Lunes, 26 de agosto de 2019
MADRID: Vigésimo sexta de la feria de San Isidro
Manuel Escribano entra en Madrid
Qué naturalidad y qué torería dejó en el recuerdo Diego Urdiales. (A. Marco/Las Ventas)
Con una corrida manifiestamente mejorable de Adolfo Martín, en la que tan sólo destacó por su condición el que cerraba plaza, Manuel Escribano ha entrado en Madrid en una faena construida mano a mano entre la emotividad y el temple; una actuación muy firme, en la que el torero sevillano tuvo pasajes valentísimos, como el tercio de banderillas con el 6º, junto a momentos de toreo templado y de buen gusto. De nuevo con enemigos que restaban posibilidades, Diego Urdiales explicó sobradamente cuáles son los motivos porque los que es uno de los toreros preferidos de la afición de Madrid. Qué naturalidad y que torería dejó sobre el ruedo de Las Ventas. Con un lote imposible Sebastián Castella poco pudo hacer, salvo lidiarlos con eficacia.
Redacción
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MADRID. Vigésimo sexta de la feria de San Isidro. Lleno de “No hay billetes”. Toros de Adolfo Martín, justos de presentación y bajos de raza y de poco juego, excepto  el que cerró plaza; 2º, 5º y 6º, cinqueños. Diego Urdiales (de marino y oro), ovación y ovación tras aviso. Sebastián Castella (de malva y oro), silencio tras aviso y palmas tras aviso. Manuel Escribano (de verde botella y oro), silencio y una oreja.

No rompió la corrida de Adolfo Martín, que se quedó muy lejos de lo deseable. Pero rompió en Madrid Manuel Escribano, con una actuación muy firme  y torera, que en el 6º de la tarde llegó a su punto culminante. Pero hasta que llegó a su último capítulo, la cosa discurrió muy devaluada  por la pobre condición de los “albacerrada”.

Adolfo Martin trajo una corrida de pobre presentación, que si no hubiera sido por esa espectacularidad adicional que aportan los toros cornipasos, habría tenido problemas en el reconocimiento. De hecho, el único no cornipaso, que era el que hizo 3º, cantaba mucho, siendo como era el de más báscula.

Pero pasado el fielato matinal, en el ruedo resultó ser una corrida muy baja de raza y casta, que peleó mal con los caballos y pronto se apuntó a un recorrido escasísimo, en unos casos sin emoción alguna, en otros defendiéndose en el regate en corto. La honrilla la salvó el ya citado 6º, que fue el que mejor se comportó en varas, el único que tuvo viveza en sus embestidas y el que, especialmente por el pitón derecho, metía bien la cara, aunque le costara humillar. El balance  final no puede ser bueno para el ganadero.

Después de tres  funciones, Diego Urdiales se va de la feria tal como vino. Pero se va habiendo confirmado que es torero de Madrid, donde la afición le guarda fidelidad. La calidad de su toreo se la merece. Hoy le correspondieron dos “adolfos” sin triunfos colgando de sus pitones, por su falta de raza. Era lo que provocaba que la belleza y la torería de la actuación del riojano quedará luego expuesta a medio gas.

Ya se había mostrado muy entonado con el que abrió plaza, con una faena interesante que fue de menos a más, pero con el 4º desgranó los muletazos más templados, largos, sentidos, bellísimos. Qué naturalidad y qué buen gusto en todo lo que hizo. Pero, ¡ay!,  faltaba la emoción que su enemigo no aportaba, como tampoco estaba por aportar duración.  Pese a todo, Urdiales volvió a dejar el regusto de un toreo caro, de un torero auténtico. ¡Qué pena que a no se atrevan a darle continuidad en el calendario taurino!

Se había empeñado Sebastián Castella en apuntarse a los “adolfos”. Ni medio morbo: con las condiciones de este torero y el momento que atraviesa, no es que no pasara ahogos, es que los lidió como si fueran buenos. Pero como no lo eran, no pudieron llegar esos momentos vibrantes y emotivos  que tanto eco han tenido este año, tanto en Sevilla como Madrid. Hizo el intento de salirse de las ganaderías predecibles de tantas ocasiones; ya es mala suerte que lo hiciera precisamente el día que los “adolfos” dejaron en la dehesa sus señas de identidad. Seguro que de haberlas traídos, el primer beneficiario habría sido Castella. En cualquier caso, ha echado una gran feria.

Tremendo el pitonazo en el cuello que recibió Escribano al matar al 3º

No sería pecar de optimismo si afirma que, finalmente, Manuel Escribano ya ha entrado en Madrid. Su paso en 2014 había sido extremadamente pobre; en su primera tarde de este sanisidro apuntó cosas; este jueves además de apuntar disparó y dio  en la diana. La oreja que se le concedió en el que cerraba plaza no pudo ser  ganada más a pulso.

Sigue siendo muy discutible esa costumbre, que la repetición ha convertido en ley, que en todas las tardes y todos los toros este torero  haya de irse a la puerta de toriles. Si fuera para demostrar su buena voluntad, ya está más que demostrada. Hoy otra vez en sus dos turnos se fue a la puerta de chiqueros, para al final salir mediamente airoso, pero con la pega añadida de que, con tanto movimiento, al final no nos dejó ver la naturaleza de su toreo de capa.

En su primero no tuvo más opción que demostrar su entereza de ánimo, sobre todo después del pitonazo que recibió en el cuello al entrar a matar. Lo bueno vendría luego. 
Y es que con el 6º Escribano estuvo ya valiente y decidido con los palos, con una situación de extremo riesgo cuando aguantó un parón del “adolfo”: le pegó un pitonazo que, rompiendo la camisola, de paso se llevó la cadena que el torero llevaba al cuello. Pues después del susto, otra vez repitió la suerte para dejar un gran par.

La faena de muleta resultó sólida y reunida, con fases de más calidad sobre la mano derecha por la condición de su enemigo, pero siempre con temple y toda la largura que permitía el “albaserrada”. Emocionante trasteo. Insistió con buen tino también con la mano izquierda, para al final dejar unos naturales citando de frente con mucha enjundia. Toda la espada arriba completó la actuación del triunfo, de un triunfo muy válido.