin toda la necesaria ligazón, mérito tuvo su faena al segundo de la tarde, construida sobre ambas manos tratando siempre de llevar al cuadri lo más largo posible. Si le hubieran funcionado los aceros hasta podría haberle cortado una oreja. Con el quinto, el más problemático de la corrida, estuvo valentísimo, con la única opción que le ofrecía su enemigo: meterse entre los pitones, cosa que hizo reiteradamente con mucha verdad, aunque no recibiera una respuestas proporcionada desde el tendido.

No termina de serenarse Alberto Aguilar, al que hay que reconocerle sus méritos. Pero lo mismo hecho con más pausa y de forma menos eléctrica, ganaría bastante. Sin ir más lejos, y dicho siempre sobre la base de que los toros no fueron cómodos,  el tercero era probablemente el que más motor tenía; sin embargo, el madrileño no se acopló en ningún momento, ni siquiera por el pitón izquierdo que era  el más bonancible. El sexto presentó desde su salida muchos problemas. Aguilar se puso allí, con algún susto incluido; lo que era innecesario, visto el material que había, es que alargara sus intentos por tanto tiempo.