Jueves, 21 de noviembre de 2019
"El toreo tiene que estar lleno de locuras"
Eduardo Dávila: "Ahora lo reconozco, volver con Miura ha sido una locura"
La efeméride se cumplió con creces. En el nombre de Miura, Eduardo Dávila regresó por un día a los toros, nada menos que con la ganadería de su familia, que cumplía 75 años consecutivos lidiando en La Maestranza. Volver así, a capón, con una miurada, es cosa de héores o quijotes, y algo de ambas cosas tuvo Eduardo ayer. Hoy, a toro pasado, reconoce que "ha sido una locura". O sea, nada más y nada menos que lo que tenía que ser. Esta son las impresiones que Dávila Miura le ha contado a Juanma Lamet.
Juanma Lamet
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 Cuando Miura sacó abono perpetuo en Sevilla

Llegó, más fino que antaño, recogió el calor de Sevilla y dio una lección de vergüenza torera, compromiso y ética. A “Barbareto”, el cuarto de la tarde, le cortó una oreja de seriedad a carta cabal. Se la regaló a sus hijos --"va por vosotros, que sois lo más bonito del mundo"--, echó el feliz telón de la Feria y se fue "a cenar tranquilamente con la familia". Durmió poco, como cuando estaba en activo. Y al mediodía ha salido a tomarse una cerveza con Carmen, su mujer. Como si nada. La absoluta normalidad tras la gesta, eso sí que es una locura.

---Supongo que Miura es una familia feliz. La corrida fue un interesante compendio de la ganadería y tú cumpliste con la efeméride y con la gesta ¿Cómo te sientes? ¿Qué poso te queda?

--Hay una frase muy bonita: "Eduardo Dávila, en el nombre de Miura". Resume mi apuesta. Esta locura... Ahora lo reconozco, ha sido una locura, pero el toreo tiene que estar lleno de locuras. La tarde de ayer fue una locura, pero reunió lo que han sido estos 75 años de Miura. Aunque en mi fuero interno siempre quiero darle 15 pases por abajo y eso no pudo ser ayer, siento que he cumplido. No podía fallar en actitud, eso no me lo podía permitir. Me planteé llegar más delgado, más preparado que cuando estaba en activo, que nadie pudiera afearme eso. Y, al final, cuando uno asume esfuerzo tiene recompensa.

--Te dio alas Sevilla al arroparte tras el paseíllo, ¿verdad?
--Totalmente. El cariño, el afecto... traspasó lo profesional. En la plaza había una gran cantidad de amigos. Tras el paseíllo, entrar en el callejón fue duro, con la cantidad de gente que había allí...

--¿Duro?
--Es que hemos hecho muchas cosas: la exposición sobre Miura, el acto en el Club Pineda, el spot publicitando la corrida, la revista de la Fundación Cajasol... todo era muy bonito, pero me metía más presión, la verdad. Había mucha gente apostando, mucha gente ilusionada. Tenía que poder con eso, fuera como fuera.

--Una curiosidad: ¿te espoleó el triunfo de Espartaco?
--Me dio confianza, en parte. Si Juan Antonio fue capaz de triunfar así, con más edad que yo y un Domingo de Resurrección... Me obligó a ver que ése es el camino que había que seguir.

--El primer toro era una prenda, todo listeza y malas intenciones. Y altísimo. ¿Qué sentiste al ver que te podía prender?
--El toro era muy complicado. En el capote ya se venía derecho al cuerpo y yo sabía que iba a ser  un toro duro, difícil. Mi planteamiento era no venirme abajo por nada. En otras circunstancias me habría venido abajo por el viento (siempre me pasaba), pero ayer sabía que podía pasar, y que podía salir ese toro y no me podía venir abajo. Y el cariño de la gente tiró de mí...

--...Y la vergüenza torera. Qué lección.
--Exacto. Eso está ahí. El toro no sabe si estoy retirado, si soy nieto de ganaderos, si es el 75 aniversario... mi obligación es tirar de eso, de la vergüenza torera. Y le tengo mucho respeto a la profesión. 

--En el cuarto, ´Barbareto´, las bases del éxito fueron la colocación y la altura, o sea el entendimiento. ¿Lo viste claro o tiró de ti la vergüenza torera, como dices?
--En el capote hubo tres o cuatro embestidas que me gustaron. Lo vi. Hubo un momento en el que humilló y tuvo emoción. Es verdad que la faena no cogió el nivel artístico que yo quería, pero yo era consciente del tipo de toro que podría salir, porque conozco la ganadería.

--La conoces, pero sólo habías toreado Miura siete veces...
--Sí, fue la octava, solamente. Había que darlo todo y matar bien.

--En el primero marcaste los tiempos de la suerte  suprema de maravilla pero se te atravesó el estoque; el del cuarto fue un estoconazo. ¿Los temores por la falta de práctica se quedaron en el carretón?
--La suerte va y viene. En el primero no vino, haría yo algún movimiento de muñeca, supongo. Y en el segundo el toro cae de forma espectacular. A puerta cerrada he matado bien y en el carretón también. Yo era consciente de que me tenía que ir detrás de la espada. Había que tirarse a la piscina, a matar o morir.

--Y ahora, a La México a confirmar...
-- (Risas). La verdad es que me haría ilusión. A mi carrera le falta esa guindita y si se cuadrara...

--¿Y qué más? ¿Te pica el gusanillo, con otro tipo de toro, o te lo impides a ti mismo?
--Sí, eso, me lo impido a mí mismo. El camino correcto es ése: tiene que prevalecer la cabeza del hombre sobre la del torero. Ahora me dedicaré al apoderamiento de Luis Bolívar, los cursos del Club de Aficionados Prácticos Taurinos y a dar conferencias a empresarios. Menuda historia nueva tengo para contarles...

Los escritos de Juanma Lamet se publican en su blogs “Tauroeconomía” y pueden consultar en nuestro espacio de “10 opiniones 10” y en la dirección electrónica:
http://www.expansion.com/blogs/tauroeconomia/