Jueves, 12 de diciembre de 2019
Cien años antes las fiestas de toros ya eran una tradición
Bilbao y sus Corridas Generales, una tradición que se remonta al siglo XVIII
Oleo de Manuel Losada. Toros en San Antón
Asi que llega el mes de agosto Bilbao se encarama por las ramas de ls historia para vivir sus viejas tradiciones. Momento es, pues, de recordar la rica y variada tradición de la afición de la villa que fundara don Diego López de Haro. Hay testimonios de comienzos del siglo XIX acerca de las exigencias toristas de los bilbainos. Y es que lo que hoy llamamos las Corridas Generales, a celebrar en la Semana Grande de Bilbao, es una tradición que se remonta al siglo XVII. De 1773 data la primera ocasión en la que se celebraron, pero aún de antes se pueden recopilar algunos documentos.
Tomás Villegas
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La tradición torista de la villa de Bilbao tiene su expresión mas singular en la propia acuñación de una expresión universal: "el toro de Bilbao", que con el correr de los años ha pasado a ser hasta una precisa definición zootécnica del ganado bravo.
 
La tradición bilbaina viene de antiguo, prácticamente de los pretéritos tiempos en que se iniciaron las Corridas Generales, un 18 de agosto de 1773, y aun de fechas anteriores.
 
"Cuando entre ellos se anuncia alguna función de toros, admirar el ver salir a los viejos octogenarios días antes hacia el camino de Castilla, para preguntar a los pasajeros se han visto los toros que deben correrse en Bilbao, que les han parecido, que nombres tienen, si son bien engallados y si los toreros que vienen para lidiarlos son de aquellos que detienen el ímpetu del toro y le matan a la primera estocada. Es envidiable esta vejez de un bilbaino".
 
El testimonio data de 1818 y es obra de J.A. de Zamacola en el libro "Historia de las Naciones Vascas". Se trata de una referencia que viene a confirmar el espíritu del acuerdo adoptado por el Ayuntamiento bilbaino en 1799: "Y deseando esmerarse como siempre en los regocijos públicos a proporción de las causas que los motivan, se ha puesto singular empeño en la elección de las vacadas y demás agregados".
 
Desde aquellas talanqueras en San Antón hasta las modernas instalaciones en Iralabarrí, el santo y seña de las Corridas Generales ha venido históricamente definido por esta tradición, que ya aparece citada en las obras de Estanislao J. de Labayru, quien certifica que en 1639 la celebración de las fiestas de toros ya era tradición en muchas anteiglesias vizcainas.
 
Pero en un sentido de algún modo contrario, comprobamos también esta devoción torista en los incidentes ocurridos en 1700, cuando la autoridad decide suspender las funciones de toros porque "la Villa tenia empeños que no podía desatender por las corridas de toros". Durante siete años se mantuvo esta prohibición, y durante siete años también se mantuvieron las protestas de los aficionados, que finalmente consiguieron el restablecimiento del espectáculo.
 
Es, precisamente, en esta época cuando las fiestas de toros se trasladan a agosto, en lugar de las hasta entonas tradicionales de la festividad del Corpus.
 
El 19, 20 y 21 de agosto de 1756 se registra el primer ciclo ferial al modo que hoy lo conocemos. Los festejos se organizan para celebrarla inauguración del templo marinero de San Nicolás. Diego del Álamo, como espada, y Juan Amisas y Cristóbal Ramírez, como varilargueros, fueron los encargados de la lidia y muerte de los toros: a 2.400 reales por coleta se presupuesto la feria. Por entones, los toros pastaban en el Pagasarri, a la espera de ser lidiados, día en el que eran bajados hasta los toriles, situados entonces en lo que hoy son las calles Tendería y Belosticalle.
 
Pero es a partir del 18 de agosto de 1773 cuando se puede trazar una línea continua hasta nuestros días. Puede decirse que se trata del inicio formal de nuestras Corridas Generales, que en tan remoto agosto estuvieron a cargo de "Costillares" y "Pepe‑Hillo", auxiliados por el vergarés Francisco de Eguía, el tolosarra Francisco de Arrillaga, además de Diego Ferrer, Ambrosio Valdivielso y Francisco Lacarra, junto a los piqueros, traídos expresamente desde Madrid, Sebastián Baro y Francisco Gomes.
 
