Miércoles, 18 de octubre de 2017
Repaso histórico a través de las grandes figuras
El pase natural, la verdad siempre permanente en el Arte del Toreo
Lagartijo, Joselito, Juan Belmonte, Pepe Luis, Antoñete y Paco Camino
Decía Felipe Sassone que "el toreo al natural es el que se realiza con la mano izquierda, el estoque en la derecha y el corazón en medio". No es fácil matizar más con tan pocas palabras la realidad de una de las suertes fundamentales del toreo, como es el pase natural, que unión con el lance a la verónica conforman el verdadero núcleo duro del toreo de siempre. Aunque en la teoría taurina podemos remontarnos hasta Pepe-Hillo y sus continuadores, hay que reconocer que la realidad del pase natural tal como hoy lo conoceos arranca fundamentalmente de Joselito y de Belmonte, para luego ir adquiriendo una personalidad propia en el quehacer de las grandes figuras, que hicieron realidad esa definición de Sassone: además de la técnica, pusieron el corazón de por medio.
Redacción. Servicio de Documentación
 Antología sobre el lance a la verónica, uno de los fundamentos del Arte eterno del toreo

Los tiempos, las coordenadas del espacio, ese citar dándole el medio pecho al toro, el propio concepto de la ligazón de las suertes, la culminación poderosa de la media verónica o del pase de pecho… Si se  analizas con detalle, se observan fácilmente unas enormes similitudes cuando se trata de lancear a la verónica y cuando se dibujas un pase natural. En base a todo eso se define la esencialidad de estas dos suertes.

Bajo este punto de vista, lo primero que hace el torero es traer embarcado al toro en las bambas del engaño desde que inicia su arrancada; no espera que llegue a su jurisdicción, desde antes ya está toreando en sentido pleno. Luego, de manera lenta y gradual le va bajando las manos, para que el toro se entregue en ese medio círculo alrededor de su cintura. Para al final, cederle espacio y ritmo en la salida, sin dar un telonazo, de forma que toro y torero quedan de nuevo colocados para el siguiente lance. Cuando estos elementos se dan, qué natural y qué rotundo nace la suerte, qué natural y qué rotundo nace el olé.

Cuando se rebusca en la historia, aunque sin duda hay referencias anteriores, podemos comenzar por detenernos en un detallado artículo titulado “El natural de Joselito”, que data de julio de 1915 y escrito por Luis Navarro en la revista “Arte Taurino”.

Decía ayer el autor, a modo de prolegómeno, “no es que nunca se hubiera ejecutado el natural conforme a los cánones que se imponen ya desde las tauromaquias más añejas, desde la de Pepe-Hillo o Montes, sino que era un lance ocasional, muchas veces sin quietud y sin gusto y sólo excepcionalmente ligado. Pasa por ser Cayetano Sanz el diestro que conseguiría, mediada la década de los cincuenta del siglo anterior –el XIX-, ligar, unir, sumar, varios naturales a un mismo toro… y ya se había olvidado casi por completo. También Lagartijo el grande lo había hecho, años después, como Guerrita, o el mismo Bombita, pero sin la continuidad que José lo hará en su día, sin el afán que Gallito pone en darle continuidad a las incipientes series, algo que puede verse como documento de arqueología taurina en las imágenes de la corrida de los siete toros de Martínez del 3 de julio de 1914 en Madrid”.

Tras colocarse en el contexto de lo que era el toreo en aquella época, un poco más adelante añadía:  el pase natural, que arrinconado y olvidado yacía mustio, cabizbajo y triste fue resucitado por Vicente Pastor, el bravo torero madrileño, que con él armó una formidable revolución. Pastor citaba quieto, gallardo, (gallardo, sí, con su brava e inimitable gallardía), la muleta ávida con la siniestra mano a la altura de la cadera. Al arrancar el toro, el diestro tendía la flámula, la adelantaba, giraba suavemente la muñeca hacia atrás y quedaba en disposición de repetir el pase. Que es su mayor dificultad. Porque uno solo de estos pases no es muy difícil ejecutarle. Pero varios, en la diversidad de terrenos en que forzosamente han de hacerse, presenta dificultades casi insuperables”.

