Viernes, 17 de enero de 2020
MADRID: Vigésimo séptima de la feria de San Isidro
La encerrona que se convirtió en trampa, con la emboscada que le tendieron los de Victorino
Luego vendría el viacrucis que pasó "El Cid" con los victorinos (Álvaro Marco/Las Ventas)
Dice la Real Academia que el término "encerrona" puede entenderse, entre otras acepciones, como "emboscada" o como "trampa". En la trampa que cayó Manuel Jesús "El Cid" en este 5 de junio era de las dimensiones necesarias para cazar elefantes; la emboscada que le tendieron los toros de Victorino Martín, es de las de no contar. Seis toros, curiosamente gradualmente cada cual a más imposible, no dejaron centímetro libre para darse una alegría. A ello unimos la crispación en el ambiente, que se desató a partir del 4º de la tarde, y el lógico y paulatino desánimo del torero, y tendremos el retrato fiel de una tarde que nació como para gesta, pero que acabo siendo un verdadero luto.
Redacción
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MADRID. Vigésimo séptima de la feria de San Isidro. Lleno a falta de 300 localidades altas. Toros de Victorino Martin, de desparejada y mejorable presencia, de escasísimo juego; el 1º, cinqueño. Manuel Jesús El “El Cid” (de nazareno y oro), único espada: silencio, silencio, silencio, silencio, pitos y pitos.

Parte facultativo de David Saugar “Pirri”: ‘Herida por asta de toro en región axilar derecha, con una trayectoria ascendente y hacía fuera de 15cm. Contunde paquete vasculonervioso axilar. Se le traslada al hospital San Francisco de Asís. Pronóstico menos grave”.

Si por gesta se entiende, como aconseja la RAE, “un sucesión de hechos memorables”, la cosa está clara: una gesta te encumbra, o una gesta te hunde. Y da lo mismo que el protagonista sea presidente de gobierno que albañil, ciclista que torero, escritor que masterchef. Es la dura realidad de la sociedad competitiva en la que vivimos. Tan es así que incluso la peor salida de todas es aquella pretendida gesta en la que “no pase nada”, porque eso ya es el síntoma de la incapacidad absoluta del autor: ni para bien ni para mal en su haber se anota ni un solo “hecho memorable”.

A parte del clima de  crispación reinante a partir del cuarto toro, si se piensa un poco en frío la realidad es que en la tarde de “El Cid” con los seis de Victorino no ha pasado nada memorable, sea del signo que fuere. O a lo mejor la hubo, si por memorable en negativo entendemos la increíble corrida que ha echado Victorino Martín, todo un record de deslucimiento, amén de más de un toro poco o nada presentable.

Y es que si al menos por chiqueros hubieran salido seis “alimañas” --los más modernos ahora les llaman “revoltosos”--, la cosa habría sido distinta. Se habría visto la lucha a brazo partido contra una fiera corrupia, aunque eso sea algo tan feo como el circo romano. Pero qué de memorable puede haber en tenérselas que entender con unos toros mal presentados y carentes de raza y de bravura, que no sabían galopar y al cuarto paso se quedaban a la espera.

Quién podría decir, salvo por el número de la paletilla, que el que abría plaza era un cinqueño, con ese candoroso ir y venir que exhibía. Pero qué pensar del muy menguado segundo –que si no fuera por la A coronada no habría sido aprobado en muchas plazas--, pues que de menguado que estaba no le cabía dentro ni un poquito de raza. Lo mismo pero algo más comido resultó el 3º, pero todavía con menos posibilidades de emoción. Pero si estos tres primeros eran los candorosos del barrio,  "sin chicha, ni limoná", los tres siguientes se pasaron por el lado contrario.

El momento preciso de la cornada de "PIrri" (Álvaro Marco)

En la práctica, si rebobinamos la tarde se comprueba que hasta que se llegó al segundo tercio del 4º todo iba con una cierta normalidad. Pero en ese punto a “Mojonero” se le cruzaron los cables y se puso intratable. Tanto que un hombre tan profesional y tan bregado como “Alcalareño” pasó las de Caín para dejar un palo arriba y al menor de los “Pirri” le mandó a la Enfermería. Con un criterio que compartimos, tal como se desarrollaba la cosa, al Presidente se le ocurrió cambiar de tercio con sólo tres palos en los lomos. Se formó la escandalera. Lo de “hereje” y a la “hoguera” de la Edad Media era poco. Y a partir de este punto la tarde comenzó a caer por el despeñadero irremediablemente.

“Mojonero” seguía con los cables cruzados al pasar al ultimo tercio. Bajo el mismo síndrome se lidiaron 5º --el de más respeto-- y el 6º. Ni un muletazo limpio era posible, pusiera el torero la voluntad que pusiese. Ni siquiera eran “alimañanas”, eran animales desagradables, con incapacidad para generar un mínimo de emotividad.

Naturalmente al mismo ritmo que se iba desinflando el globo de los “victorinos” se iba viendo mermado al torero de Salteras. Es completamente cierto que la corrida carecía de las condiciones necesarias, pero es igualmente cierto que demasiado pronto “El Cid” tiró las tres cartas, como si hubiera perdida toda convicción en sus propias posibilidades, tantas veces demostradas. Y cuando se quiebra el ánimo, la casa se viene abajo.

En otras circunstancias seguramente a “El Cid” no se le habría ido de las manos la dirección de la lidia y hasta el peor de todos lo habría manejado con mayor dosis de torería y hasta de soltura, que el de Salteras las tiene acreditadas. Pero cuando una tarde se tuerce, es que se tuerce hasta el palo de la bandera. Por eso de la plaza todos los muchísimos asistentes salieron cabizbajos, más que aburridos con un profundo desaliento.

La ”encerrona” esperada se había consumado malamente, esto es: siguiendo al pie de la letra la segunda acepción que nos dice la RAE en su diccionario: “emboscada, trampa”.  En la trampa que se metió --o le metieron--  Manuel Jesús era de dimensiones como para cazar elefantes. La emboscada de los victorinos de turno pasará a los libros. Lo más triste, lo más lamentable, es que para el de Salteras la mala noche de hoy no es más que la antesala de lo peor que todavía está por venir, porque este 5 de junio le va a hacer mucho daño. Pero el toreo es así, nos guste o no.