Sábado, 24 de agosto de 2019
VALENCIA: Séptima de la feria de Fallas
El reloj marca la hora de Iván Fandiño
Triunfo de Iván Fandiño en Valencia
Así como la corrida de Fuente Ymbro no añadió mayores glorias a la divisa de don Ricardo, Iván Fandiño dejó claro en Valencia que ha llegado su hora. Que le den la venia los que mandan, o que no la se den, eso ya es otra cosa. El torero de Orduña tiene la rara virtud de apostar cada tarde. Luego acabará ocurriendo lo que corresponda, pero por él no queda. Con oficio, muy centrado, cada vez con mayor sentido de la variedad y la improvisación, constituye todo un ejemplo de cómo un torero puede ir progresando día a día, sin que nadie le regale nada. Si en este año los toros le respetan, a poca justicia que haya en el toreo, el reloj ha marcado su hora.
T. Villegas

VALENCIA. Séptima de la feria de Fallas. Algo menos de media plaza. Toros de Fuente Ymbro, desiguales de presentación y tipo, deslucidos, salvo el noble 1º y con algún fondo el 3º; encastado fue el 4º. Juan Bautista (de gris plomo y oro), ovación y silencio tras aviso. Matías Tejela (de granadina y oro), silencio y silencio. Iván Fandiño (de azul pastel y oro), una oreja y palmas tras aviso.

Sigue sin romper esta feria de Fallas. Hoy, después de 24 cuatreños, en el ruedo se ha cortado la primera oreja, y ha sido sobre todo por el afán puesto por un variado Iván Fandiño. Dicen que para este sábado –con la llegada de Manzanares--  ya se anima la taquilla. Esperemos que así sea, porque el ciclo viniendo siendo una ruina, que va a resultar difícil de compensar con los cuatro últimos días, en los que además son los carteles caros. ¿No será que pretender dar un abono con 12 festejos está fuera de lógica? Con crisis y sin crisis, parece desde luego un exceso. Pero allá la Diputación y el empresario, que todo eso son cosas suyas.

Para cerrar el “ciclo de los encastes”, una corrida de Fuente Ymbro. En conjunto, por debajo de lo esperado. Aunque no es menos cierto que los dos más potables no fueron aprovechados. Y así, el noble toro que abrió plaza se lo dejó ir Juan Bautista sin formarle un verdadero lío; el encastado 4º acabó por desbordarle. Si el fondo de bravura que tenía el 3º salió a la luz, fue gracias al empeño de su matador, que lo supo entender.  Se quejaban los toreros que el 5º presentaba un problema de visión; incluso de ser así, no era su único problema. El 6º  no tenía otra preocupación que eludir la pelea y acularse en tablas y el 2º carecía de fuerzas y de clase.

En el lenguaje taurino hay expresiones que sirven para un roto y para un descosido. Quizás por eso se utilizan con tanta frecuencia. Una de ellas es esa que dice que el toro “se ha dejado”, o su sinónimo de “ha servido”. Otra que que se repite muchísimo hoy en día, es esa que el torero expresa diciendo que “ha tenido buenas sensaciones”, que guarda bastante parentesco con esa otra de “la disposición”. No dejan de ser términos genérico y multiusos, si en todos los casos no se les acompaña de la correspondiente oración subordinada. Por ejemplo, hoy los toros “han servido” y/o “se han dejado” según en que manos caían.

Pero ni ese servir es signo de bravura, ni la disposición necesariamente se refiere al bien hacer en el ruedo, ni las sensaciones son triunfos clamorosos.  Y sin bravura, sin bien hacer y sin triunfos, ¿qué nos queda? Nos queda, cuando aflora, la lidia, desde luego; pero hoy es sobre todo un bien escaso y casi raro por los ruedos. Por eso cuando abandonamos los eufemismos y los tópicos, la realidad taurina camina por otros derroteros, como esta tarde quedó de manifiesto en la arena valenciana.

¿Habrá tenido hoy buenas sensaciones y disposición Juan Bautista, por citar un ejemplo? Si nos ceñimos sin circunloquios a la realidad, lo cierto es que no supo reventar la plaza con dos toros que ”han servido”: el buen primero, que más que servía para ser bien toreado, pero el torero se limitó a estar muy aseadito; tampoco acabó de meter en el canasto al encastado 4º, que para servir tan sólo pedía una muleta con poder para ir hasta el final. Con el lote que le correspondió, las sensaciones y la disposición estaban en la puerta grande. Pero no se abrió y todo lo demás son ganas de edulcorar las cosas.

Matías Tejela, que es el torero de las mil oportunidades y ahí sigue, debe reconocerse que ha tenido la suerte de espaldas en el sorteo. Por delante lidió a un fuenteymbro renqueante; en quinto lugar le salió el garbanzo negro. Con ambos, por problemas que tuvieran, pudo estar mejor, sobre todo con su primero, que aquello acabó siendo un puedo y no quiero; y con el 5º no había por qué perder tanto los papeles. Pese a todo, en esta ocasión, tiene una excusa cierta el de Alcalá.

No más claro que sus hermanos era de salida el tercero. La diferencia estribó en que Iván Fandiño apostó por él y se empeñó en llevarlo hacia delante desde el primer momento. El toro, agradecido, terminó por dejar aflorar su fondo de bravura, para acabar metiendo muy bien la cara en los engaños. Una faena solida, bien pensada y toda ella en muy poco terreno. El descabello posterior a la estocada --bien realizada la suerte-- quizá le privó de una segunda oreja. Con el que cerraba plaza sólo cabía pelearse y tratar de retenerlo en los engaños.  Por lo demás, sorprendió un tanto su variedad en el recibo capotero. Hay que estar fresco de mente para de primeras echarse el capote a la espalda y recibir así a un toro. Y la cosa gustó al respetable.

Anda muy sobrado el torero de Orduña. Y precisamente por eso debo reconocer que no entiendo como se ha dejado ir en blanco Sevilla: en Valencia, después de abrir la Puerta Grande el año pasado, acepta el cartel de hoy; en Sevilla, donde aún no ha roto de forma definitiva, dice que no a una oferta más entonada. Y si es por ese tipo de pruritos, tampoco es que en Madrid se anuncie en plan estelar. Cada cual sabrá sus motivos, y en el caso de los toreros suele ser verdaderamente inescrutables.