Jueves, 24 de septiembre de 2020
VALENCIA: Tercera de las Fallas
Paco Ureña volvió a sacar su mano izquierda
Uno de los naturales que Ureña recitó en Valencia (SPC)
Como reviviendo su recordada tarde de la pasada feria de Otoño, Paco Ureña volvió a imponer su ley con la mano izquierda, una de las más verdaderas que hoy pueden verse. Fue en el 3º de la tarde, que luego le propinaría una señora paliza. Tres series con mucha verdad sobre la zurda fueron suficientes para convencer al personal. El conjunto de la corrida de Adolfo Martín dejó mucho que desear: baja de raza y con excesos de blandura. Con sus armas más clásicas, Rafaelillo consiguió triunfar con el que hizo 4º --el de mejor pelea ante el caballo-- y Manuel Escribano se justificó ante un lote nada propicio.
Redacción
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Valencia. Tercera de la Feria de Fallas. Lleno, con público muy entregado a la causa. Toros de Adolfo Martín, en el tipo de su encaste, aunque flojos de remos, bajos de raza y con escaso recorrido. Rafael Rubio “Rafaelillo” (de rosa y oro), palmas y una oreja tras aviso. Manuel Escribano (de grana y oro), palmas y ovación. Paco Ureña (de violeta y oro), una oreja y ovación.

Tres tandas sobre la mano izquierda le bastaron a Paco Ureña para llevarse justamente la oreja del 3º de los “adolfos” que se lidiaron este domingo en Valencia, uno de los pocos que se desplazó algo más y con mayor fijeza. Fueron tres tandas muy auténticas, con los pies muy asentados, citando dándole el medio pecho y prolongando el muletazo más allá de donde el toro quería ir. Unos naturales muy de verdad, que recordaron aquellos imborrables de Madrid por la feria de Otoño.

Pero adelantemos, antes de seguir con la crónica, que la corrida de Adolfo Martín desencantó al personal. Se debe suponer que a su criador, también. Toda ella baja de raza, admitiendo sólo el medio muletazo y blandeado en las más ocasiones, en ningún momento llegaron a entregarse. En medio de ese páramo, gustó la forma de ir al caballo del 4º. Pero en su conjunto, muy por debajo de lo que se espera de esta Casa.

Y si volvemos al desarrollo del festejo es para contar que había  cumplido bien Ureña con el capote ante su primero, para luego comenzar la faena con cuatro muletazos muy suaves buscando ahormar a su enemigo. Y de seguido echarse la pañosa a la izquierda, una de las mejores zurdas que hoy tiene el toreo. Despacio, templadamente, enganchando adelante para rematar atrás, las dos series siguientes tuvieron mucha enjundia. Buscó luego la mano derecha, pero por ahí el toro era otro cantar, tanto que después de una serie cumplidora le echó mano de una feísima forma. Volvió a los naturales, para finalmente dejar una estocada arriba, algo trasera, que dio paso a un trofeo pedido con unanimidad.

Tras su paso por la Enfermería para recibir asistencia --por fortuna, nada de gravedad--, volvió Ureña para vérselas con la larga mole que salió para cerrar el festejo. Y volvió a colocarse en el sitio y a buscar la hondura en sus muletazos, pese a que el “adolfo” nunca se entregó. Faena entregada en la que anduvo tan sobrado que si no falla con los aceros, habría vuelto a cortar otra oreja.

Nada pudo hacer “Rafaelillo” con el toro que abría plaza, que literalmente no se tenía de pie. Como para reafirmarse recibió al que hacia 4º con unos lances rodilla en tierra muy toreros, rematados con una excelente media. Bien picado por Agustín Collado, el torero de Murcia convenció al respetable con sus armas, que bien a ser el valor y la firmeza. Tenia que sortear la cortedad de las embestidas del “adolfo”, que mitad del muletazo protestaba, pero no se inmutó y aguantó estoicamente. Los pasajes mas brillantes llegaron al final, con unos naturales airosos. Una estocada algo caída no fue óbice para que se le concediera una oreja.

Unos lances suaves, templados, moviendo muy bien los brazos al recibir al 2º de la tarde resultó, a la postre, el momento más brillantes de Manuel Escribano. El “adolfo” apuntaba mejores maneras que sus hermanos, pero duro lo que se dice un suspiro, lo justo para que el de Gerena dejara unos pocos muletazos templados. Insistió en su ya acostumbrado caminar hasta la puerta de toriles con el 5º, un animal sin celo alguno que impedía emocionarse. Faena correcta y firme, como paso previo a media estocada que resultó suficiente.