Miércoles, 20 de noviembre de 2019
SEVILLA: Decimoquinta de feria
Oreja para David Mora, con un gran toro de Moisés Fraile
Daniel Luque estuvo centrado y con entrega (Maestranza)
Si el otro día Iván Fandiño salió justificado de Sevilla, David Mora, su "primo" en los carteles –¡qué peligro tienen tantos mano a mano¡-- lo ha hecho esta tarde. Una sólida y reunida faena al quinto de la tarde lo permitió. Series amplias en número, entregado el torero, se fueron sucediendo en medio del aplauso general. Pero bien es verdad que delante tuvo un gran toro, un encaste "lisardo" de lo que todavía tiene Moisés Fraile, uno de los más completos de esta feria. Cuando se da esta circunstancia, una vez que la corrida se analiza en frío, salta la duda de si no correspondía estar mejor. Posible lo era, pero no siempre lo posible se puede materializar. Y ahí nos quedamos. Por lo demás, la tarde no tuvo más historia que la emotiva faena de Daniel Luque con el que cerraba plaza.
Tomás Villegas
 La opinión de Ignacio-Sánchez-Mejías: Distintas Oportunidades

SEVILLA, 27 de abril de 2012. Decimoquinta de feria. Dos tercios de entrada, más aparentes que reales, en tarde nublada; lloviznó en los dos últimos toros. Cinco toros de El Pilar y uno (5º) con el hierro de Moisés Fraile, grandullones pero muy diversos de remate y que ofrecieron un juego dispar; con calidad el 5º, también el 2º y en especial el 6º tuvieron recorrido. Manuel Jesús “El Cid” (de verde botella y oro), silencio y silencio. David Mora (de marino y oro), silencio y una oreja. Daniel Luque (de barquillo y oro con cabos negros), silencio y ovación tras dos avisos.

Vaya por delante que en nada cabe discutir la oreja que le cortó David Mora al buen toro de Moisés Fraile, que fue quinto. Irregular con el capote, se centró más el torero de Madrid cuando cogió la muleta. Después de unos comienzos con altibajos, una serie muy vibrante con la mano derecha terminó por centrarle. A  partir de ahí, ya fue todo más sobre rueda. Con más profundidad por el pitón derecho que por el otro, pero en un buen nivel siempre. En ocasiones más retorcido el torero de lo que aconseja la estética escultural del toreo, en otras más relajado. Al torero se le veía entregado y muy reunido con su enemigo. Unos muletazos por bajo, fue el prólogo a una estocada ligeramente caída pero bien ejecutada. Y pañuelos blancos con fuerza.

Pero dando por hecho la legitimidad del trofeo, cuando se repiensa toda la faena de Mora asalta una duda: ¿El toro de Moisés Fraile no era como para haberle cortardo las dos orejas? A lo mejor son disquisiciones intrascendentes, pero mi duda es esa.  Como también me asalta la duda de si con el flojito 2º de la tarde el madrileño no debió estar mejor. Es cierto que el toro no terminaba de romper, la cuestión está en si con otra concepción de la faena no habría ido a más; pero la duda no se puede despejar porque Mora aportó lo justo de imaginación en su lidia. Pero tampoco hay que buscarle tres pies al gato, como el que quiere aguarle la fiesta al torero. Hay que entender que cuando se va con el motor sobrerrevolucionado por conseguir el éxito, la capacidad de sopesar las cosas sea menor: el objetivo es uno y se busca el camino más corto.

En general la corrida del campo de Salamanca tuvo elementos de interés. Dicho quedó que fue muy desigual de remate: al primero le sobraban dos palmos de altura y le faltaba casi todo lo demás; otros, en cambio, estaban más hechos. Tuvo interés y creaba emoción el que cerraba plaza, el más presentado del lote. En conclusión, que el bueno fue el procedente del encaste “lisardo”, en tanto cumplieron en mayor o menor medida los demás. En cualquier caso, dado el muy bajo nivel ganadero que viene teniendo esta feria, Moisés Fraile no se sitúa precisamente en el pelotón de cola, que en esta ocasión es numerosísimo.

Con la suerte de espalda en el sorteo, Manuel Jesús “El Cid” sale de Sevilla tal como llegó: sin terminar de definir si su recuperación se consolida o no. Desde luego, en esta tarde tuvo poco material para sacarnos de ese dilema. Pero tampoco en los días anteriores se resolvió. En las tres tardes a causa, fundamentalmente, de la falta de motor de sus toros; hoy tuvo uno muy manejable, que fue el cuarto, pero duró un suspiro. En su favor hay que anotar, porque no es algo marginal, que ni un toro le ha metido la cara con buen son por el pitón izquierdo, que es donde su toreo adquiere mayor profundidad. Sin embargo, como sigue apuntado al toreo macizo, hay que darle un crédito, hasta que se encuentre con ese toro que rompa todos los esquemas.

A Daniel Luque le sobró en esta tarde la pesadez de la reiteración en lo que era imposible: torear con profundidad a su primero. Y le faltó un poquito de sentido de la medida a la hora de aprovechar las virtudes del que cerraba plaza. Una cuestión de tiempos. La decisión de exprimir hasta el final las opciones que le ofrecía su último toro de la feria es compatible con medir mejor la estructura de la faena. De hecho, estuvo en tris de ver como volvía vivo a los corrales, porque para colmo de males se encasquilló con el descabello. Pero fuera de esta laguna de los tiempos, debe reconocerse que cada día se le ve más centrado y toreando con más verdad. Esta tarde, apenas le dejaron sus toros sacar a pasear su toreo con el capote, que tiene quilates. Pero también con la muleta sigue una trayectoria de progreso.