Sábado, 24 de agosto de 2019
Valencia: Octava de Fallas
"El Juli" borra a López Simón, en un mano a mano demasiado desigual
"El Juli" estuvo inmenso con el 5º de la tarde. (SPC)
Es duro decirlo, pero es la realidad. Julián López "El Juli" ha borrado hoy del ruedo valenciano a López Simón. Y no es que el torero de Velilla fuera expresamente a por él, es mucho más sencillo: de forma natural se han evidenciado tales distancias diferenciadoras entre uno y otro, que para nada puede servir de consuelo --más: sería engañoso-- fiarlo todo a la aritmética de los trofeos. Aquí no hubo ningún empate en nada. Puede ser que se trate de un hecho circunstancial: que esta tarde el torero de Barajas no tuviera su día; pero más parece es que este tipo de carteles se le pueden indigestar. A partir de ahí, los economistas dirían que todo depende de la política de riegos que se quieran asumir; una cosa es clara: este tipo de mano a mano presenta un perfil muy alto.
Redacción
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VALENCIA, Octava de la Feria de Fallas. Casi lleno. Toros de Garcigrande --dos con el hierro de Domingo Hernández, 5º y 6º--,  desiguales de presentación, sin clase pero muy manejables aunque blandos; el mejor, el 5º, el más complicado el 3º. Julián López "El Juli" (de nazareno y oro), ovación, una oreja y una oreja. Alberto López Simón (de celeste y oro), una oreja, una oreja tras un aviso y palmas. Los dos diestros salieron por la puerta grande.

Más allá de la estadística, hay triunfos y triunfos. Es lógico que se den esas diferencias, cuando se trata de un espectáculo en vivo y, por tanto, influenciado por el estado de ánimo que se produzca en la afición en un momento. Pero luego, cuando las cosas se sedimentan fuera del bullicio, las diferencias de calidades se hacen evidentes. Dicho directamente: una cosa ha sido la valía de la puerta grande de “El Juli” y otra bien distinta la de López Simón.

Como el jueves, este mano a mano tampoco alcanzó a poner el “No hay billetes”, aunque casi llenara la plaza. A lo mejor es una llamada de atención para los organizadores. Y como el día anterior, toda la corrida de Garcigrande careció de clase y sobreabundó en blandura, hubo un toro con toda suerte emotividades, por su fondo y su forma de humillar, que fue el 5º, que además tuvo la suerte de que lo luciera “El Juli”, al que también correspondió el garbanzo negro, que salió como 3º. En cualquier caso, el conjunto por debajo de los niveles que han sido habituales hasta ahora.

“El Juli” puede hoy con lo que le echen, lo tiene ya sobradamente demostrado. Por eso este viernes lo vio tan claro con el peligroso --que lo cogió muy feamente-- como con el boyante. Pero no sólo hay poder en esas muñecas, cada vez tiene unos mayores valores estéticos, cada vez acrecienta un valor importante: la naturalidad, que resulta esencial para el toreo. Con sus tres toros dejó constancia con el capote y la muleta de un toreo relajado, sin una sola violencia, sin forzar la figura y llevando a los toros hasta el final.

Todo eso subió de tono con el 5º, que aunque inicialmente salió suelto, luego cambió a mejor; como tenía fuelle y boyantía, todo lo que le hizo tuvo una gran fuerza. Una actuación rotunda, con mucha verdad. Con dos pasesitos de tirón y un molinete de rodillas plantó al de Domingo Hernández a los medios y allí construyó todo: Los naturales  resultaron una auténtica belleza, pero cuando se puso por el otro pitón ocurrió lo mismo. Todo naturalidad, empaque, temple. Una actuación de lío gordo, que estará ya en el grupo de las mejores que ha cuajada en los últimos años. Un trasteo, en fin, que mereció mejor suerte a la hora de matar: necesitó de dos pinchazos y un descabello.

Y, además, no parece dispuesto a levantar el pie del acelerador. Se comprobó, sin ir más lejos, con ese 5º en su respuesta a un quite anterior de López Simón. Lopecinas templadas, llevando a su enemigo embebido en los vuelos del capote, y un final glorioso de dos medias verónica. La vez que le hemos visto realizar mejor este vistoso quite; no era una bullanguería, era toreo.

Es de suponer que los taurinos están muy al tanto del riesgo, el gran riesgo, de estas confrontaciones de un torero consagrado y un valor nuevo. Resulta una urgente necesidad abrir los carteles, desde luego; pero convendría hacerlo sin que ello se pueda llevar por delante a los más jóvenes. Sin ir más lejos, frente al poderío, la limpieza y hasta la estética de “El Juli”, esta tarde López Simón ha quedado borrado. Se engañaría pensando que ha triunfado porque salió por la puerta grande; en realidad, lo que ha quedado en evidencia hoy son sus carencias y limitaciones, artísticas y técnicas. Si se rebobina la película se puede comprobar.

Si no se asienta y se serena,
si no se aclara las ideas, no resultaría sorprendente que acabe por pesarle la campaña que le han programado. Entre otros aspectos no tan colaterales, porque con la variedad del toreo no se nace, hay que ir madurándola con el tiempo, el que cada torero necesite. Y la varieddad es tan indispensable como la naturalidad. Abusó López Simón hasta la saciedad de la repetición: tres actuaciones idénticas, con los mismos recursos. ¿Cuantos lances a pies juntos, cuantas chicuelinas low cost y cuantos rodillazos a tiempo y a destiempo habremos visto esta tarde? Se pierde la cuenta. En cambio, qué pocas veces dejó López Simón de dar tirones y movimientos violentos a los engaños. Hasta esa concepción un tanto hierática de su toreo vertical, que le encumbró el año pasado, parecía desaparecida, en aras de un toreo llamémosle populista, en busca del aplauso fácil y seguro.

Con un elemento añadido que trabaja en su contra: en este tipo de carteles da tiempo sobrado para comparar directamente la calidad de lo que hace cada uno hasta en los pequeños detalles. ¿Qué tenía ver una chicuelina de mano baja de “El Juli” con ese cambio violento  y embarullado las más de las veces de López Simón? Ya lo dice el refrán: “lo que un huevo a una castaña”.

En cualquier caso, un torero espeso de ideas, sin capacidad de sorpreder con su respuesta a cualquier imprevisto, sin los ribetes de la personalidad que lo puso en órbita, sino mecanicamente repetitivo sin gracia ni donaire. Ojalá todo haya sido cosa de un día en el que le abrumó verse en la puerta de cuadrillas con El Juli, que está siendo mucho Juli; o que todo le salió a contrapie, que en ningún sitio está mandado que de forma necesaria el torero se tenga sentir inspirado cada día así que suenen las 5 de la tarde. Sea lo que se, una cosa es seguro: ha sido todo un aviso, un clarinazo para los navegantes.

Cada cual que lo entienda como quiera, pero las anteriores líneas se escriben en defensa del torero, que tiene unos valores sólidos y que sería una pena que no se acabaran de desarrollar. Confrontarse directamente con otro nuevo, que igualmente tendrá sus propias carencia, tiene un sentido; hacerlo de forma continuada con un torero consagrado reúne muchos elementos negativos. Es cosa de medir la dimensión del riesgo que se quiere asumir. Las apuestas, ya se sabe, se hacen para ganar, pero también pueden perderse.