Lunes, 18 de noviembre de 2019
Pamplona: Séptima del abono de San Fermín
Una tarde venida a menos, con ratos entretenidos
Con figuras y sin figuras, cuando los toros vienen a menos, por que la raza no abunden, las fuerzas sean las justas y no tengan esa capacidad de aportar la emoción que la Fiesta exige, necesariamente estamos ante una tarde que se viene a menos. De hecho, sin poder alcanzar el lucimiento tal como generalmente se entiende, lo más emotivo vino con el 5º: fue un ejercicio entre el poder del toro y el poder de El Juli, en el que ganó con naturalidad el torero. Sobre todo pensando en su próximo compromiso con la corrida de Miura, Destacable también el avance técnico que se observa en Jiménez Fortes, manteniendo su habitual línea de valor. Como siempre, con el fervor de las peñas, Juan José Padilla, que tuvo un lote de escaso lucimiento.
Redacción

PAMPLONA. Séptima del abono de San Fermín. Lleno toros. Cuatro toros de El Pilar y dos de Moisés Fraile (2º y 6º), bien presentados, escasos de de raza y limitados de fuerzas. Juan José Padilla (de azul noche y oro con cabos negros), silencio y ovación. Julián López “El Juli” (de marino y oro), oreja y ovación. Jiménez Fortes (de vainilla y oro con cabos negros), oreja y silencio.

Para el espectador, una tarde entretenida, incluso con algunos valores interesantes. Pero todo devaluado con la mermada condición de los toros de “El Pilar” y Moisés Fraile. Todo lo cual es mucho más que un matiz a la hora de poner en valor aquello se vio en el ruedo pamplonés. ¿Cómo va a ser lo mismo la faena, tan entonada como fue, de “El Juli” con su primero, si más que torear tuvo que realizar una labor asistencial para que el animalito no rodara por los suelos?. Que luego hubiera momentos lucidos, como los hubo, no obsta para que, al final, se viera un espectáculo bastante venido a menos.

Y es que si la corrida de la familia Fraile –toda ella cinqueña-- molestó poquito a los espadas; luego nos colaboraron más que otros, pero siempre dentro de unos límites. Y así, el que abrió plaza se desfondó por completo, bien que en el caballo se le dio candela. Tuvo nobleza el segundo, con el pequeño “detalle” de sus continuadas claudicaciones. El andarín que hizo 3º se dejó hacer, sobre todo a derechas. Sin interés alguno resultó el 4º, que iba y venía como el que va a un puesto de agua. Mucho más hecho estuvo el 5º, que exigía mucho a su matador. Y como ajeno a los engaños se comportó el que cerraba plaza.

Con el público a favor, como antes y después de Zaragoza, Juan José Padilla cumplió voluntariosamente toda la tarde. A la salida, poco se recordaba de sus muchos quehaceres y buenos deseos. Tiene la excusa de las pocas posibilidades de sus toros. En cualquier caso, de muy limitado interés todo. Pese a ello a punto estuvo de cortarle una oreja a su segundo, bajo el principio de la mitad más uno de los pañuelos.

A poco supo la actuación de El Juli. Cuando un torero se encuentra en un momento como el que hoy tiene el torero de Velilla de San Antonio, frente al toro sin poder el suflé se desinfla. Es lo que ocurrió con su bien compuesta faena al 2º de la tarde, al que le cortó una oreja. Para el aficionado, quizá tuvo más interés su lidia con el 5º, un toro exigente, al que a fuerza de colocarse en su sitio y de insistir, acabó metiendo en la muleta. Un ejercicio de poder y buen sentido de la lidia, elementos que estuvieron muy por encima de los valores artísticos.

Buen tono, con mayor claridad de ideas y hasta con más reposo, muy mejorado se vio a Jiménez Fortes. En esta ocasión, fue mucho más que el torero voluntarioso y firme, pero carente de elementos técnicos para que no todo se haga con a fuerza del valor a secas. Tanto con el 3º, al que tuvo el mérito de meter en los engaños venciendo sus andarines comportamientos, como en el cerraba plaza, el malagueño estuvo dignamente torero. Luego, cuando no quedaban más opciones, llegaron sus arrimones. Ahora le queda la sorprender con  la corrida de Miura, en este domingo del “Pobre de mí”.

El encierro: El sexto encierro aportó todo el dramatismo que no tuvieron los anteriores. Largo y complicado –casi cuatro minutos y medio— y tres cornadas de importancia, de las que fue especialmente espectacular la de un mozo en la calle Estafeta, que durante interminables minutos quedó a mercad de uno de los toros de El Pilar.