Es la tesis que años después repetiría Gregorio Corrochano en un artículo publicado en Revista de Occidente: “Lo escolástico es tomarle de frente [al toro], girar hasta ponerse de perfil en el centro de la suerte, seguir el giro acompañando al toro y rematar de frente, para seguir engarzando la faena, que es una sucesión ininterrumpida de pases”.

Si se sigue al cronista, se observa como remarca con toda claridad que las dos normas esenciales del pase natural radican en colocarse de frente y cargar la suerte. Con lo cual lo que en realidad hace es repetir lo que siempre ha sido el núcleo duro del toreo, unido todo ello, como recuerda el propio Corrochano, con la ligazón o continuidad. “Las faenas cortadas, interrumpidas, quitan emoción, restan eficacia y suelen acarrear no pocos disgustos cuando se está en presencia de un verdadero toro”.

En otra ocasión, en su “Qué es torear”, Corrochano se pregunta así mismo qué cuál viene a ser la concepción ortodoxa del pase natural. Su responde en los siguientes términos:  El torero se coloca frente al toro, midiendo la distancia por la bravura, el poder y los pies –ligereza- del toro. Así se hace el cite, y si el toro está muy aplomado, si fuera preciso, le adelanta la pierna contraria, o sea la derecha… y entonces el torero, adelantando un poco la mano izquierda, como si hiciese el quite a la pierna derecha, embarca al toro en la muleta…, se lo trae, se lo pasa por delante, mientras va girando la cintura al compás del toro y del pase, acompañando al toro en el viaje”.

Su explicación la comenta en los párrafos siguientes, cuando escribe: “Una vez que el toro ha llegado al centro del pase, se carga la suerte sobre la pierna izquierda, y se va levantando el pie derecho, que al rematarse el pase avanza en un paso y se queda en posición, colocado para ligar el pase natural siguiente”.  Para luego apostillar: “Ligar, unir, empalmar, no cortar, no romper el toreo en pases sueltos, torear”.

No obstante, el propio Corrochano reconoce que no era lo habitual en esta Edad de Oro: “A Gallito y Belmonte… nunca les vimos ligar más de cinco naturales seguidos. Por excepción, recordamos que una tarde dio Gallito siete pases naturales a un toro de Gamero Cívico, únicos de que se compuso la faena. Pero fue en un afán de superación, porque se le había reprochado que se iba olvidando de la mano izquierda. Cinco dio Belmonte en aquella corrida de la Beneficencia de Madrid, y de cuyos pases, magníficos, tanto se habló

Cerrando esta introducción, a cuento viene traer a colación un artículo del veterinario y escritor Luís Alonso Hernández, también titulado “El pase natural”, en el que afirma desde el comienzo: “Si la verónica es el lance rey de capa, el natural lo es de muleta. ¡Pase clásico por excelencia!”.

Su explicación técnica viene a ser coincidente con las anteriores en sus elementos fundamentales, quizá con la diferencia de realizarlo de forma más detallada:

“En tauromaquia el pase natural (o al natural) es aquel en que el que se da salida al toro por el mismo lado de la mano con la que el torero sostiene la muleta. Expresado así serán pases naturales tanto los que se dan con la mano izquierda, como los realizados con la mano derecha.

Si bien clásicamente, este nombre es utilizado para designar a los pases realizados con la muleta en la mano izquierda, mientras la mano derecha sostiene el estoque.

En la ejecución de esta suerte fundamental, el diestro cita al toro en el terreno de este, abriendo la muleta en la cara de la res, adelantando una pierna, dando el pecho o medio pecho y alargando todo lo posible la embestida, tratando de impedir que el animal enganche el engaño. El toro se enrosca en el cuerpo del torero, lo que le confiere una gran belleza y cansa mucho al toro, que tiene que arquearse para seguir el semicírculo que traza el torero con la muleta. La mano derecha, con la espada, suele situarse en la cadera. Hoy, en la ejecución, se aprecia sobre todo cuanto mayor sea la lentitud y la largura con la que se ejecute el pase".

