Viernes, 22 de noviembre de 2019
Ahora que va para 50 años la almohada de El Cordobés
¿Y si la solución a la crisis está en una peregrinación de empresarios al retiro de José Tomás?
Qué algo resulta necesario hacer, nadie lo duda. La crisis económica y la atonía taurina están golpeando con tal fuerza a la Fiesta, que está a punto de ir a la UVI. Como en esto el ungüento amarillo que todo lo cura no sirve, habrá que pensar en una solución para salir de la emergencia. Ahora que se ha recordado la célebre almohada de El Cordobés en 1967 y la posterior peregrinación de empresarios hasta Villalobillos, a lo mejor ha llegado el momento de repetir la operación, pero con destino al retiro malagueño de José Tomás, para convencerle para que se eche el toreo a las espaldas y tire de este carro. Hasta ahora no se conoce de ningún otro remedio tan eficaz.
Redacción. Servicio de Documentación
 José Tomás, frente al reto de su responsabilidad ante la Fiesta y ante la Historia
 El papel de José Tomás en la Fiesta en una etapa de crisis

 

 

 

Ahora va casi para 50 años de aquel episodio de “Villalobillos” con el empresario, todos juntos y en unión, rogándole a Manuel Benítez que no se retirara, cuando tenía firmadas 100 tardes en todas las ferias para la temporada de 1967. Aquello iba a ser la ruina para todos.

Ahora, cuando los empresarios se quejan de ir otra vez hacia la ruina, ¿no habrá llegado el momento de organizar otra peregrinación? En este caso debería ser hasta Estepona, para que José Tomás se comprometiera a figurar en todos los abonos que forman el núcleo duro del negocio taurino. El de Galapagar no tiene, que se sepa, una almohada tan célebre como la de Benítez, que hasta va a figurar en el Museo Taurino de Córdoba como si fuera todo un hito de los Anales de la Tauromaquia. Tiene, eso sí, una idea bastante clara de lo que quiere y le conviene hacer. Por eso lleva años caminando a su aire y programando sus actuaciones según lo parece adecuado a sus intereses.

Desde luego tal como está el patio puede ser una buena solución. Cuando tres figuras llenan poco más de media plaza en plena feria de Bilbao, el diagnóstico del enfermo no puede ser satisfactorio, desde luego. Está al borde de necesitar un trasplante. El único que en estos momentos se ha demostrado compatible lo guarda en su casa José Tomás.

Claro que este torero tiene un ansia irrefrenable de ir por libre, que no se somete a las reglas convencionales --tan obsoletas como están-- por las que se rigen el común de los empresarios. Y así, cuando dice que ni hablar con los Chopera --versión Martínez Labiano-- es que no hay más que hacer pase lo que pase. Esta claro que desde la prepotencia, con José Tomás no hay acuerdo ni para tomarse una cerveza en un chiringuito de la playa. Pero desde posiciones razonables, no debería ser imposible.

Los empresarios andan muy subidos en una poco comprensible ola, organizando manos a manos como formula de ahorro de costes, aunque salvo contadas ocasiones lleven a las plazas la gente esperable. Y para colmo en estos días no tienen disponible ni a Morante, que cuenta con  sus partidarios y sus curiosos. Si en 2014 la crisis económica lamentablemente nos va a seguir golpeando, como sigan en sus ensoñaciones acabarán por llevarse por delante lo que va quedando del kiosco.

Manuel Benítez se comprometió a 100 tardes. Eso es impensable hoy. Ni José Tomás es torero de esos excesos, ni el número de espectáculos que se dan entre España y Francia dan para tanto. Pero cerrar un acuerdo por 25 tardes, por ejemplo, que tiren para arriba de los abonos fundamentales, no parece un despropósito.

Con Benítez cerraron el acuerdo por un monto total de 550 millones de pesetas (3,5 millones de euros), de acuerdo con los datos documentales que aportó Juanma Lamet en su blogs “Tauroeconomía”. Y estamos hablando, recuérdese, de dineros de hace casi 50 años, con todo lo que ha llovido en la economía, incluida la familiar, desde entonces. Bueno pues a pesar de la cifra millonaria todos le ganaron dinero a la operación.

Para trasladar con seguridad esa cifras a la realidad de hoy, tanto económica como taurina, hay que acudir a un doctorado en Harvard, con la cantidad de variables que deben tenerse en cuenta en tal ecuación. Pero los empresarios, con su cuenta de la vieja, le hacen un traje al primero que aparezca por su puerta. Seguro que encuentran la cifra de lo posible y razonable, desde el respeto a la categoría del torero.

Los toros no iban a constituir un problema; por el contrario, se encontrarían con toda la cabaña de bravo para elegir, tal como hoy anda el mercado. Y completar la terna, menos: hoy hay “primeros” de lujo y tanto figuras como nuevos valores de sobra para formar un cartel atractivo y de altura.

¿Qué falta pues? Dos cosas, que además son los principales, que el empresariado estuviera dispuesto, como hace casi 50 años, a peregrinar hasta Estepona y que el torero no tuviera ninguna sorpresa escondida en su almohada.

El empresario unido, desde luego, no se sabe que pueda decidir en una hipótesis como ésta. Pero en los corrillos taurinos, sin embargo, es vox populi que alguno ya ha ido a pedir la venia en Estepona y con resultado positivo. Es como se explicaría, por ejemplo, el repentino cambio de opinión de Simón Casas, que de asegurar con todo tipo de formalidades que no iba a pedir la prórroga en el contrato de la plaza de Valencia, ha pasado como por ensalmo a anunciar exactamente lo contrario. Con lo despierto que ha demostrado ser, seguro que tiene guardado un as en la manga que justifique tan radical cambio de postura. ¿Ese as tiene por nombre José Tomás? Al menos eso se canta en algunos corrillos.

Hoy se cuenta con excelentes toreros, es cierto. Pero no es menos cierto que está comprobado que José Tomás es el único con la fuerza suficiente para ser el revulsivo de la situación crítica que se atraviesa. Y una de dos, o se mira para otro lado y el Galapagar cumple su propósito con media docena de actuaciones, o se le invita --y se le tienta-- a que se eche a la espalda el toreo y colabore a salir del actual marasmo. A unos gustará más y a otros menos, pero la realidad es la que es.