Jueves, 21 de noviembre de 2019
Tercera de la feria de Algeciras
José Tomás sigue en su pleno apogeo, la tarde que Perera se reencontró con su mejor toreo
José Tomás y Miguel A. Perera, en triunfo en la plaza de Las Paloma. (Foto: Pablo Cobos)
Tarde de muchísima expectación, que además resultó brillante. Hasta con un indulto, en nuestro modesto juicio de orden menor. Como si el tiempo no pasara, se volvió a redescubrir en ella el sentimiento singular de José Tomás, que además sigue pisando los mismos terrenos y con la misma firmeza de siempre. Se comprende por qué sus partidarios nunca tienen pereza para peregrinar detrás de él. Pero es que, además, Miguel Ángel Perera le dio una replica rotunda, con el mejor toreo que le hemos visto en lo que va de temporada. No fue esa bobada de una tarde entretenida; resultó ser una gran tarde de toros.
Antonio Petit Caro, con imágenes de Pablo Cobos
 The life I sing about in my songs


ALGECIRAS (Cádiz).- Tercera de feria. Lleno de “No hay billetes”. Tres toros de Nuñez del Cuvillo (1º, 3º y 5º), bien presentados, y tres de Jandilla (2º, 4º, y 6º), justos de estampa; el 4º fue indultado. José Tomás (de verde botella y oro), dos orejas, ovación y vuelta al ruedo. Miguel A. Perera (de teja y oro), una oreja, dos orejas y rabo simbólicos y ovación. Los dos espadas salieron a hombros por la Puerta Grande.

 

llegó el día esperado en el que José Tomás hizo el paseíllo vestido de luces. Un día con un ambiente intenso desde por la mañana. La plaza a reventar, mientras en los tendidos se oían varios idiomas. Con la anochecida ya encima, en la penumbra de la Puerta Grande se dibujaban dos figuras, cada uno con su aire y con su estilo, que salían en triunfo.
 

A José Tomás se le vio como si el tiempo no pasara, en este segunda etapa tan singular como grandiosa, en la que tan sólo torea cuando es una necesidad del alma. A Miguel A. Perera se le ha visto como a muchos nos gustaría verle todas las tardes, con esa muleta tan poderosa que quebranta a los toros, que los domina a golpe de temple y de muñeca, sin conocer desmayo.

Por la peculiaridad del cartel, dos hierros distintos en los chiqueros. Los bien presentados, que eran los de Cuvillo, no dieron el juego esperable, incluso uno de ellos —el 5º— no tenia ni tipo de embestir. Los de Jandilla, mas terciados, en cambio de tres dieron en la diana dos. ¿El 4º era tanto como para el indulto? Sinceramente, no; no era eso que se conocer como “un toro de vacas”. Como el público es soberano y la autoridad a veces es menos autoridad, todo acabó en el pañuelo naranja. Dicho todo lo cual, quede constancia de lo muy manejable que resultó el que abría la tarde, del razonable son del 2º —con deseos de rajarse— y de la calidad, luego sobredimensionada, del referido 4º. Sin raza ni clase el 3º, pendiente siempre de quedarse fuera de juego, muy parejo con el comportamiento del 6º. El 5º, en fin, no se sabía muy bien por qué había caído por allí; su suerte fue que cayó en las manos de un incontestable torero.
  

 

 
El personal entró de inmediato en materia, porque José Tomás le formó un lío con el capote al que abría la función. Lances a pies junto que tenían profundidad, rara avis. Con la muleta el de Galapagar explicó por qué mantiene intacta su vitola de genio. Series que iban siendo cada vez más lentas, más profundas, conforme iba avanzando. Sobre la mano derecha hubo auténticos monumentos al temple. Luego la espada, aunque realizó bien la suerte, quedó rinconera y algo trasera, lo cual no impidió que se le concediera el doble trofeo.
 

Pasado el trámite del 3º, que eso y no otra cosa resultó el triste cuvillo, José Tomás se creció de forma poco previsible frente al 5º, que aunque pareciera que no, tenia su guasa. Literalmente arriesgó el torero a mayores, con una reunión y una firmeza dignas de elogio. De paso, sometido al animal por abajo, acabo pareciendo incluso menos complicado. Pero en cuanto hizo había mucha verdad. Luego no hubo suerte con los aceros y pese a que se demoró se le obligó a dar la vuelta al ruedo. Muy convencido de lo que había hecho debía estar el torero para darse ese paseo, al que habitualmente en tan reacio.
 


  
No era fácil el compromiso que había adquirido Perera al anunciarse en este mano a mano. José Tomás eclipsa, pero también ofrece la oportunidad de reunir a esa elite de la afición que peregrina detrás el de Galapagar. Y Perera no dejó pasar la ocasión: toreó como muy pocas tardes se le ha visto en lo que va de temporada. Qué sentido del temple, qué forma de bajarle la mano a los toros, qué sentido de hacerlo todo en una loseta…
 

En el toro indultado no se cansó de torear, pero sobre todo de torear bien, con un ritmo magnífico, con toda la largura que le permitía el brazo, sin un sólo tirón con los engaños. Mas que por las condiciones excepcionales del toro —que era muy bueno, pero no excepcional, entre otras cosas porque por el pitón izquierdo tendía a rajarse—, el indulto llegó por las buenas manos de Perera.
 

¿Y a partir de ahora qué?. Es lo que nos preguntábamos todos al salir de Las Palomas. ¿Para donde hay que sacar billete a la llamada de José Tomás? Pues a lo mejor ni el torero lo sabe, ni siquiera lo ha pensado. Lo seguro es que cuando llegue tal día, la ciudad elegida volverá a tener un ambiente de toros “como los de toda la vida”, que es lo que hoy más se echa en falta en el arte del toreo.