Lunes, 26 de agosto de 2019
BILBAO. Tercera de las Corridas Generales.
De nuevo Puerta Grande para Diego Urdiales, con un buen toro de Alcurrucen
La corrida de Alcurrucen no ha sido ni brava ni buena. Pero tuvo un toro de excelente comportamiento para el torero; fue el 2º, atendía por "Atrevido" y le correspondió en suerte a Diego Urdiales. Se entendieron ambos a la perfección, aunque el "núñez" castellano no estuvo fino ante el caballo; no fue ello óbice para que el palco ordenara la vuelta al ruedo. Una tarde más se vino a comprobar que Bilbao va relajando paso a paso sus antiguos niveles de exigencias, quizá con la buena voluntad de levantar el ánimo y el ambiente del personal, que sigue siendo renuente a llenar sus tendidos. Sin embargo, a base de buenos voluntades no puede ser poco probable que se encuentre el camino de la recuperación.
Redacción
 

BILBAO. Tercera de las Corridas Generales. Dos tercios de entrada. Seis toros de Alcurrucen (el 5º como sobrero), bien presentados pero de mal juego, salvo el 2º, premiado con la vuelta al ruedo. Morante de la Puebla (de verde botella y oro), bronca y bronca. Diego Urdiales (de rioja solera y oro), dos orejas y ovación. Ginés Marín (de azul celeste y oro), ovación y vuelta. Urdiales salió a hombros por la Puerta Grande.

 

Los gestores de Vista Alegre se empeñan en repetir que esta es “la feria del optimismo”. Quizá sea por eso por lo que anda un poquito relajado el nivel de exigencia que otrora tuvo esta Plaza, y que resulta que fue lo que la hizo el puerto de montaña más importante del verano taurino.  En este miércoles ha sido una tarde más para comprobar el paulatino relajo.

Y así, se le ha dado la vuelta al ruedo a un toro de Alcurrucén que no era para tanto. El tal “Atrevido” tuvo clase ante los engaños, pero mantuvo un comportamiento ante el caballo que desmerecía mucho. Para el torero se trata de un toro excelente; para el ganadero, no tanto. Pues nada, a todo correr don Matías, cada día más dadivoso, sacó raudo y veloz el pañuelo azul. Pues nada, a disfrutarlo en el optimismo.

La corrida de los hermanos Lozano ha quedado muy lejos de las anteriores en esta misma plaza. Un toro no salva una corrida. Los “núñez” de este miércoles han sido decididamente mansos y de muy escaso recorrido ante los engaños, siempre con la cara por la nubes. Pero fuera de ese no tomar las telas, cuando lo hacían no desarrollaban particular peligro; sencillamente, carecían de bravura y de entrega.

Todos disfrutamos con la faena de muleta de Urdiales, un pleno de elegancia, de sabor, de hacer bien las cosas. El riojano hasta ahora no había terminado de cuajar una gran tarde; en Bilbao se ha resarcido. Como todo lo hace con naturalidad, con reposo, sin otra arma que la estricta verdad, el público se le fue entregando hasta acabar identificado con él. La verdad es que cuajó series magníficas, de las que tienen capacidad para levantar al personal de sus asientos. Como además le recetó a este berrendo un espadazo muy razonable, suyas fueron las dos orejas, concedidas de un tirón por el palco, sin necesidad de insistencias populares. Poco pudo ofrecer con el sobrero que se lidió como 5º. Voluntad, decisión… Y a esperar la próxima tarde en Vista Alegre en este fin de semana.

Entró Ginés Marín en el cartel por el lesionado Roca Rey. Dignísima y muy responsable su actuación, que los alcurrucenes no habían puesto fácil. Lleva cuatro meses como matador de toros y afrontar el reto de Bilbao no era fácil; se la jugó con gran serenidad y firmeza. Poco podía hacerse con el manso que le correspondió en primer lugar, al que nunca le perdió la cara ni mucho menos los papeles. Meritoriamente se creció ante el que cerró la tarde, hasta ofrecer una faena de muleta muy estimable por la entereza del torero al realizar las suertes. Deja la puerta abierta para posteriores comparecencias, que no es poco con el material que tuvo delante.

Abría tarde, cartel y expectación José A. Morante de la Puebla. No hubo suerte. Y como es habitual, tiró por la calle de en medio, sin andar dándose coba. El personal le chilló a pleno pulmón; pero ese mismo personal volverá a sacar la entrada cuando de nuevo lo anuncien. Los genios son así, no vamos ahora a descubrirlo.