El natural en las distintas tauromaquias

Centradas las cuestiones fundamentales, llega el momento de ir recordando la concepción que con el correr de los tiempos ha  tenido del pase natural las grandes figuras.

En este sentido, el histórico Pepe Hillo realiza una breve anotación al respecto: “Toma el diestro la muleta con la mano izquierda. Para la suerte la pone al lado del cuerpo y siempre cuadrada y situado en el terreno del toro le incita a partir, y lo recibe en dicha muleta al modo de la suerte de capa, al pase regular”.  Un “pase regular” que en su época debía ser tan básico, que el histórico torero no hace otra referencia más al mismo.

Rafael Guerra “Guerrita” lo definía en los siguientes términos: “Cuando el animal llegue a jurisdicción y tome el engaño, se cargará la suerte, que se remata girando y estirando el brazo hacia atrás con sosiego, describiendo con los vuelos de la muleta un cuarto de círculo, a la vez que se imprime a los pies el movimiento preciso para que una vez terminado el pase quede el diestro en posición de repetirle”.

Más directo, diríase que más natural, se muestra Juan Belmonte, que en una conversación periodística para ABC en 1919 con Gregorio Corrochano afirmaba: "Es una cosa tan sencilla, tan natural, que no encuentro término de comparación adecuado. Es tomar al toro, que está en la derecha del torero, y trasladarlo a la izquierda, sin violencia, con un suave movimiento de mano, como si no hiciese más que indicarle el lugar que desea que ocupe. Es un diálogo en el que se pregunta el torero y responde el toro (…). ¡Qué naturalidad, qué expresión, qué fuerza, qué manera tan suave, tan sencilla, tan natural de llevar al toro en la muleta".

Analizando esta concepción belmontina, Marcial Lalanda consideraba que el secreto de Belmonte no era otro que éste: Juan citaba con el pecho, de frente. Cuando el toro se arranca, Belmonte adelantaba la pierna, al inicio  retrasada, al tiempo que sacaba la muleta al toro. Nada de perfilerías, con la cabeza de la fiera al costado. Belmonte que lo aguantaba en los dos primeros metros de embestida, le aguanta en los dos metros que le restan sin perderle el mando ni un instante”.

Una concepción de algún modo diferente, por los matices que introduce, es la que hacía Manuel Rodríguez “Manolete”. Y así, en 1945 y en uno de los pocos artículos periodísticos que publicó en su vida, en el semanario “El Ruedo” dejó dicho:   "En el toro que embiste no se debe adelantar la muleta, sino dejar llegar al toro, hasta que los pitones lleguen a una cuarta de la muleta. Cuando el toro está a esa distancia, entonces se le debe correr la mano con la máxima lentitud y estirar el brazo todo lo que se pueda. La pierna izquierda tiene que quedar completamente inmóvil y, cuando el pase llega a su terminación, hay que girar sobre la pierna derecha hasta quedar en posición de darle el siguiente muletazo en el mismo terreno en el que se inició el primero, y así, sucesivamente, dar todos los que puedan, o se deje dar el toro. En cambio, cuando el toro no tiene arrancada, hay que provocarla. Entonces está justificado adelantar la mano de la muleta para provocar la arrancada y, una vez que el toro embiste, se debe hacer lo mismo que queda explicado en el otro caso"

Breve y conciso ha sido siempre Pepe Luís Vázquez al referirse al natural. Con esa concepción del toreo que tenía entre la armonía y la pureza, siempre repitió las mismas palabras cuando se le preguntaba al respecto:  A mi me gustaba torear al natural pensando en que no llevaba muleta, por eso sólo la cogía con el dedo "purpejo", los otros cuatro los dejaba fuera de la tela. Así me hacía la ilusión de que toreaba con la palma de la mano".

