Lunes, 26 de agosto de 2019
SEVILLA: Segunda del ciclo ferial 2015
Triunfo de Antonio Nazaré, frente a un buen toro de Fuente Ymbro
Antonio Nazaré, en el toro de su triunfo (La Maestranza)
El conjunto de la corrida de Fuente Ymbro mereció al menos un notable, que no pudo ir a más porque a demasiados de los ejemplares les falló fuelle para desarrollar lo que llevaban dentro. Pero entre todos destacó un gran toro: el 4º, frente al que Antonio Nazaré volvió a enamorar a la Maestranza, con una faena de importancia. Se le vieron progresos muy esperanzadores al joven Javier Jiménez y no terminó de entenderse con sus enemigos Arturo Saldívar. En el platillo de lo negativo: de nuevo la floja entrada, que parece la "prueba del 9" de cómo la renovación del abono por segundo año consecutivo no ha ido bien.
Redacción
 El primer triunfo viajó hasta México: se lo llevó Joselito Adame

SEVILLA. 2ª de feria. Otra vez un tercio del aforo, en tarde magnífica. Toros de Fuente Ymbro, desiguales de presentación, casi todos muy a menos en su juego; excelente resultó el 4º, que fue muy ovacionado, pero también 3º y 5º ofrecieron en diferente medida sus opciones.  Antonio Nazaré (de marino y oro), palmas y una oreja. Arturo Saldívar (de violeta y oro), silencio y silencio. Javier Jiménez (de verde manzana y oro), ovación y palmas.
Tras la muerte del 1º de la tarde, Antonio Nazaré pasó a la Enfermería, donde fue atendido de una “contusión costal hemitórax izquierdo y varetazo en región occipital. Se practica infiltración costal y se recomienda estudio radiológico", para conocer la verdadera trascendencia de la lesión.

La corrida de Fuente Ymbro tuvo, naturalmente, sus pegas. La principal, lo justo de sus fuerzas y de sus viajes, que tendían apagarse más pronto que tarde. Pero al menos hubo tres toros de triunfo, que luego por cefas o por nefas no todos se alcanzaron. Sin exageración de las presentaciones --el de más respeto, el 5º--, tuvieron movilidad y, en ocasiones, buen tranco. Y a casi ninguno le faltó nobleza, que luego se matizaba por el condicionante de su fondo físico. Por lo demás, cumplieron ante los caballos, en una tarde en la que --una buena sorpresa-- se picó bien, mejor de lo que suele ser habitual. Los de menos enjundia brava, los dos primeros y el que cerró plaza.

No fue la de Ricardo Gallardo la “corrida del siglo”, desde luego; pero estuvo muy por encima de la media de lo que vemos la mayoría de las tardes. Y sin echar carnaza a los que todo lo ideologizan --que suelen ser pedantes de libro, cuando no sencillamente ignorantes--, una coincidencia, pura y estricta coincidencia en el comportamiento animal: la mayoría fueron más bonancibles por el pitón derecho que por el izquierdo.

Después de un año con no pocas dificultades, de nuevo se ha visto en Sevilla al Antonio Nazaré que tanto enamoró a esta plaza. Ya se había peleado como un hombre con el complicado toro que abrió plaza, que le dio una soberana paliza. Recompuesto momentáneamente en la Enfermería, volvió al albero maestrante para dejar constancia que conviene contar con él. De salida jugó bien los brazos con el capote, siempre yéndose hasta los medios, para luego cincelar una faena de muleta compacta, reunida, con sus notas de sentimiento, solemnizados por los sones de “Manolete”. Trasteo de muletazos largos, ligados, muy por abajo, con buena cabeza para darle al de Fuente Ymbro las distancias que pedía. Una oreja con verdadero peso fue su recompensa.

Encastadito pero también distraidote, el 2º de la tarde se quedaba ya corto al salir del caballo. El mexicano Arturo Saldívar puso buena voluntad antes de quitárselo de encima con un pinchazo y una entera, ambas casi a paso de banderilla. Apostó fuerte en el 5º, que casi lo arrolla al no obedecer al toque, cuando trataba de darle una larga en la puerta de chiqueros. El animal, el más blando de todos, no tenía luego mala clase, pero había que saber conjugar sus virtudes y defectos. Saldívar se mostró más que nada insistente, pero su hacer decía bastante poco.

Javier Jiménez dejó momento prometedores

Sorprendió el rápido proceso de madurez que sigue Javier Jiménez, un torero muy joven que no tiene a sus espaldas ni 20 festejos mayores. Supo exprimir todo lo que tenía dentro el bueno 3º, casi siempre en los medios y con las muñecas ágiles para pulsear a su enemigo. Dos desarmes emborronaron el trasteo, pese a lo cual estableció casi un record: en las dos ocasiones provocó que de nuevo la Banda de Tejera, tan reacia como es a esas cosas, volviera a retomar el pasadoble. Necesitó de un pinchazo previo a la estocada, por lo que todo quedó en una fuerte ovación, que si hubiera querido se habría convertido en una vuelta al ruedo. De nuevo estuvo centrado con el que cerraba plaza, pero la paulatina pérdida del celo inicial del de Fuente Ymbro hizo que la faena fuera a menos. Pero conviene repetir lo ya escrito: el torero de Espartinas, como se dice de los escolares, “progresa adecuadamente”.