Miércoles, 21 de agosto de 2019
Sanfermines 2012: Tercera de feria
Antonio Nazaré confirma en Pamplona que hay que tenerle en cuenta
Con una pareja, bonita y noble corrida de Cebada Gago, con un punto menos de clase y de bríos de los necesarios para ser una gran corrida, la tercera del serial sanferminero sirvió para confirmar que al sevillano Antonio Nazaré hay que tenerlo en cuenta. No fue una tarde de locura apoteósica, pero sí fue una tarde muy torera y muy de verdad en todo lo que hizo. Por eso, aun con el barullo propio de la solanera, cuando llegó el momento el personal conectó con el torero de inmediato, como se vio con el último de la tarde. Resolvió con creces su compromiso el local Francisco Marco y se mostró sencillamente cumplidor "Morenito de Aranda".
T.Villegas
 Importante Javier Castaño
 Oreja para "Joselillo" en una deslucida corrida de Dolores Aguirre.

PAMPLONA, 9 de agosto de 2012. Tercera de Feria. Lleno total. Toros de Cebada Gago, bien presentados, muy parejos  y ofensivos, pero desiguales en juego; se lidiaron con divisa negra, en señal de luto por la muerte del ganadero.  Francisco Marco (de grosella y oro), vuelta y una oreja. Jesús Martínez “Morenito de Aranda” (de grana y lata), palmas y un aviso. Antonio Nazaré (de blanco y oro), ovación y una oreja.

Ahora que tanto se calibran esas cosas, si no llega a ser por el pinchazo previo a la estocada, a esta horas Antonio Nazaré habría traspasado la puerta grande de la Monumental pamplonesa. Se lo habría merecido. Qué faena más templada y más maciza la suya con el sexto. Y que bien lo toreó a la verónica. Con la muleta siempre arrastrando por el suelo, embarcando a su enemigo desde lejos, tratando de alargar el muletazo, con la zurda hubo naturales de una enorme calidad. En general, toda su tarde estuvo a muy buen nivel. Sin perdonar un solo quite, entrando a por todas y con mucha cabeza para hacer las cosas. La mejor versión de este recuperado Nazaré.

Es verdad que este sexto de Cebada Gago, con su marcada tendencia a toriles y a irse suelto, luego metía la cara por abajo y con nobleza. Pero había que estar allí, sin dejarle un solo hueco por donde se escapara a sus terrenos preferidos, aprovechando el juego de la querencia y la contraquerencia a la hora de estructurar cada serie. Y eso es lo que hizo el torero sevillano.

También con su primero Nazaré  había toreado con gusto con capote y muleta, aunque su enemigo era más desabrido que sus hermanos de camada. Si el toro hubiera tenido un punto más de picante, su trasteo con la muleta habría rayado a más altura; con todo, la última serie con la mano izquierda tuvo usía.

En su conjunto, los herederos de don Salvador Cebada Gago trajeron a Pamplona una corrida de toros muy seria y ofensiva. Sin exceso de romana, pero con trapío del que no se suele ver en los veranos taurinos. Luego,  y aún abundando la nobleza, en su juego a todos le faltó dar un pasito más: en unos casos, un tranquito más de recorrido; en otros, una pizca más de motor o de raza. Lo dicho: se quedaron a un paso de ser una gran corrida de toros. Para el torero el mejor fue el que rompió plaza, seguido del ya citado 6º.

El torero local Francisco Marco tuvo los papeles cambiados: de dársela, debieron otorgarle la oreja de su primero y, sin embargo, se la concedieron en el 4º. El principio de las compensaciones. Pero minucias al margen, la verdad es que el navarro-santanderino tuvo una tarde interesante. Sobrado de oficio, pese a lo poco que torea --a de esta tarde era la primera de su temporada-- se le vio siempre consciente de su oportunidad. Y a por ella salió desde el paseíllo. No hay que quitarle ese mérito. Además, se quedó muy quieto, trataba siempre de jugar los brazos con buen compás y buscando la unidad de las series. Si de algo pecó, fue de dejar en ocasiones retrasada la muleta, cuando la condición de sus enemigos pedía justamente lo contrario. 

“Morenito de Aranda” pechó con los dos toros menos colaboradores. Su primero, renqueante de salida y con las fuerzas muy justas; el quinto, viniéndose pronto a menos.  Con  ambos, el burgalés estuvo sobrado, aunque en muchos momentos faltara ese punto de emoción tan necesario como es, pero que nunca aparece cuando la entrega del torero no se evidencia. Con detalles muy toreros, abocetando muletazos de clase, en especial con su primero, al que supo entender para darle sus tiempos y sus distancias. Si luego su balance final fue más escueto, hay que anotarlo a la premiosidad en el uso de la espada.

El encierro

El toro que luego sería lidiado en cuarto lugar en la corrida de la tarde y al que Francisco Marco le cortó una oreja, ha sido el protagonista del tercer encierro de los Sanfermines con  los toros de Cebada Gago. Este toro originó momentos de peligro al quedarse rezagado ya desde la Cuesta de Santo Domingo, desde donde ha lanzado derrotes arremetiendo contra los corredores y corneando al menos a tres mozos en la pierna derecha e izquierda en el tramo de Telefónica y el callejón.

El resto de la manada se mantuvo relativamente compacta todo el recorrido, desde los corrales del gas hasta la Plaza. Y sobre todo, cubrió toda la distancia de forma rápida y limpia. Con las incidencia provocadas por  el toro que corrió en solitario, el encierro se prolongó por  algo más de 3 minutos.

Tres mozos han resultado heridos por asta de toro en este encierro, aunque ninguno de especial gravedad.  Otros cuatro mozos han sido contusionados, y han sido atendidos de traumatismos de distinta consideración.