En línea de estricta ortodoxia se movía Antonio Chenel “Antoñete” a la hora de explicar su concepción de esta suerte:  En el natural hay que avanzar la pierna contraria, dar el pecho al toro, adelantar la muleta y, finalmente, llevarle hasta detrás lo más despacio posible. La mano no debe ir excesivamente baja, aunque si lo suficiente para conducir la embestida atrás y rematar el muletazo. Se ha de rematar atrás y girar lo suficiente para quedar colocado y poder realizar el segundo pase. Las piernas deben estar más o menos abiertas y con el medio pecho por delante. Al echar la pierna adelante te obliga a cargar el peso del cuerpo en el muslo izquierdo, peso que hasta ese momento soportaba la pierna derecha y este cambio obliga a meter los riñones. La mano derecha que está sujetando la espada ha de estar relajada y no muy apoyada en la cadera. El palillo de la muleta ha de agarrarse por el centro”.

En cambio, pocas citas al respecto se pueden localizar de Antonio Ordoñez, el torero más importante con el capote desde los años 50 a nuestros días. De hecho,  nunca fue un consumado ejecutor del pase natural. Incluso uno de sus críticos más favorables, como fue Guillermo Sureda, afirmaba que siempre tuvo un “cierto agarrotamiento” al torear con la mano izquierda. Así como en la calidad de su lance a la verónica no puede haber más unanimidad, en el  pase natural no se da esta circunstancias, salvo en su forma de ligarlo con el pase de pecho.

Por otro lado, a la hora de explicar su variante del natural de frente, Manolo Vázquez explicaba que “el pase natural de frente fue algo personal que empecé a hacer en los años 50. Lo consideré como un pase de improvisación más que de repertorio ya que el toro debería reunir unas condiciones óptimas. Lo fundamental es la colocación y la distancia, que deben ser las justas para que, sin que el toro alcance la muleta, el torero pueda ejecutar los tres tiempos: traer al animal, llevarle toreado y vaciarle. ¿Cómo se hace?. Colocándose de frente, dando el pecho, para poder echarle al toro la muleta y vaciarlo con un suave giro de muñeca, de cintura, del pecho y, sobre todo, con sentimiento. Al toro hay que vaciarlo detrás, no en línea recta, sino describiendo una semicircunferencia en la que se obliga a que el toro gire y se enrosque alrededor de uno. El cargar la suerte no es echar la pierna adelante en cada muletazo; la suerte se carga con el pecho, la cintura y con los brazos.  Al toro se le empieza a vaciar aproximadamente a la mitad el muletazo, siempre con suavidad y temple y con un acompasado movimiento de muñeca”.

Y si nos acercamos más a nuestros días, una concepción muy personal se localiza en Paco Camino, para quien “al torear al natural yo siempre he tenido varios conceptos muy claros: en primer lugar, la cintura tiene que estar quebrada, tora, porque en mi idea no cabía la verticalidad, sino que el a toro había que llevarlo, acompañarle, mecerse con el. prolongando su embestida. Y eso se consigue con la cintura. (….) Hay otra idea muy importante: la de ligar. Un concepto que además de fundamental en el toreo,  es peligroso. (…) Para lugar los muletazos es imprescindible dejar la muleta puesta y quedarse en el sitio. Esa es la única manera. La apertura del compás en mi caso solía ser bastante, sobre todo cuando estaba toreando a gusto”.

►Fuentes bibliográficas: Pepe-Hillo: “Arte de torear”. Gregorio Corrochano: “¿Qué es torear?. José Mª Cossío: “Los toros”. Fernando Claramunt: “Historia ilustrada de la Tauromaquia”. Javier de Bengoechea y Carlos Ilían: “Toros y toreros”. José L. Ramón: “Todas las suertes por sus maestros”. Rafael Cabrera Bonet: recortesygalleos.blogspot.com.es.