Viernes, 20 de septiembre de 2019
MADRID: Vigésimo segunda del abono de San Isidro
Nada de particular, pero al menos sobraban los paraguas
La afición esperaba a Álvaro Lorenzo. Dejó sus señas de identidad, pero el triunfo no cabía. (Plaza 1)
Por lo menos el personal no tuvo que abrir sus paraguas ni sus plásticos, aunque durante todo el día en Madrid había sido un ir y venir de las nubes. Y dentro de la mucha humedad que rezumaban los tendidos, se agradece el detalle. En chiqueros esperaba una corrida de las de tercera generación hasta llegar al origen domecq. Todos cinqueños, todos sin clase alguna y con un fondo muy medido. Ideal para hacer imposible el éxito de los toreros: no se comían a nadie, pero eran la antítesis de la emoción. Ni Daniel Luque pudo confirma ante la cátedra que esta de lleno en una segunda etapa, ni David Galván sorprender con su buen sentido del toreo, ni Álvaro Lorenzo volver a demostrar que es uno de los puntales básicos de la nueva generación.
Redacción
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MADRID. Vigésimo segunda del abono de San Isidro. Tarde sin lluvia ni viento. Algo más de media entrada: oficialmente, 14.171 espectadores (59,9% del aforo); a vista de tendido, muchos parecen. Cinco toros de Torrehandilla y Torreherberos (Alberto Morales) y un sobrero (6º bis) de “Virgen María” (Jean Marie Raimond), todos cinqueños,  de correcta presentación, sin clase y de poco juego. Daniel Luque (de habano y oro), ovación tras un aviso  y silencio. David Galván (de grosella y oro), ovación y palmas tras un aviso. Álvaro Lorenzo (de tabaco y oro), silencio tras un aviso y ovación tras un aviso

 

Vuelta a la normalidad, lona incluida, esa que el día anterior no se puso. Pese al día de intermitente lluvia que se vivió en Madrid, el ruedo razonablemente bien, aunque con la huella del agua de diluvios anteriores. Y hasta durante medio festejo nos acompañó el sol. Y aprovechando que el cielo había dejado de estar gris, lo plomizo se traspasó a los corrales. Qué corrida con tan poca clase e interés, en la que sólo uno medio se dejó, eso sí: por un tiempo muy limitado.

 

Para presentar sus toros en la Monumental de la calle de Alcalá, Alberto Morales trajo una corrida cinqueña, con sobrada báscula y con caras ofensivas. Pero las burbujas del champan se las dejaron en la dehesa. No deberá andar satisfecho el criador con el juego que dieron sus toros  ante el caballo, casi todos cortado por el mismo patrón: iban con cierta alegría, pero luego cantaban su baja casta. Para el torero, realmente decepcionantes: el que medio metía la cara, carecía de repetición y empuje; los demás, ni lo uno ni lo otro. El sobrero --que llevaba la feria entrando y saliendo del chiquero-- no quiso dejar en mal lugar a los titulares.

 

Teniendo en cuenta las muy limitadas condiciones del ganado, Daniel Luque sigue teniendo claro cual debe ser su camino, en esta segunda etapa. Lo que ocurre es que el de Gerena venía a por mucho más, como la tarde de los de Pedraza. En ninguno de las ocasiones pudo ser. Atento siempre a su labor como director de lidia --que a veces parece una potestad en desuso--, tan sólo pudo dejar algún que otro chispazo con el capote, con lo bien que lo maneja. Con la muleta acertó a llevar todo lo largo que permitía su enemigo por el pitón derecho, con buena técnica para zafarse de la violencia a partir de la mitad del muletazo. Arriesgadas sus luquecinas finales, previa a media arriba que necesitó de un descabello. Aunque de que se derrumbara definitivamente a mitad de faena, el que hizo 4º no regaló nada por ninguno de los pitones. Lo mató con habilidad. 

 

David Galván, que tiene buen aire, se estrelló en su primer turno con un “domecq” de tercera generación sin acometividad ni viaje. Dejó un torero comienzo de faena, como luego se mostró empeñado, pero a base muletazos de uno en uno, que es lo que admitía el animal. Lo mató por arriba y en la rectitud. Frente al acaballado 5º, el único que llevaba dentro unos goterones de clase; es lo que le permitió dejar un par de series templadas y reunidas sobre la mano derecha. Pero en seguida el animal dijo eso de “ya vale” y  se despejaron las dudas: allí no había para más. Con todo el torero gaditano dejó detalles de interés, con su pellizco y su sal. También a éste lo mató por arriba, aunque la espada quedó algo trasera.

 

Que había mucho interés en volver a Álvaro Lorenzo quedó de manifiesto, cuando la afición presente le sacó a saludar al tercio al concluir el paseíllo, en recuerdo de su puerta grande del domingo de Resurrección. El toledano alcanzó a imponerse a u primero, que no era precisamente cómodo, aunque tuviera unas vetas de nobleza. Por más temple que le echara, que fue mucho, cuando le bajaba la mano el animal perdía pie; pero si no lo hacía, iba a su aire, sin ritmo alguno, haciendo inviable todo atisbo de lucimiento.  Total, que al final nos quedamos sin ver en su verdadero dimensión a uno de los toreros jóvenes con la cabeza mejor amueblada.