Sábado, 22 de febrero de 2020
Manifiesto de 10 asociaciones
Los aficionados piden a Esperanza Aguirre un cambio copernicano para Las Ventas
Diez Asociaciones de aficionados, muy diversas en su composición y hasta en sus actitudes, se han dirigido a la Presidenta de la Comunidad de Madrid pidiendo un cambio radical en la gestión de Las Ventas.
Antonio Petit Caro
fjrigjwwe9r1_articulos:cuerpo
Diez asociaciones de aficionados de Madrid se han dirigido a la Presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, solicitando que no se conceda la prórroga en el contrato de explotación de Las Ventas a la empresa Taurodelta y que se replantee lo que ahora se llama Feria del Aniversario.
 
La petición la suscriben la Federación Taurina de Madrid, la Unión de Abonados y Aficionados, la asociación “El toro”, la Asociación de Abonados de Madrid, la asociación Casa de Córdoba, las Peñas “Los de José y Juan”, “El 7”, “El Puyazo” y “Los Cabales” y el Club Taurino Madrileño. La representación no puede ser más amplia ni más diversa: se reúnen todas las sensibilidades de la afición que acude a Las Ventas. El dato no es baladí. Ni por la diversidad de firmantes, ni por lo inusual de que todos ellos coincidan en unos puntos fundamentales, ni por el propio tono del escrito: no se puede pedir más corrección y mesura.
 
Obviamente, se parte de un análisis tan crítico como razonado de lo ocurrido en Las Ventas en los dos recientes abonos. Consideran que Taurodelta confeccionó los carteles “más anodinos, sosos, pobres y sin interés que se recuerdan en toda la historia de la Feria”, incumpliendo de forma reiterada las cláusulas A, B y D del pliego de adjudicación. Pero de ello no eximen de responsabilidad a la propia Comunidad, por cuanto elaboró y hoy mantiene “un Pliego pensado exclusivamente para ganar el máximo dinero posible de los toros… desentendiéndose de la calidad de los festejos y de los intereses de los profesionales de la Fiesta y de los aficionados”.
 
Por todo ello solicitan de Esperanza Aguirre seis medidas:
▪no conceder la prórroga del contrato a Taurodelta
▪modificar el sistema de gestión de la Plaza, para que la propia Comunidad tenga una intervención más directa y decisoria
▪suprimir la feria del Aniversario y reestructurar la programación de todos los espectáculos: que San Isidro vuelva a ser una feria del máximo interés y que el resto de la temporada se potencie
▪establecer la figura del Defensor del abonado-aficionado
▪recuperar la Venta de El Batán
▪instaurar un procedimiento de participación de los aficionados en la gestión de la temporada.
 
Como bien dicen las agrupaciones firmantes, “estas medidas no garantizan festejos memorables. Luego, el toro tiene que embestir y el torero tener el valor y el arte precisos. Pero, al menos, sí aseguran un enfoque cultural de la gestión de la Fiesta, en coherencia con la declaración de la Tauromaquia como Bien de Interés Cultural, actualmente en tramitación, iniciativa en la que estamos apoyando a la Comunidad”.
 
Resulta casi imposible no coincidir con este diagnóstico y con las peticiones que le siguen, en la medida que responden literalmente con la realidad. Pero dicho lo cual hay que afirmar también que pueden abrigarse muy serias dudas de que la Comunidad haga otra cosa distinta que acusar recibo del escrito, si es que protocolariamente lo hace.
 
Y esto no es ser pesimista. Esto es, simplemente, aplicar al pie de la letra las declaraciones lamentabilísimas del Vicepresidente de la Comunidad a la cadena COPE y las no menos imprudentes del Director Gerente del Centro de Asuntos Taurinos a distintos medios digitales.
 
Por ejemplo, con una imprudencia casi escandalosa en cargos políticos, confesaban una proximidad con Taurodelta a todas luces innecesaria e impropia: aunque se tenga de ellos la mejor opinión y la mayor proximidad, unos políticos --que son los contratantes-- no pueden pronunciarse tan paladinamente como lo hicieron. No es que estuvieran encantados, es que, pese a todo lo que estaba cayendo, dejan más que entrever que la prórroga estaba ya decidida. Y no es peor la imagen de maridaje contratante-contratado, que en algunos pasajes de las citadas declaraciones provocaban sonrojo entre los bienintencionados; entre los mal pensantes, mejor no especificar.
 
Por otro lado, razón les sobra a los aficionados en la petición de suprimir la Feria del Aniversario. Aquello se inició por dos causas: un hecho circunstancial, el verdadero aniversario, y una fórmula para aliviar el bolsillo de los abonados: se acortaba en una semana los sanisidros –que era el abono obligatorio— y los festejos suprimidos se trasladaban a otro abono voluntario. Y todo ello, de paso, asumiendo la Comunidad riesgos económicos ante las posibles pérdidas de esta segunda serie de festejos. La idea no era mala. Lo que ocurre es que luego la empresa adjudicataria, esto es: Taurodelta, se dedicó a trasvasar carteles de interés del abono principal al secundario, para salvar este segundo. Total, que entre unos y otros han hecho bueno el comentario de un castizo: “los aniversarios como mejor se celebran es con una tarta de velitas, sin más inventos, que luego los carga el diablo”.
 
Reconociendo que todas las demás peticiones están sobradas de razón, conviene fijarse sobre todo en una de ellas: modificar el sistema de gestión, para implicar más a la Comunidad y a la propia afición, que es como la auténtica conclusión de todo el escrito. En efecto, la verdadera revolución de Madrid radica ahí.
 
Nadie discute que Madrid es mucho más que una simple Plaza: es el centro del universo taurino. En consecuencia, hay que gestionarla con esa visión amplia de quien es consciente que tiene en sus manos el nudo gordiano de la Fiesta. Todo lo que en ella ocurre, repercute, claro está, en la afición capitalina; pero, sobre todo, tiene una influencia decisoria en el resto del orbe taurino. Siendo así que los propietarios del coso se ciñan a una gestión meramente económica no sólo es un error mayúsculo, sino un daño grave para la globalidad del toreo.
 
Por eso, este proceder nada tiene que ver con ningún género de intervencionismo de lo público en lo privado; toma su razón de ser de algo más profundo: precisamente como la Fiesta es un Bien Interés Cultural y que hoy como ayer Madrid ejerce una influencia definitiva en todo lo taurino, su gestión debe situarse muy por encima de criterios mercantiles, porque este caso concreto es mucho más con un negocio. De ahí que no se pueda gestionar desde la base de un concurso de adjudicación que, en el fondo, no deja de ser una subasta, por más que se le sobrepongan matices reglamentarios..
 
En lo taurino y en lo no taurino, modelos experimentados hay en la actualidad. Y no hay que fijarse en Pamplona y en sus Sanfermines, que es un caso totalmente singular e irrepetible. Baste pensar en la conocida como gestión interesada, por ejemplo. Claro que eso no se puede llevar a cabo a base de amigos y amateurs, que vienen bien cuando se trata de que todo se apruebe y todo se aplauda; eso exige dedicación, profesionalidad y transparencia.