Sábado, 24 de agosto de 2019
MADRID: Vigésimo octava del abono de San Isidro
¡Qué cosas tienen los Palcos…!
Octaivo Chacón, torero y muy entregado toda la tarde.(Plaza 1)
En esto hay gente para todo, también hay Presidentes con todo grado de conocimientos y de pericia para dirigir el espectáculo. Pero a veces, ¡qué cosas tienen los palcos…¡. Darle honores de pañuelo azul a un manso y sin clase alguna, como era el que abrió la tarde. Un bochorno, vamos. Si algo bueno tuvo el de Saltillo resultó ser gracias a la buena mano de Octavio Chacón, que estuvo generoso en su trato y muy torero con los engaños. Pero un toro que canta la gallina ante el caballo, que la cantó, por más que acuda a la cabalgadura desde largo, no se le puede considerar un "toro de bandera". Y para más sonrojo resulta el trio de mulillas montó un sainete a la hora de dar la dichosa vuelta. Como para olvidar del todo, salvo por la torería que desparramó Chacón y el valor que le echó Ritter.
Redacción
 Seria y dura corrida de Miura
 Caballos bajo el diluvio
 Torería de Cayetano, más en Ordóñez que en Rivera
 La épica también forma parte del arte del toreo

MADRID. Vigésimo octava del abono de San Isidro. Menos de media entrada: 11.171 espectadores (47,3% del aforo). Toros de Saltillo (José Joaquín Moreno Silva), desiguales de presentación, duros, mansos, muy sueltos y con peligro.  Octavio Chacón (de celeste y oro con remates negros), vuelta al ruedo y ovación. Esaú Fernández (de marino y oro), silencio y pitos tras dos avisos. Sebastián Ritter (de rioja y oro), ovación y silencio tras dos avisos.

Para asombro de los aficionados, el Presidente de turno, don Gonzalo J. de Villa Parro, decidió que se diera la vuelta al ruedo al 1º de la tarde, en un pañuelo azul incompresible e indebido; para colmo el trío de mulillas montó un sainete para darle la vuelta al ruedo.

Destacada actuación de las cuadrillas ante una corrida de tanto riesgo. Mención especial merecen los dos pares valentísimo de Vicente Ruiz al 4º.

 

Todos los toreros salieron por su propio pie. Y eso en las circunstancias de este lunes es muchísimo, porque la corrida de Saltillo era de hule. En lo que va de abono, la peor con enorme diferencia. Una corrida puede ser mansa, eso entra en la lotería de la genética ganadera. Lo que resulta difícil es que se reúnan seis toros a cual más duros, más mansos y más peligrosos,  que eran verdaderamente imposibles para el toreo moderno, como lo hubieran sido para el toreo antiguo.

 

Pero valorado después de ver a los cinco que le siguieron, aún se agranda más la dimensión del error presidencial ordenando que se le diera la vuelta al ruedo al 4º, “Asturdero” de nombre. Con la serie de toros con importancia que han ido saliendo por chiqueros en esta feria, que los honores del pañuelo azul fueran para este saltillo causa verdadero bochorno. Parece como si el usía se hubiera deslumbrado con la larga distancia con la que el animal se arrancaba hasta el caballo; pero luego no advertía lo mansamente que peleaba con el caballo. Salvo porque admitió tres series sobre la mano derecha, el animal era tan manso como los otros cinco que le siguieron

 

Y es que la realidad es que si “Asturdero” lució algo fue gracias al temple y a la decisión de Octavio Chacón, que ofreció una tarde verdaderamente valiosa, como torero y como director de lidia. Pero entre el barullo --incluido el desastroso comportamiento de las mulillas-- y el asombro general por el pañuelo azul, el público se fue enfriando y el Sr. Villa Parro ya no se atrevió a concederle la oreja que el gaditano se había merecido. 

 

Lo cierto es que Chacón ofreció una dimensión que no puede pasar desapercibida. Tiene la lidia en la cabeza y el corazón late con fuerza. Desde que se abrió de capa con su primero, ya quedó claro. Después del generoso trato que dio a “Asturdero” ante el caballo --con el peligro que eso encierra con la afición de Madrid--, muleta en mano dejó tres series sobre la mano derecha largas y templadas. Por abajo era imposible: el saltillo siempre iba con la cara por las nubes, pero tuvieron mucha enjundia. Por el izquierdo ni tocar, que aquello era una ametralladora de dar cornadas. Lo mató con eficacia y lo que iba para la oreja acabó desdichadamente en el pañuelo azul. ¡Qué cosas tienen los Palcos!. 

 

En el segundo turno le correspondió un toro basto y fuera de tipo. Pero si por fuera era feo, por dentro no tenía una sola idea buena. Cantó la gallina a pleno pulmón en la suerte de varas, le hizo pasar las de Caín a los banderilleros y en el último tercio buscaba siempre el pecho del torero, haciendo caso omiso a los engaños. Chacón estuvo hecho un tío para darle la lidia que merecía. Por eso con toda razón sin “haberse puesto bonito” ni una vez, la afición le sacó al tercio con una gran ovación.

 

Si no hubiera sido por el mitin que ofreció con los aceros en el 5º, Esaú Fernández habría pasado desapercibido por Madrid. Salvo ponerse desahogado delante de ambos “saltillos”, que no andaban para bromas, ningún pasaje suyo queda en la memoria. 

 

Muy suelto y sin agobios se le vio siempre al colombiano Sebastián Ritter. Con el material descrito, estaba claro que el lucimiento resultaba inviable. Pero estuvo allí, aguantando los parones y las miradas nada amables de sus dos toros. Decisión, toda. Por eso, salvo advertir los progresos que hace en la profesión, poco más pudo ofrecer en sus dos turnos.