Sin duda por el éxito y el auge que estos espectáculos mantienen en Bilbao, a partir de 1848 Bilbao dispone ya de plaza de toros, expresamente construida para ello. Se levantaba en lo que hoy es la sede social de la Sociedad Bilbaina y su inauguración corrió a cargo del estilista Cayetano Sanz y de Manuel Díaz "Lavi".
 
A partir de 1865, las corridas de agosto se celebran en la nueva Plaza de Abando ‑‑tercera de las construidas en Bilbao‑‑, que se mantiene hasta 1881, cuando entra en funcionamiento la de Vista Alegre, antecedente inmediato de la actual. De hecho, en 1882 se celebran simultáneamente dos ciclos feriales: en Abando torearon "Lagartijo" y "Frascuelo"; en Vista Alegre, "Chicorro" y Fernando Gomes "Gallito", con "Cuatro‑dedos" como sobresaliente.
 
Pero por elegir una efeméride histórica, parémonos en las Corridas Generales de hace algo más de un siglo: 21, 22, 23 y 24 de agosto de 1892, un abono que lidiaron íntegramente en "Lagartijo" y Guerrita".
 
Se lidiaron encierros de Miura, Veragüa, Ibarra y Murube. Y entre los 24 que salieron al ruedo, mataron un total de 67 caballos, mas uno que murió del encontronazo con otro jamelgo que se desboco en el ruedo.
 
El éxito más importante lo acapararon los toros de Veragüa. De hecho, el ganadero, que estaba en los tendidos, tuvo que corresponder en repetidas ocasiones a las ovaciones del público. Y los espadas alcanzaron sus mayores lucimientos. Se cuanta que "Lagartijo" en un quite se llevo al sexto toro hasta la barrera, para sentarse luego en el estribo a escasos dos metros de su enemigo. Esta tarde se produjo una anécdota que fue celebrada por el público: en su vuelta al ruedo, "Lagartijo" tiro al tendido la oreja que había recibido como premio, y la recogió un pelotari llamado, precisamente, Lagartijo.
 
 La primera tarde, con los "miuras", "Lagartijo" y "Guerrita" le cortaron la oreja a cuatro toros. En la segunda se concedieron 3 trofeos y otras tantas en la tercera. En la cuarta de abono, en cambio, con los toros de Ibarra, "Lagartijo" dio un mitin.
 
En la temporada de este 1892, en Vista Alegre se celebraron cinco corridas de toros ‑‑las cuatro de agosto y una extraordinaria en septiembre‑‑, 10 novilladas y 3 becerradas.
 
 
Notas de documentación
 
EL PRIMER ABONO EN VISTA ALEGRE
 
"Casaillo", del hierro de Concha y Sierra, era el nombre del primer toro que piso Vista Alegre, el 13 de agoto de 1882, hace ya 110 años. Era un toro negro y bien armado.
 
El primer capotazo lo dio Manuel Mejías "Bienvenida". La primera vara corrido a cargo de Bartolesi. El primer par de banderillas en esta plaza correspondió a "Llaverito", sobrenombra que por entonces utilizaba el inmortal Rafael Guerra, mas tarde conocido como "Guerrita". Al diestro Manuel Fuentes "Bocanegra" correspondió su muerte.
 
Pero en esta tarde inagural el triunfo solo fue Fernando Gomes "Gallito", quien obtuvo una oreja tras la lidia del segundo de la tarde, a pesar de que mato de un pinchazo, dos estocadas atravesadas y un descabello con la propia puntilla.
 
LA PLAZA ANTIGUA
 
La Plaza de Vista Alegre, cuyo origen se debe a una amplia participación popular a partir del llamamiento hecho por don Eladio de Lezama, director de "La Unión Vasco‑Navarra", se construyo según el proyecto arquitectónico de don Sabino de Goicoecha, quien diseño un recinto con 12.394 localidades.
 
La sociedad promotora, constituida ante el notario don Calixto de Ansuategui, contaba con un capital social de 200.000 pesetas. Aunque mas tarde tales recursos fueron ampliados mediante un crédito con el Banco de Bilbao. La sociedad estuvo presidida por don Ramón de Guardamino.
 
Tras 18 años de mantenerse dependiente de su sociedad promotora, paso a estar regida por la Junta Administrativa el 4 de diciembre de 1900, fecha en la que se formalizo la cesión del coso taurino a las instituciones benéficas de la villa. En el momento de la cesión, el inmueble estaba valorado en 597.136 pesetas.
 
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