Sábado, 31 de octubre de 2020
La rivalidad durante 10 tardes de Luis Miguel y Ordóñez
1959: de aquel verano peligroso...
Luis Miguel y Ordoñez, junto a Hemingway (Archivo del autor)
La rivalidad entre Antonio Ordóñez y Luis Miguel inspiró una de los últimos libros de Hemingway. Aquel enfrentamiento entre cuñados fue sangriento y real. El escritor norteamericano primero publico por capítulo su relato en la revista "Life", para luego convertirse en un libro que aún tiene vigencia. Como detalla con acierto en su artículo @ardelmoral, los cuñados volvieron a torear junto, por deseo de Dominguín padre, que quería saldar las tensiones que se daban en ambos toreros. Pero aquel verano del 59 no fue un simple montaje comercial: constituyo una rivalidad verdadera, de la que el rondeño salió con tres cornadas y Luis con dos.
Álvaro R. del Moral, El Correo de Andalucía
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1959 marcó el fin de una época en el toreo. Pero no fue, ni mucho menos, un año indiferente. Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín se encontraban en distintos puntos kilométricos de sus carreras mientras el toreo se preparaba para una nueva década, la llamada Edad de Platino, que vería emerger otros colosos. Pero los dioses se resistían a entregar sus cetros. Luis Miguel había sido el último paladín que inquietó a Manolete, aquel torero para olvidar una guerra. Pero en 1947 faltaban pocos años para que eclosionara una figura histórica, la de Antonio Ordóñez, que al final de los 50 ya había alcanzado su plenitud.

 

El diestro rondeño había entrado en la órbita de la casa Dominguín por la vía del apoderamiento. Esa cercanía favoreció el noviazgo y posterior boda con Carmen, la hermana de Luis Miguel e hija del viejo Domingo Dominguín, el genial taurino de Quismondo que cimentó la saga. Antonio se casó en la finca de Luis Miguel en 1953 pero con los años, la relación entre los dos cuñados distaba de ser idílica --eran dos gallos imponentes en el mismo corral-- y el apoderamiento se rompió en 1956, volviendo Ordóñez al redil de Camará.

 

Fue en ese caldo de cultivo cuando se gestó el brevísimo maridaje profesional que pudo comenzar en oportunismo y acabó en competencia. El viejo Dominguín, en su lecho de muerte, quiso arreglar el distanciamiento entre los cuñados e hizo prometer a su hijo Luis Miguel que volvería a alternar con Antonio. El patriarca falleció al declinar la temporada y al alborear la de 1959 se anunció que Ordóñez y Dominguín iban a torear juntos -de nuevo bajo el paraguas de la casa- aunque, muerto el padre, sería Dominguito hijo el encargado de organizar la temporada. 

 

El llamado “verano peligroso” en realidad se limitó a diez corridas de toros en las que Ordóñez y Dominguín alternaron con toreros como Pepe Luis Vázquez --que había reaparecido fugazmente ese mismo año--, Bienvenida, Ostos, Mondeño o Gregorio Sánchez. Pero las chispas saltaron especialmente en los mano a mano que se programaron en las plazas de Valencia, Málaga, Ciudad Real y Bayona. No hubo trampa ni cartón: Antonio cayó herido en Aranjuez, Palma de Mallorca y Dax. Su cuñado Luis Miguel recibiría las heridas más graves en Málaga y Bilbao.

 

Algunas firmas quisieron rebajar --y aún discuten-- la verdadera tensión de aquel enfrentamiento entre cuñados, queriendo ver un mero y rentable alarde publicitario urdido en los despachos de los dominguines. No fue así. Alfonso Ordóñez Araújo, testigo privilegiado de aquel tiempo irrepetible, lo desmiente rotundamente: “el verano peligroso existió; prueba de ellos es que ambos cayeron heridos tres veces”, sentencia el prestigioso banderillero que en 1959 aún permanecía en las filas de los novilleros. 

 

Alfonso recuerda nítidamente el mano a mano de Ciudad Real. “Aquello fue tremendo”, rememora. “Luis Miguel estuvo muy bien, pero lo de Antonio fue otra cosa”. Aquel día se produjo, además, una de las anécdotas más pintorescas del año. A Hemingway le acompañaba en su particular séquito un jugador de beísbol llamado Hotchner al que Ordóñez llegó a vestir de torero para el paseíllo. El bateador yanky no osó salir del callejón aunque Juan de la Palma, socarrón, le ofreció un par de banderillas que por poco le provoca un desmayo.

 

Después de torear en Ciudad Real, recuerda Alfonso, cenaron en el Rana Verde de Aranjuez. Luis Miguel, renqueante de una lesión, dudaba de viajar a Bilbao, pero al ver entrar a su cuñado --que le había oído-- en el mismo restaurante tronó que estaría en el Bocho. “Ese día se llevó la cornada en el vientre llevando el toro al caballo”, evoca el veterano lidiador. 

 

Pero el Verano Peligroso no había acabado... Luis Miguel había cumplido su promesa y volvería a coincidir con Antonio en algunos carteles de la temporada del 60, pero con la muerte del viejo Dominguín aquello tenía los días contados. El apoderamiento se rompió y Luis Miguel se retiró del toreo aquel año. No volvieron a torear juntos.

 

Los trabajos originales de Álvaro R. del Moral, cronista de “El Correo de Andalucía”, se publican en su blogs “Con la tarde colgada a un hombro”, al que se puede acceder a través de nuestra sección “8 opiniones 10” y en las direcciones electrónicas:

http://blogs.elcorreoweb.es/latardecolgadaaunhombro/

http://elcorreoweb.es/toros/

 

Documentación 

La tarde de Bilbao 

 

Como muy buen detalla Álvaro R. Del Moral en este arículo, un momento importante de aquel “verano peligroso” fue en el ruedo de Bilbao, La fecha, el viernes 21 de agosto, la sexta corrida del abono, con los tendidos llenos hasta la bandera: 12.164 espectadores de pago. Luís Miguel ‑‑de negro y oro‑‑, Antonio Ordóñez ‑‑de calabaza y plata‑‑y Jaime Ostos ‑‑de negro y oro‑‑frente a seis toros portugueses de Palha. Tarde apoteósica para el maestro de Ronda, que corto 3 orejas.

 

Pero tarde también en la que la rivalidad ‑‑y la mala suerte de tropezar con el caballo del picador-- llevó a Luís Miguel hasta el quirófano, con una grave cornada, inferida por el cuarto de la tarde.

 

"Para los que estuvieron en Bilbao ‑‑escribió Hermingway‑‑ ya no había rivalidad. La cuestión quedó zanjada. Solo podía revivírsela técnicamente. Podía revivírsela en el papel, o para hacer dinero, o para explotar al publico suramericano".

 

Y es que el de Ronda saldó aquella tarde bilbaína cortando con tres orejas. Fue tanto y tan bueno su toreo,  que el siempre prudente “Tabaco y Oro” dejó escrito en La Gaceta del Norte: “¿Cuándo volveremos a ver torear –torear, que es algo tan distinto de lo que hacen los terremotos de un día--  así? Casi seguro que, solamente, cuando Ordoñez se abra de capa en su primer toro del próximo agosto”.