Viernes, 22 de noviembre de 2019
MADRID: Vigésimo sexta del abono de San Isidro
Caballos bajo el diluvio
Hermoso de Mendoza bajo el diluvio. (Plaza 1)
La tarde pintaba mal desde por la mañana. Todas las previsiones daban muy altas probabilidades de que por la tarde llovía. Algunas incluso precisaban que, entre otras serían, en el barrio donde se ubican Las Ventas. Y en efecto llovió como si nunca antes lo hubiera hecho. Con el piso de plaza parcheado y con casi todo el papel vendido (el 98%), se decidió tirar hacia adelante con el festejo. Acababan de arrastrar el 2º y comenzó el diluvio. Los rejoneadores decidieron seguir con el festejo y la Presidencia lo dio por bueno, aunque está facultada para hacer lo contrario. Y en ese clima discurrió una corrida de rejones que en otras circunstancias hubiera sido mucho más entretenida, pero resultó un calvario para los espectadores.
Redacción
 Torería de Cayetano, más en Ordóñez que en Rivera
 El cartel de "6 para 6" funcionó poco
 La épica también forma parte del arte del toreo
 Nada de particular, pero al menos sobraban los paraguas

MADRID. Vigésimo sexta del abono de San Isidro. Mientras recomponían el ruedo, el festejo comenzó con 7 minutos de retraso. Casi lleno: 23.181 espectadores (98,1% del aforo). Tarde fría y desapacible; llovió con fuerza a partir del 3º toro, quedando el piso de plaza en malas condiciones. Toros de El Capea --dos con su hierro (5º y 6º) y cuatro con el de Carmen Lorenzo--, reglamentariamente despuntados,  con mucha calidad, en la que la excepción fue el 4º. Pablo Hermoso de Mendoza, silencio y una oreja. Sergio Galán, una oreja y ovación. Lea Vicens, sin poder pronunciarse por el diluvio y una oreja.

 

Una gran corrida de Pedro Gutiérrez Moya, que trajo a Madrid unos murubes con sello de excelencia. Bajó el nivel el 4º, muy suelto siempre; pero Hermoso de Mendoza lo entendió con una lidia tan ajustada que hasta tapó esas carencias. Pero el conjunto resultó de nota alta para el toreo a caballo. Pero como la lidia ecuestre les  exige unos esfuerzos suplementarios, luego se notaronn en su duración; por eso varios, en el tercio final ya dejan ver su agotamiento.

 

En circunstancias normales, es decir: sin el diluvio --baste un dato: como sería que hubo momentos en los que hasta en la Presidencia estaban bajo un paraguas--, la corrida habría lucido mucho más. Pero pese a todo, ofrecieron el triunfo a la terna actuante.

 

A ese 4º, más mansón, lo cuajó con sencillez y naturalidad Hermoso de Mendoza.  No siempre tuvo ocasión de lucir las cualidades de su doma y su toreo, porque había zonas del ruedo impracticables. Pero incluso con lidia más simplificada --que era inevitable--, dejó momentos extraordinarios. Sobre todo montando a “Disparate”, con el que cuajó un gran tercio de banderillas. En cambio, antes de que abrieran los cielos, se mostró más inseguro en su primer turno, en su toreo y a la hora de clavar. Eso podría explicar por qué el toro tropezó tanto a sus caballos. En ambos quizás por necesidad de las circunstancias, el segundo rejón de castigo mermó demasiado a los de Capea.

 

Sergio Galán, que conjuga muy bien la sobriedad que imprimen “Ojeda” o “Embroque” con la espectacularidad de “Amapolo, estuvo muy torero toda la tarde. Con su primero, el animal se vino un tanto abajo mediada la lidia, pero el conquense a base de exponer superó ese hándicap.  Con el 5º se mostró valentísimo, asumiendo todos los riesgos, que también los hay que cuando se aligera la lidia. Iba a por la Puerta Grande, tras la oreja cortada a su primero, pero los aceros de muerte se la cerraron.

 

Lea Vicens tiene en “Bético” su “bálsamo de Fierabrás”: hace subir la temperatura en los tercios de banderillas.  Pero su momento más álgido en esta tarde se vivió con “Jazmín”, en la lidia del 3º, cuando la lluvia estaba a tope. No siempre precisa a la hora de clavar, sin embargo, como los escolares, “progresa adecuadamente” en cuanto se refiere a la lidia. Y además tiene tirón en los tendidos. Así cono en su primer turno el público no tuvo ocasión ni de aplaudirle ---bastante tenían con tratar de ponerse a salvo de la que estaba cayendo--, al que cerró la tarde le cortó una oreja, pese a lo muy trasero del rejón de muerte.

