Viernes, 22 de noviembre de 2019
PAMPLONA: Quinta del abono de San Fermín
El globo del "cartel de la feria" lo pinchó la deslucida corrida de don Victoriano
Los toros de Victoriano del Rio protagonizaron un encierro record por su rapidez
Para ese respetable espectador que, sin ser un aficionado acreditado, es el que mantiene todo el tinglado de la Fiesta, era la tarde de mayor expectación: tres figuras reunidas para lidiar una ganadería que ahora se ha hecho famosa. Bueno, pues sus esperanzas se fueron a lo más hondo de un pozo, porque ha sido una de las tardes más aburridas de lo que va de feria. Anotemos tan triste balance en el "debe" de don Victoriano del Rio, cuyos toros decepcionaron por su mala condición. A partir de ahí, y una anotada la actuación de Talavante con el 3º, que Morante no pudiera dejar ni una media verónica como es debido y que El Juli tan sólo pudiera abocetar lo que es hoy su toreo, no son más que una conclusión necesaria de la anterior premisa.
Redacción

PAMPLONA. Quinta del abono de San Fermín. Lleno total. Cinco toros de Victoriano del Rio y uno de Toros de Cortés (6º),  bien presentada pero de muy escaso juego. José Antonio Morante de la Puebla (de negro y plata), bronca y pitos. Julián López “El Juli” (de grana y oro), silencio y silencio. Alejandro Talavante (de rosa y oro), ovación y silencio.

Y llegaron las figuras. Y con ellas, llegó una de las denominadas “ganaderías de garantías”. Pese a lo cual el toro no cambió de trapío con respecto a otras tardes; de mal comportamiento, tampoco. Los taurinos suelen decir que esta clase de toros de la susodicha garantía deben cumplir como condición necesaria ser más armónicos, como ahora llaman a ser, sencillamente, menos toro. Sin embargo, a los toros de don Victoriano del Río lo que de verdad les faltó fue bravura, poder y clase. Es decir: todo lo que caracteriza y define al toro de lidia. Con semejante ausencia nada puede ser lo mismo. Así ocurrió en este festejo que tantas expectativas había levantado. Con todo, debe reconocerse que las figuras pasaron por una corrida de las que por volumen no suelen ver en todo el año, salvo esos pocos escollos que se dan durante la temporada.

La corrida de don Victoriano tuvo escasísima historia, positiva se entiende. De la otra dio para escribir un ensayo. El que abrió plaza tuvo muchas complicaciones desde que pisó la arena: embestidas cortitas, siempre fijo en los toreros, sin clase alguna a la hora de tomar los engaños y con peligro. El 2º careció de la dosis necesaria de casta para aguantar la lidia: se rajó de forma clamorosa cuando comenzaba la faena de muleta, exactamente desde que El Juli le bajó por primera vez la mano.  El 3º movilidad si tuvo, la calidad brilló por su ausencia; al menos, era el que más propiciaba un cierto clima de emoción. El 4º estaba, o le sobrevino al darse la voltereta, descoordinado; pero a mayor abundamiento andaba sobrado de violencia. El 5º venía marcado por sus cortas embestidas, que si al principio no cantaron tanto fue por el poder de la muleta de El Juli. Y el 6º iba siempre con la cara alta, sin otro deseo que corretear por allí mientras pudo.

Lo socorrido llegados a este punto suele ser acudir al dicho de algunos taurinos: “para que salgan toros de bandera, también tienen que salir estos otros”. Y razón no les falta. Lo que ocurre es que el personal que puso hoy el “No hay billetes” sacó su entrada para ver los que salieron esta tarde no para esas otras. Por eso, al final se fueron desencantados.

Y pasando a la terna actuante, Morante lo tuvo exactamente imposible. No era ya una cuestión de ánimo; eso ni se llegó a plantear. Sus toros no engañaban: desde que salían al ruedo, resultaba evidente que el lucimiento no podía llegar. Con el primero, sobre todo, lo que podía llegar era una visita a la Enfermería, que allí había peligro escondido. Lo que si debe ser motivo de reproche fueron las malas formas con las que dio muerte a sus dos enemigos.

Que El Juli saliera hoy por su pie, sin haber dado ni siquiera una vuelta al ruedo, da la medida exacta de lo que fueron sus toros. El torero que más poder tiene hoy en la muleta, no pudo más que abocetar su concepción del toreo. En su caso, la voluntad de hacer las cosas quedó patente. Pero de ahí no se podía pasar. Que luego se le encasquillara la espada, no sobrepasa la categoría de anécdota.

Alejandro Talavante supo aprovechar las posibilidades que ofrecía su primero, un toro sin clase alguna pero que se desplazaba y aguantó hasta el final. De hecho, suyos fueron los momentos que más complacieron a la concurrencia. Si ya con el capote quiso dejar unos lances con un punto de desmayo, luego acertó a llamar la atención con el comienzo de su faena. Todo el trasteo, eso sí: muy ligerito de ejecución, tuvo su variedad y en algunos momentos, en especial con la mano izquierda, mérito. Si la espada le llega a funcionar, a estas horas se estaría hablando del trofeo que habría conseguido. El que cerraba plaza no alcanzaba a seguir la muleta ni en un medio pase; en esa situación pedir mayores alegrías carece de sentido.

El encierro: Por cuarto día consecutivo rápido y limpio resultó el encierro con los toros de Victoriano del Río. Hasta ahora el más corto de los celebrados:  2,14 minutos. Prácticamente toda la mana se mantuvo compacta, salvo en los metros finales cuando toro se cayó, pero luego recupero terreno. Ningún herido por asta de toro y tan sólo tres atendidos por contusiones.