 

Mientras el personal salía a la búsqueda de tomarse algo caliente que le quitara el mal cuerpo, los cuidadores de la plaza comenzaban a trabajar para resolver el problemón del ruedo. Y no era sólo el barrizal, eran además las consecuencias de más de dos horas de caballos removiendo toda la arena en sus carreras. Tarea dura la que les queda por delante, sobre todo si se piensa que este domingo en los chiqueros aguardarán a que sean las 7 de la tarde seis toros de Miura.

 

OTRO SI

Un motivo más para actualizar el Reglamento


Si nos atenemos a las declaraciones de don Justo Polo, al que le ha tocado presidir las dos tardes con diluvio, parece más que deducirse que frente a las inclemencias climatológicas, la decisión de celebrar o no el festejo queda en manos de la terna actuante. Sin embargo, no es eso lo que dice el artículo 85 del vigente Reglamento, tanto sobre la suspensión antes de iniciarse el festejo, como la que pueda producirse en su transcurso. En el primero de los casos, el Reglamento es inconcreto y confuso, como en tantos otros campos que afectan a la potestad presidencial; en el segundo directamente establece que la suspensión es competencia del Presidente. 

 

Como se recordará, el día de Partido de Resina, en la audiencia previa que el Presidente tiene que conceder a los espadas actuantes, hubo acuerdo: no se podía torear. Pero el acta de suspensión dejaba claro que la suspensión la había ordenado la Presidencia, no los toreros. Este sábado también se cumplió el trámite previo de consulta, pero en esta ocasión los rejoneadores manifestaron su voluntad de torear. Y el Presidente desde su Palco confirmó con el pañuelo blanco la cuestión. Luego vino el diluvio que comenzó en el 3º toro. El director de lidia, en este caso: Hermoso de Mendoza, pese a la que ya estaba cayendo decidió lidiar al 4º y sus compañeros consideraron que debían seguir su ejemplo. Pero visto el estado del ruedo y el suplicio al que se sometía a los asistentes, la Presidencia estaba facultada para ordenar la suspensión, pero no lo juzgó pertinente; si nos atenemos al epígrafe 2 del citado artículo 85 del Reglamento, para adoptar esa decisión el Presidente no tiene que realizar consulta previa alguna, es de su exclusiva y única competencia.  Afortunadamente no ocurrió nada grave, pero si hubiera pasado…

 

Resulta evidente que en la normativa vigente se observan al menos dos lagunas en esta cuestión concreta. Una radica en que en este punto el Reglamento comienza estableciendo: Cuando exista o amenace mal tiempo”. Es decir: no hay que esperar a que llueva, basta la amenaza para actuar. Según las previsiones de AEMET en Madrid capital era del 75% la probabilidad de lluvia en el curso del tiempo que dura el festejo. En otras fuentes, incluso la probabilidad era mayor. Como luego se comprobó, ese dato constituía mucho más que una simple “amenaza”, aunque en la taquilla estuviera vendido el 98% del aforo. Pero esa primera línea del epígrafe 1 del referido articulo 85, parece como si no existiera a efectos prácticos. Está claro que se trata de un asunto que necesita de mejoras manifiestas.

 

Y necesita mejoras, además, no sólo por razones de seguridad para los actuantes, que las de este sábado estaban duplicadas: toreros y caballos. Las necesita sobre todo porque el  Reglamento –tan genéricamente presidencialista como es-- se olvidó de atribuir a alguien la defensa de los derechos de los espectadores, cuando en un espectáculo de lujo se les somete a unas inclemencias insoportables como las esta ocasiòn. En ningún lugar se hace la previsión normativa de cómo deben salvaguardarse tales derechos del espectador. Y esa salvaguarda no se soluciona con la devolución del importe de las localidades, previsión que sólo afecta en el caso de suspensión previa: eso se da por obvio. Lo que el Reglamento debiera precisar, dentro de sus muchas generalizaciones, es quién sale como garante de los derechos del espectador en casos como el que se produjo este sábado. En la práctica, están en el desamparo.